La vida no se mide en minutos se mide en momentos.
A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.

domingo, 28 de julio de 2013

La paradoja de D'Alembert y la Motown

D'Alembert era un matemático francés del siglo XVIII.
Lo conozco por dos motivos. Debido a su solución de la ecuación de ondas y por la paradoja a la que llegó en sus estudios sobre la resistencia al avance de un cuerpo rodeado por un fluido ya sea éste líquido o gas, es decir, agua o aire.
Matemáticamente concluyó que cualquier objeto seguiría en constante movimiento eternamente. Un barco podría navegar sin que ningún tipo de resistencia le afectase ya que según las matemáticas y sus ecuaciones, la resultante de la fuerza que se oponía al avance le daba cero. Obviamente la experiencia decía lo contrario, de ahí la paradoja.
D'Alembert no tuvo en cuenta varios factores como el efecto de capa límite y el efecto Magnus.
Hoy es un día de esos en los que me encuentro en mi barco, pensando en ese matemático francés mientras estoy detenido en medio del océano. La resistencia no me deja proseguir con mi rumbo. Hoy no. La viscosidad del agua se opone al movimiento de avance. Despliego el velamen pero no hay manera. Calma chicha.
Detenido en medio de la cubierta miro a babor, nada. Por estribor el mismo panorama. Estoy sólo y parado. El 28 de Julio de 2013 es el día más triste. Todo está tan quieto que hasta escucho mis propios pensamientos. ¡Jodido D'Alembert!¡Jodido Bernoulli!¡Jodida hidrodinámica!
¿Qué puedo hacer?¿Qué podría hacerme más amena la espera hasta que el movimiento vuelva?
Esas preguntas me las he hecho en el coche de camino a casa. Y lo único que se me ha ocurrido es poner música. He elegido un disco. Uno que me traía recuerdos de mi niñez.
Mi padre tenía un bar en el Paseo de la Castellana. Al lado del Corte Inglés. Era un sitio que recuerdo bastante chulo. Había una gran pantalla en la que ponía vídeos musicales y una pequeña pista de baile culminada con una bola de espejos, como las de las discotecas de finales de los años 70 y principios de los 80. Altavoces potentes. Y de fondo la música de la Motown. Lionel Richie, Steve Wonder, Diana Ross y las Supremes, Marvin Gaye.....
Recuerdos de un niño feliz, de un niño jugando en la pequeña pista de baile con sus hermanos, de un niño soñador y muy risueño. Esos recuerdos me han hecho sonreír. Y cuando de pronto ha sonado "My girl" me he puesto a cantar. ¿Qué mejor manera de pasar este día de inmovilidad forzada que cantando?
My girl es una canción compuesta por Smokey Robinson, vicepresidente de la Motown, y que The Temptations llevaron al número uno. Pero yo no he escuchado esta noche esa versión sino la que hizo un jovencísimo Michael Jackson. Y junto a él me he puesto a cantar. Siguiendo su ritmo con los brazos y bailando como si fuera de nuevo ese niño de hace 25 años. Durante el trayecto a mi casa, unos 20 minutos, la he repetido una y otra vez. Sonriendo en un día de resistencia total al avance. Un día tan triste que no he podido resistir el soltar alguna lágrima ahora que escribo estas líneas.
Y antes de dormir la escucharé una vez más, para soñar con la esperanza de encontrar a mi chica. Esa que me haga cantar la canción de nuevo pero en vez de con mirada melancólica con una sonrisa en la cara sabiendo que de verdad existe.
I've got sunshine on a cloudy day,
When it's cold outside I've got the month of May,
I guess you'd say
What can make me feel this way?
My girl, my girl, my girl
Talking about my girl.

