La vida no se mide en minutos se mide en momentos.
A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.

jueves, 30 de mayo de 2013

Mil palabras

Siempre se ha comentado que una imagen vale más que mil palabras, sin embargo a la vista de los hechos no estoy nada de acuerdo con esa afirmación.
Antes de nada debo decir que me ha costado mucho decidirme a escribir estas palabras. Difíciles. Complicadas porque son recuerdos de un Rubén en los infiernos.
Estoy escuchando la canción "A real hero" de College. Y recomiendo a cualquiera que lea esta entrada de mi blog que la busque por Youtube y se la ponga mientras lee todo esto.

Hace dos o tres meses que tengo esta foto en mi perfil de Whatsapp. Al poco de ponerla algunos mensajes me extrañaron. ¡Rubén que guapo estas! Me decían algunas personas. Claro, yo que soy muy vanidoso no podía más que sonreír y decir gracias. Un mes más tarde la metí en mi cuenta de Facebook y más gente me dijo, ¡Rubén que guapo estas! Y me volvió a extrañar sobremanera. ¡Vamos, que soy yo! ¡Rubencito! La gente debe estar loquita perdida me dije. Hace una semana la puse como foto de mi perfil en dicha red social y más halagos por parte de muchas personas. ¿El mundo se ha vuelto loco?
Y hace un par de días pensé en escribir la historia de esta foto. Dudaba porque como digo no es una historia demasiado alegre, quizá los peores instantes de mi vida. Puede que el peor momento de todos los que la componen.
Deteniéndome un poco en la fotografía parece que estoy contento, con sonrisa seductora, y puede que detrás de esas gafas de sol tuviera una mirada picara. Quizá mi hermano, que es a quien debemos dar las gracias por esta instantánea, puso todo su empeño en la fotografía. Quizá el sol en ese preciso instante brilló por unos segundos entre tormenta y tormenta.
Para describir esta imagen primero tengo que contar la intrahistoria de ésta y por lo tanto tengo que retroceder tres días.
El 5 de Diciembre me fui a La Manga del Mar Menor. Necesitaba estar sólo, desconectado del mundo. Nada más que el mar, la soledad y yo. Me daba miedo estar allí porque la última vez que vi el Mediterráneo desde ese lugar, ocho años atrás, había ido con ella. Temía una debacle interior, tenía auténtico pavor por lo que pudiera sentir. Pero creí que sería la mejor forma de evadirme de todo lo que me rodeaba en Madrid.
No fue fácil llegar por la noche y asomarme a la playa. Ver la luna y respirar el aire marino me trajo mi momento nostálgico y no pude resistirme. Pensé en ella. Su vida estaría igual de jodida que la mía, supongo, pero por distintos motivos. Justo era el aniversario de la muerte de su madre. Mirando la luna apostado junto al mar la escribí un mensaje. "Cuando nació el Sol y su hermana la Luna su madre murió. El Sol le ofreció a la Tierra el cuerpo de su madre del cual surgió la vida y de su pecho extrajo las estrellas y las lanzó hacia el cielo nocturno en memoria de su espíritu. Dedicado a tu madre, almu". Al poco me contesto con un simple gracias. Yo rompí a llorar y un escalofrío recorrió mi cuerpo. El viento que se había levantado hacia estragos y subi a casa. Me pase la noche viendo vídeos de Parkour para no pensar en nada. No quería que los recuerdos se abalanzarán sobre mi, no quería pensar en nada más que en mi ilusión por realizar saltos imposibles y piruetas extrañas.
Tuve un sueño realmente triste esa noche, lo recuerdo porque una vez más la volví a escribir al despertar. La insoportable sensación de tener que escribirla aún me mortificaba. Y ella me contestó con un mensaje neutro. Peor que cualquier bordería, peor que cualquier insulto. Ahuyenté de mi mente toda clase de preguntas y decidí salir a hacer la compra. Mi hermano y su chica venían para hacerme compañía. Cuando supe que venían, un par de semanas antes me dieron la noticia, pensé que prefería estar sólo. Después de esa primera noche agradecí que estuvieran allí, a mi lado. Escuchando mis sensaciones, mis pensamientos, mis realidades.