jueves, 25 de julio de 2013

Success

Pain is not a bad thing.
El éxito no es una cosa sencilla. Sino cualquiera podría lograrlo.
Hay que seguir luchando para conseguirlo, con dolor y esfuerzo. Con perseverancia.
Siempre una repetición más que la anterior serie. Siempre con la mente puesta en mejorar.
No pain, no gain.
Si puedes superar ese dolor, si puedes dejarlo atrás, al otro lado estará esperándote el éxito.
Let's try to be more.
Más fuerza, más vitalidad, más perfección, más control.
Mi cuerpo debe ser una máquina. Mi cuerpo debe ser potente. Mi cuerpo debe obedecer a mi mente.
Visualizar y realizar.
Eso es todo. Determinación.
No es un camino fácil. No, no lo es. Pero si me rindo ahora nunca sabré hasta donde puedo llegar.

Frankenstein o el moderno Prometeo

Este es el título de la novela de terror de Mary Shelley.
Mi primer contacto con Frankenstein lo tuve al ver la película de Gonzalo Suárez, Remando al viento. Cuenta como Shelley ideó al personaje a raíz de un concurso literario entre su marido, Percy B. Shelley, Lord Byron y Polidori.
Víctor Frankenstein es un médico que quiere por todos los medios crear vida a partir de la muerte a través de la electricidad. Este concepto que en el siglo XIX empezaba a despuntar siguió interesando a los científicos de media Europa hasta que los soviéticos en la década de los 40 y 50, del XX, crearon sus monstruosos experimentos con perros, que pueden verse en Youtube sin demasiada búsqueda.
Intentar igualar a los hombres con los dioses es lo que llevó a Prometeo a ser castigado por Zeus. El titán robó el fuego para ofrecérselo a los mortales y que así pudieran calentarse. Esto enfureció a Zeus, el cual mandó una serie de castigos al pobre inmortal.
Víctor, el médico de la novela de Shelley, desafía a los dioses nuevamente. Junta partes muertas de distintas personas, las cose y forma un cuerpo al que pretende dar vida descargando electricidad sobre él y así reanimar su corazón inerte. La cosa sale mal, evidentemente. Es una historia de terror.
Venía en la coche después de trabajar y pensaba en ello. Me gustaría ser el doctor Víctor Frankenstein. ¿Por qué coño sale este con esta tontería a estas horas de la noche? Os preguntaréis.
Muy sencillo. En unos meses he conocido a varias chicas. Todas ellas encantadoras. Todas ellas realmente adorables. Sin embargo siempre busqué algún pero en todas ellas. Pequeños defectillos. Detalles tontos que hicieron que no me lanzara a tumba abierta y con los ojos cerrados en pos de una aventura de cuento entre princesa y noble caballero.
Que si tiene poco tiempo, que si está muy lejos, que si es muy alta, que si es demasiado visceral, que si es culé, que si es abogada, que si es un poco mayor que yo, que si es una yogurina, que si tiene hijos, que si está casada.....en fin, lo que vienen a ser unos detalles sin importancia.....
Una amiga me dijo que buscaba toda clase de excusas porque no estaba preparado para una relación e inconscientemente yo ponía trabas a cualquier posible romance. Curiosa teoría.
Otra podría ser que aún no ha llegado esa mujer que de un sólo vistazo me quite la respiración. Me gusta pensar en esta posibilidad, sinceramente. Es la más esperanzadora de todas.
Porque la siguiente es devastadora. No existe ninguna mujer como la que deseas. Esta opinión fue suscrita por otra amiga que decía que mis expectativas no eran reales. Un pensamiento demasiado triste para una mente ya de por sí demasiado melancólica como la mía. Idea desechada por completo.
Así que conduciendo, hace apenas un par de horas, me he dicho. ¡Joder, quiero ser Victor Frankenstein!
Me encantaría coger cada cosa que me gusta de cada una de las chicas que he conocido y así hacerme con mi mujer ideal. Las piernas de esa, la mirada de la otra, la sonrisa de la de allí, la sinceridad de la de aquí, la inteligencia de la de más allá, el corazón de esta, el culo de aquella, la forma de hablar de la señorita x, la ganas de viajar de la chica y, la personalidad de la mujer z.......
¿Habrá alguien que reúna la mayoría de las cualidades que busco en una mujer?
¿Tengo el listón demasiado alto y soy irreal?
Y la pregunta más terrorífica de todas, una pregunta que haría palidecer a la mismísima Mary Shelley. ¿Será que aún no estoy preparado? Escalofriante.





sábado, 20 de julio de 2013

Una tarde de viernes

Año 2015....por poner una fecha.....
Es viernes y a la señorita X no le apetece hacer nada. Esta cansada por el trabajo y la semana agotadora. Al llegar a casa el chico X le saluda con beso, como cada día. Él tiene preparada una ensalada de pasta para comer. Cuando terminan a ella le apetece quedarse adormilada en el sofá mientras él ve un documental en la tele. Uno de esos que tanto le gustan sobre historia y misterios. De vez en cuando el chico X mira a la señorita X de reojo. Ella duerme placenteramente con la cabeza apoyada en el brazo del sofá y los pies sobre el cuerpo de él. Tiene ganas de acariciarla pero no quiere que se despierte y muy suavemente recorre parte de la pierna de ella con su mano. Esta encantadoramente bella durmiendo. Parece un ángel. Al rato ella se despierta y lo primero que ve al abrir los ojos es el rostro de él. Y sonríe. Se alegra de tenerle a su lado. Pero lo que más le gusta es que él desea estar ahí, junto a ella, y en ningún otro lugar del mundo. 
El observa que ella se ha despertado de su siesta y le dice que si le apetece dar una vuelta pero al mismo tiempo que lo pregunta se abalanza a darla un beso y se quedan tumbados ambos. Acariciandose el brazo, escuchando sus respiraciones. Sintiendo el latido del corazón con cada bocanada de aire. Y cogidos de la mano permanecen así un buen rato. Sin hablar, sin estropear ese bonito momento con ninguna palabra que estaría de más en ese preciso instante. 
Al cabo de un rato sus miradas de nuevo se encuentran y sonríen. Ella le besa a él en la mejilla y le susurra algo al oído. Él asiente y responde algo al oído de ella. Y de paso le mordisquea el lóbulo. Ella siente como el pelo se le eriza y le aprieta la mano más fuerte. El baja de la oreja al mentón y le pega otro pequeño mordisquito. Ella no aguanta más y lo besa con pasión. Un beso que a él le causa una excitación evidente. Segundos después ambos se desnudan. Él admira el cuerpo de ella, lo acaricia con devoción. Sabiendo que esos pechos le pertenecen, que sólo él podrá besarlos eternamente, que sólo él los lamerá cada vez que desee. Roza el vientre de ella con la mano, sintiendo su suave piel y deseando cada vez más fundirse con su cuerpo. Ella, a su vez, lo mira a él. Observa su mirada. Le atrae el deseo de sus ojos. Ella sabe que él esta loco por ella y eso le da mucho poder. Y a ella le encanta ejercer esa fuerza sobre él. Le gusta el control que posee porque nunca ningún hombre sintió nada parecido por ella. Ningún ser humano deseará tenerme en sus brazos como él, piensa. Y eso la pone. La pone mucho. 
El baja hacia abajo. Lame su cuerpo entero. Se detiene unos minutos metiendo la lengua en la vagina. Jugando con el clítoris. Escuchando los gemidos de placer de ella. De pronto y sin previo aviso ella le dice, me toca a mi. Y le empieza a lamer el pene erecto. El tiembla por la excitación. Grita. Gime. Siente. 
Ella se pone sobre él. Introduce el pene y sube y baja acompasadamente. Y al correrse ambos una lágrima baja por la mejilla de él. Una lágrima de alegría. Ha sentido un placer inmenso. Ha sentido el amor en estado puro. 
Y acaricia el pelo de ella mientras dice un par de palabras. Las susurra. Muy bajito. Pero ella las escucha y contesta con las mismas dos palabras. 
La señorita X y el chico X están enamorados. Un amor sin caducidad, para siempre. Hasta que el mundo se extinga y no quedé nada en el universo. Eternamente unidos. 
Unos minutos más tarde ella se separa unos centímetros de él, le mira y sonriendo dice. ¿Qué hay de ese paseo?¿Te apetece?
El contesta, ¡por supuesto!
Y ella se levanta del sofá y desaparece tras la puerta del salón mientras él mira su precioso culo y se dice. ¡Dios, cuanto amo a esta mujer!