A la mañana siguiente al despertar puse la tele. Una película me enganchó. Un chico agobiado por todo y por todos, después de graduarse en la universidad, aparca todo y se escapa a vivir su aventura. Quiere llegar a Alaska. Vivir en esa parte del mundo donde sólo lo que tienes en tu interior vale. Quema todo su dinero y se embarca en ese viaje sin mirar atrás. Ese chico se llamaba Christopher McCandless y existió de verdad. Cuando volví de la Manga leí su historia. Vivió su sueño y también murió por él. Esa mañana quise ser ese chico, tener el valor de abandonar todo y largarme muy lejos. Pero me di cuenta que por muy lejos que huyera mis pensamientos serían mi equipaje más incómodo y que vendrían conmigo fuera donde fuera.
La mañana siguiente era la de la foto. Ese día no tuve tiempo de pensar cuando me desperté. Enseguida me puse a recoger mis cosas y empaquetar todo para volver a Madrid. Por la tarde tenía que trabajar e iba con prisa. Al terminar de bajar las cosas, Dani sacó su cámara y empezó a echar fotos. Y yo hice un poco el tonto haciendo poses. De ahí viene esa foto. Un momento de respiro y alegría que pronto se tornaría en tristeza infinita.
Al salir de la Manga un sentimiento de melancolía se echó sobre mi. No controlé mis sentimientos y me puse a llorar de nuevo. Sólo, en el coche, lloraba amargamente. De pronto algo sucedió. Algo inesperado. Un perrito abandonado de repente cruzó por la carretera...y lo atropellé. Paré unos metros más adelante y lloré desconsoladamente. Una llorera tremenda. Jamás había hecho daño a ningún ser vivo y en ese instante maté a un animalito. Me sentía la peor persona del planeta. Un ser humano horrible. Quizá lloré allí parado en el arcén durante una hora. Me obligué a continuar el camino pese a que sólo me apetecía quedarme en medio de la nada llorando por mi vida y por ese perrito que en mal momento se cruzó en mi camino.
Al llegar al trabajo, aún impactado por la muerte del animal, la volví a escribir. Le dije que la necesitaba como amiga. Quería contarle lo sucedido pero su contestación me dejo más sobrecogido aún. Me decía que como amiga su consejo era que buscara a otra gente. Ella ya no estaba en mi vida. Ella se había ido para siempre.
Ese día estuve ausente del trabajo. Mis chicas se dieron cuenta y me preguntaron pero yo esquivé su interés diciendo que todo estaba bien. Un constipado que me tenía los ojos algo llorosos fue la excusa que dije.
Pasé un mes horrible, sinceramente. Pero al final me di cuenta de que las personas entran y salen de nuestras vidas y que no hay que aferrarse demasiado a ellas. Mi pensamiento era que ella estaría allí para siempre y es duro y complicado darse cuenta que la realidad es más cruel. Todo mi romanticismo se ha evaporado me da a mi. Desaparecido en combate se podría decir. Disperso en la atmósfera como el aliento al respirar.
Me gustan los parques de atracciones porque todo es felicidad y alegría. La gente disfruta. No hay peleas. No hay desavenencias. Es el país de las maravillas y el de nunca jamás juntos. Y viví mi vida pensando de esa forma. Que siempre estaría en un lugar así. Y pese a que siempre están las montañas rusas que te hacen sentir un cosquilleo en el estómago con sus bajadas y subidas repentinas, cuando acabas el viaje siempre quieres repetir. Nunca pensé que la vida no fuera de esa forma, pero la cruda realidad es que los meses de Noviembre y Diciembre estuve en otro lugar. En el infierno.
Afortunadamente eso pasó, queda muy atrás. Ahora lo recuerdo distante, lejano. Y con la canción de College de fondo quizá mi forma de verlo sea algo triste y melancólica. ¿Y por qué entonces tengo esa foto os preguntareis? Porque como dice la letra sólo soy un ser humano. Un ser humano muy real.

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