martes, 16 de julio de 2013

Cumpleaños

16 de julio de 1945. En el desierto de Nuevo México se va a llevar a cabo un experimento realmente devastador. Unos meses antes Einstein leyendo unas notas de unos colegas físicos se dio cuenta de algo importante, mediante la fisión nuclear se podrían conseguir grandes cantidades de energía. Escribió al presidente Franklin D. Roosevelt contándole las posibilidades que este hecho suponía. Así surgió el proyecto Manhattan. El desarrollo de la bomba atómica. Y ese día de Julio se iba a poner a prueba todo lo que sobre el papel parecía una simple explosión de andar por casa. Sin embargo, todo fue más grande de lo esperado. Incluso Oppenheimer, el físico encargado de aquel loco proyecto, al ver la magnitud de la explosión dijo que el hombre había perdido su inocencia. Sus palabras exactas fueron "ahora me he convertido en muerte, destructora de mundos". Ya nada en el planeta volvería a ser igual. La prueba Trinity, dentro del proyecto Manhattan del 16 de Julio de 1945 puso una mirada de miedo en los hombres. Ese día todos los que estaban en Alamogordo, Nuevo México, creyeron en la posible devastación del planeta.
16 de julio de 1969. Aldrin, Armstrong y Collins se adentran en el módulo de mando del Apolo XI. Al traspasar la puerta y cerrarse herméticamente, los tres astronautas solo tienen en mente una cosa. Llegar a la Luna. Ese día las miradas de medio mundo estaban puestas en las pantallas de los televisores viendo imagenes en blanco y negro de Cabo Cañaveral, observando a los técnicos poniendo a punto cada detalle para que todo saliera según lo previsto. Ese día las radios aportaban notas informativas cada hora sobre las últimas noticias del despegue del hombre hacia la conquista del espacio. Cuatro días más tarde Armstrong pronunciaba su frase más famosa al pisar suelo lunar. Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad. El lanzamiento del Apollo XI el 16 de julio de 1969 fue un hito en la historia de la civilización. El mundo, sin ninguna duda, sería de otra forma sin ese avance.
16 de Julio de 1977. En Madrid hace un calor tremendo, como siempre. Y en una clínica de la calle Eduardo Dato una mujer esta a punto de dar a luz. Mi madre. A las 6 de la mañana doy mi primera bocanada de aire. Lloro y pataleo como si no quisiera estar allí. En aquella sala escucho mis primeras voces sin reconocerlas. Seguramente el médico diciendo a mi madre que todo había salido perfecto. La enfermera ayudando a cortar el cordón umbilical. Mi única unión con la realidad. Después soledad. Mis primeras horas, como las de cualquier bebe recién nacido, las paso sólo. En una sala tétrica de por sí. Una decena de bebés en sus cunas. Cada bebe sólo ante ese mundo desconocido y misterioso.
Este 16 de Julio no tiene tanta trascendencia como los otros que he narrado pero para mi es igual de importante. Una vida se abre paso, una nueva historia que contar. El futuro puede ser prometedor, todo esta en el aire.
Muchos 16 de Julio pasaron desde entonces. Y nunca me gustó este día. Pero pese a ello siempre intenté poner buena cara.
Como aquel en el que mi hermana me despertó con una cerilla en una magdalena cantándome el cumpleaños feliz. Bonito pero triste, era un año mayor. O como aquel otro en el que yo de adolescente me levanté de la mesa del restaurante en el que estábamos porque mi madre quiso que una orquesta cantara para mi. Vergüenza y tristeza sentí en ese instante. O ese otro en el que mi novia se fue de viaje y me quedé sólo. Despertando un día tan importante como este sin nadie que me besara, sin nadie que me diera los buenos días. Doblemente triste.
Pero recalcaré un día 16 muy especial. El día que cumplí los 18. Pero antes de ir a Julio de 1995 me detendré en la noche antes de fin de año del 94. Esa noche, sentado en el mismo sofá en el que me encuentro ahora escribí por primera vez. Fue la versión anterior de mi blog. Me planteé hacer un cuaderno con mis pensamientos. Leyéndolo se ve a un Rubén prácticamente como el de ahora. Quizá más parco en palabras, puede que no se expresara de la mejor forma. Pero los sueños de entonces siguen siendo los sueños de ahora. Hablo de lo que para mi es la esencia de la vida, descubrir, aprender, observar, pasear. Viajar, en una palabra.
Tendrían que pasar siete meses para que volviera a escribir algo. El día de mi decimoctavo cumpleaños. La incertidumbre sobre el futuro es lo que me rondaba por la cabeza. Y otro de mis sueños, estar en el mundo del cine.
Han pasado exactamente 18 años desde entonces. Y la rueda de la vida ha girado 360 grados. Mirando con perspectiva me puedo sentir orgulloso porque ambos sueños los he cumplido o al menos lo he intendado. Durante un par de años intenté entrar en la escuela de cine, quedándome a las puertas. Y he recorrido un sinfín de lugares y rincones del planeta. He viajado y observado el mundo, he recorrido las calles de decenas de ciudades, he visto lugares donde la historia de la humanidad cambió por completo.
Sin embargo ahora me encuentro donde estaba hace 18 años. Sólo. Con la única compañía de la música que pongo al escribir. Mirada triste. Melancólica. Buscando nuevos retos o quizá actualizando los antiguos. Mi deseo de hacer películas se ha transformado en contar historias. Viajar sigue estando ahí, en el horizonte. Volver a lugares ya visitados y observarlos con una mirada distinta, que por mucho que me empeñe en negarme a ello será más madura e incluso menos inocente. Ver la puesta de sol en otras ciudades y preguntarme si volverá a salir o si el tiempo se detendrá para que pueda disfrutar eternamente de una noche romántica con la mujer soñada. El ser padre y enseñar a mi niña que la vida no sólo es tristeza. Que papi ha sido un estúpido por ser así.
Ese día que cumplí 18 años hice una cosa que me da vergüenza confesar. Me hace ser más estúpido aún. Me fui con la bici por el campo. Y busqué la colina más alta de los alrededores. La subí pedaleando y al llegar arriba, extenuado, grité al cielo. Fue un grito atronador. Una mezcla entre el aullido de un lobo y el rugido de un león. El cachorro que se ha hecho mayor, ha crecido y se ha convertido en un fiero animal que dice aquí estoy, preparado para la lucha. ¡Pelearé por mis sueños!
Un día pensé que daría mi alma por ser inmortal, alguien como Connor Macleod. El escocés. Así los cumpleaños dejarían de ser lo que son, días más o menos excepcionales.
Para alguien como yo, con mi personalidad, es inevitable ponerme triste en un día como este. Al fín y al cabo no quiero envejecer, no deseo perder la inocencia con la que veo el mundo y a las personas.
Hoy me gustaría rugir como entonces. Irme al lugar más alto, desde donde pueda dominar todo el horizonte, y exclamar ¡sigo aquí y lucharé hasta la muerte! Un grito fuerte y potente que llegue bien lejos. Quizá lo haga, así que no os asustéis si oís un alarido en la distancia.
Go dté tú an céad!
Go maire tú!
"Tuve un sueño que no fue un sueño. El sol se había extinguido, las estrellas vagaban a oscuras en el espacio eterno. Sin luz y sin rumbo y la helada tierra oscilaba ciega y negra en el cielo sin luna. Llegó el alba y pasó y llegó de nuevo sin traer el día". Lord Byron.



viernes, 5 de julio de 2013

¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?

El miércoles a eso de la una de la mañana estaba en la puerta observando la terraza.
La noche estaba perfecta para tomar algo y la gente se divertía y reia. Una buena noche de verano en  Madrid.
Un chico joven, de mi edad, se me acerca y me pregunta...
- ¿En la terraza cobráis más caro?¿no?
- No mucho más que en la barra, y la noche esta genial. Siéntate y ya te llevo lo que quieras. ¿Qué vas a tomar?
- Una cervecita.
- Muy bien, ahora te la llevo.
El tío pasa al servicio y le dejo la cerveza en una mesa al azar. Una mesa que curiosamente esta al lado de otra en la que hay tres chicos, dos mujeres y un hombre.
Al salir del servicio coje la carta y me pregunta....
- ¿Está abierta la cocina?
- Aún estas a tiempo, ¿tienes hambre?
Se queda unos instantes mirando lo que tenemos y posa su mirada en el jamón.
- ¡Qué buena pinta tiene!
- ¿Quieres un bocadillo con un poquito de tomate?
- Perfecto. ¡Gracias!
Le preparo el bocadillo y al llevárselo me fijo en algo que me llama la atención. Él esta mirando descaradamente a una de las chicas de la mesa de al lado, una colombiana bastante mona. Y me llamó la atención porque el tío no se cortó ni un pelo.  No disimulaba para nada. Directamente la mirada sobre la chica sin apartarla más que para decirme....
- Gracias socio.
¿Socio? En fin, me voy para dentro y paso un rato hablando con las chicas. Al poco le digo a Annie....
- Echa un vistazo fuera, porfa.
Vuelve sonriendo y me comenta lo mismo que vi yo antes.
- Oh, oh. (Una expresión de ella) ¡Ha surgido el amor ahí fuera!
- Jajajajajaja. ¡Ya lo vi antes! El tío no hacia más que mirarla.
- Y ella, Rubén. Ella no le quita el ojo tampoco.
- ¡Pero si es súper feo!
Estamos ya recogiendo por dentro, y veo pasar al servicio al chico. Muy bueno el bocata socio, me dice. ¡Y dale con el socio otra vez!
A los dos segundos entra ella. Muy guapa, con unos pantaloncitos cortos y una camiseta. ¿Qué coño verá esta en el tío ese?
Salgo a limpiar la barra un poco y veo algo que sólo lo puedo calificar como extraño. El chico esta asomado a la puerta del baño de las tías. ¡Le está dando el teléfono!
Hago un gesto negativo con la cabeza. De incomprensión. ¡Pero si es feo y tiene tripa!
Les veo salir disimuladamente al poco. Primero uno y luego el otro. Nosotros nos reímos. Estamos flipando, claro.
Miro mi reloj. La 1:40. Bueno, ya casi es la hora. Salgo a ver si alguien quiere algo más. Una ronda para la mesa de los tres amigos, y una cerveza más para mi "socio".
Él sigue mirándola pero ahora juega también con el móvil, se mandan mensajitos de una mesa a la otra. Alucinante. ¿He dicho ya que era feo? Y con lo de feo quiero decir que yo me considero más guapo, claro está.
Las 2:15. Ya estamos limpiando todo por dentro pero en la terraza aún hay tres mesas. Y mientras hago la caja y sumo facturas vuelve a suceder. Esta vez entra ella primero y él la sigue a los pocos segundos. Y se meten los dos en el servicio de las chicas. Adela, curiosa camarera, se acerca para echar un vistazo. ¡Se están morreando!
Vuelvo a hacer ese gesto de incomprensión y estoy por entrar y decirla, ¡pero no ves que es feo!¡mirale bien por favor!
Al final de la noche el chico se va por su lado y los tres amigos por otro. Y esta historia no serviría más que para echar unas risas sino fuera por un detalle.
Jueves, a las 8:30 de la tarde de ayer.
La colombiana entra al bar. Más arreglada que el día anterior. Preciosa. Aunque las chicas me dicen que no exagere. Así que reculo y digo, vale dejemoslo en guapa.
Se pide un vino y sale a la terraza, se la ve nerviosa y mirando el móvil cada tres segundos.
Y al rato no podía creer lo que vi. Mi "socio" aparece en escena. Vestido igual que el día anterior. Igual de feo, la noche no confunde. ¡Es feo de día también!
Paga la chica su vino y desaparecen.
Y a mi me dejan pensando en algo tremendo. ¿Por qué a otros les resulta tan fácil ligar y para mi es un mundo?¿Por qué ese va a echar un polvo y yo dormiré abrazado a mi almohada?
Vuelvo a hacer mi gesto de incredulidad.
¡Pero si es que es feo!

lunes, 1 de julio de 2013

Cuento de Navidad....en verano

Ayer me encontraba en la cama. Tumbado a la 1:00 de la noche con la única luz de la pantalla del iPad iluminando la habitación. Y una pregunta rondaba una y otra vez por mi cabeza. ¿Y ahora qué?
Cansado ya de no obtener respuesta busqué un audio en ivoox, algo que hiciera que me evadiera de mis pensamientos por un instante.
Elegí un corte de un programa que me suele gustar y puse el temporizador para que se apagara a los 15 minutos, justo el tiempo necesario para quedarme dormido.
Al poco de estar dormido me giré inconscientemente. Sentía como si alguien me observara y no tuve más remedio que abrir los ojos. Y allí estaba, sentado en la silla que tenía frente a la cama. Al principio pensé que era parte del sueño pero cuando me dijo, buenas noches Rubén ¿qué tal estas?, me dio tal susto que casi me muero de un ataque al corazón. La visión intentó calmarme. No te preocupes, no te haré nada. Tranquilízate. Me decía. Pero aún así, tardé un momento en recobrar mi respiración habitual. El personaje en si no tenía nada especial. Era un hombre de unos 40, y vestía unos vaqueros y una camisa. Y fue al fijarme detenidamente en su cara cuando lo reconocí. Era el portero de mi anterior casa.
- Hola Rubén, vengo a enseñarte algo. Ven conmigo.
- ¿Qué ocurre? ¿Cómo has entrado?
- No te preocupes Rubén, no nos llevará mucho tiempo.
Al rato me encontraba como observando todo desde las alturas. Y lo más extraño. Estaba viéndome el día que me fui de mi casa, recogiendo las pocas cosas que me llevé el último día que estuve en el que una vez fue mi hogar.
Metía cosas en unas bolsas. Recogía un par de libros que necesitaba. Deambulaba por la casa deteniendo mi mirada en cada recoveco, en un último intento de rememorar cada momento de alegría que pasé allí. Me vi bajando las bolsas al coche y volviendo a subir para echar un último vistazo a todo. E instantes antes de abandonar mi casa vi como me sentaba en el sofá con la mirada perdida. Y de pronto lloré. No recordaba que hubiera pasado así. Pero ahí estaba yo, sentado y llorando durante unos minutos. Y de pronto me levanté y dije en alto y con la voz algo entrecortada. ¡Volveré!¡Volveré!
- ¿Por qué estoy viendo todo esto ahora?
- Soy el fantasma del pasado. Te muestro como estabas hace unos meses.
La visión me señaló hacia abajo con la mirada. Y observé que ahora conducía, me dirigía a casa de mis padres. Un lugar conocido, en teoría. Era de noche ya, la oscuridad se abalanzaba sobre mi. Y me paré en un centro comercial. Necesitaba comprar al abono transporte. No supe encontrar el estanco pese a haber crecido allí. Andaba perdido. Salí a la calle y pregunté. Mi mente no estaba donde debía estar. Con los ojos llorosos seguía las indicaciones de la gente.
Y al llegar a la casa donde pasé mi infancia no la reconocí. Me dio un agobio tremendo. Yo veía todo eso ahora, desde la perspectiva de la altura y del tiempo. Miré mi rostro descompuesto. Escuché mi voz diciendo que no tenía ganas de cenar. Me observé poniéndome el pijama y metiéndome en la cama en la que no había estado en 10 años.
No resistí esa presión y al día siguiente me fui a Pamplona a ver a mi hermano.
De pronto volvía a estar en mi cama, la visión ya no estaba pero escuchaba de fondo en un susurro unas palabras.....piensa en ello Rubén, piensa en ello.....
Conseguí dormirme pese a que todo aquello me asustó muchísimo.
En un momento indeterminado de la noche tuve sed. Estaba sediento y fui al servicio a beber un poco de agua. Con los ojos cerrados tanteé el grifo. Bebí. Y antes de volver a la habitación escuché una voz femenina.
- Hola Rubén, vengo a enseñarte algo.
Di un respingo, quizá incluso solté un pequeño grito. No recuerdo bien.
- ¿Quien cojones eres?
- Soy el fantasma del presente. Ven conmigo, deja que te muestre algo.
Conseguí enfocar la vista en ese espectro. No parecía un fantasma al uso. De hecho ojalá todos fueran como ella. Era una mujer de unos 30. Era la rubia que iba por mi trabajo, esa que llevo tanto tiempo viendo y que jamás me atreví a decir nada.
Con un chasquido de sus dedos me llevó hasta un lugar. No lo reconocí. Allí había alguien, una mujer intuí pero no la veía bien la cara, la visión estaba borrosa. Leía algo en voz alta. Y eso si que me sonaba. Era un fragmento de una entrada de mi blog. Su voz sonaba triste, quizá melancólica. Puede que soñadora.
Con otro chasquido de dedos, el espectro y yo dejamos a aquella voz y me trasladó a un lugar en el que he pasado muchas horas. Estaba tumbado, en el suelo. Intentando hacer abdominales sin conseguir levantarme. Una lágrima corría por mi mejilla. Uno de tantos de esos bajones que me han dado en los últimos meses. Este que observaba ahora ocurrió este mismo viernes.
Miré al fantasma, y su mirada, cálida y tierna, no se apartó de la imagen mía en el suelo secándome las lágrimas con la mano. Y solamente dijo, Rubén tu momento no ha llegado aún, no te desanimes.
Esas palabras se repetían una y otra vez al darme cuenta que ya estaba en la cama de nuevo. ¿Qué estaba pasando?¿Era todo un sueño?
Con estas preguntas me quedé traspuesto. En una especie de vigilia extraña, donde no sabia si aún seguía despierto o si estaba dormido.
Y alguien tocó mi hombro. Rubén, Rubén, Rubén. ¡Despierta! Con un zarpazo al aire que traspasó a esa nueva visión le di la bienvenida al nuevo fantasma. Esta vez un niño. Irreconocible para mi.
- Hola Rubén, soy el que te va a enseñar el futuro.
- ¿Por qué a ti no te reconozco?
- Porque aún no he entrado en tu vida.
Me cogió de la mano y me llevó muy alto. Tanto que no veía nada. La Tierra era un punto minúsculo en la oscuridad.
- ¿Que se supone que tengo que ver?
- Tu futuro.
- Pero no veo nada.
- Claro. Tu futuro sólo lo escribes tu, Rubén. Ni siquiera yo puedo enseñártelo. Nada está decidido aún.
El despertador del teléfono sonó a las 8:00 de esta mañana. Y sentado sobre la cama he empezado a recordar este cuento de Navidad tan singular en el que yo era Scrooge y me visitaban los fantasmas del pasado, presente y futuro.
¿Fue real o un simple sueño?