La vida no se mide en minutos se mide en momentos.
A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.

jueves, 27 de abril de 2017

Día 61: Pintando sentimientos.

De pie, le miro desafiante. Él, impoluto, me devuelve la mirada. Me desafía en toda su amplitud. De pronto le doy la espalda, cierro los ojos y suspiro. Tengo que ser valiente, me digo. Debo enfrentarme a ello o jamás podré mirarme a un espejo con la absoluta certeza de saber quién es el que observa desde el otro lado. 
Vuelvo a girarme para toparme de nuevo con el abismo. El lienzo en blanco me conmina a dar el primer brochazo, un trazo inicial con el que soltar la timidez que a todos nos surge ante la inquisitiva mirada de nuestra alma. ¿Seré capaz de pintar mis sentimientos? 

Elijo un pincel, mango fino y suave. Pelo sintético, de punta redonda. Elección, sin duda, causada por esa vergüenza del comienzo de todo trabajo. Los trazos serán leves, casi como andando de puntillas ante la virginidad y pureza del lienzo. Miro la paleta, ¿qué color sería el más adecuado?

Detengo mis ojos unos instantes ante la variedad de tonalidades. ¿Cuál combina mejor con la soledad? Elijo un marrón oscuro porque me viene a la mente el color de un tronco de árbol muerto y abandonado. Dejado a su suerte en medio de un campo yermo y cuyo aislamiento causó el triste desenlace. Hago una línea en diagonal, de arriba a abajo. Descendiendo hasta los infiernos. Una recta que se corta de pronto, abruptamente, cuando me digo...¡basta ya de tanta nostalgia, pasemos al siguiente sentimiento!

Llevo el pequeño pincel al vaso, lleno de productos de limpieza que el amable muchacho de la tienda me aconsejó utilizar. Dejo que el marrón se vaya, llevando lejos la temida soledad. Mientras, vuelvo mi curiosa mirada hacia la ventana que proyecta la clarificadora luz sobre el cuadro dándome la solución del próximo color y sentimiento. 
Azul cian claro, tonalidad del cielo por el que alguna nube camina lentamente. La esperanza se merece ese azul. Quizá le elección más evidente, nuestros antepasados ya miraban hacia arriba con ilusión y optimismo. La esperanza no es más que la creencia, más o menos ciega, en que todo cambiará.
Cojo el pincel y embadurno su pelo de ese cian y hago líneas que cortan a la soledad, multitud de ellas  de derecha a izquierda y de izquierda a derecha. 

No, no seré tan previsible. Cuando uno habla de la pasión lo asocia directamente al rojo. Pero como digo, no me dejaré llevar por los convencionalismos. Para pintar la pasión me decido por el amarillo lima, muy cercano al verde sin llegar a serlo completamente. Es algo obvio para el que haya paseado entre los muchos jardines de limoneros que pueblan la costa italiana cercana a Nápoles. Ese fuerte olor embriaga los sentidos y hace que sucumbas ante los encantos de los susurros de Afrodita. Haz el amor, aquí y ahora. Y yo, yo no puedo más que hacerla caso y liberar toda mi pasión y lanzar gemidos que retumban entre los árboles llenos de limas y limones. 
En esta ocasión cojo un pincel de un trazo más grueso, y hago líneas discontinuas sin ningún sentido aparente. La pasión no tiene reglas, tan solo suelto todo ese delirio desatado lleno de arrebatos y frenesí. 

Me recuesto en el suelo, observo cómo va quedando todo ese batiburrillo de colores y siento rabia. ¿Por qué nadie se atreve a compartir esa pintura conmigo? ¿No hay nadie con el valor suficiente para sentir? ¿En serio?
Me levanto furioso, abro un bote en el que pone negro humo y sumerjo la primera brocha con la que me topo. Dibujo una equis bien grande, ¿de qué sirve contar, pintar o escribir sentimientos si nadie se arriesga y los comparte conmigo?

Apoyado en la pared opuesta al lienzo agacho la cabeza, de pronto tiro la brocha negro humo más allá de la puerta de la habitación en la que me he propuesto dejar vacía mi alma. ¡No! Grito. ¡No puede ser! Mascullo entre dientes. Tiene que existir, susurro tirado en el suelo frente a un cuadro inacabado. 
Cojo una paletina, un pincel bastante ancho. ¿De qué color es el amor? ¿Cuántas personas se habrán hecho esta misteriosa pregunta?
Lo tengo claro, son todos a la vez. Acaricio el pelo suave del pincel y me decido, por fin, a pintar el amor. Azul, amarillo, rojo, naranja, violeta, verde...
Los trazos son hacia todas direcciones llenando mi lienzo de un color indefinido, de un loco arcoiris en el que de repente aparece un amarillo verdoso o un azul botella, un púrpura,  un naranja pomelo o rojo atardecer.
Para acabar sacudo la brocha con fuerza dejando que millones de gotas rocien el cuadro. Ahora sí, el amor lo salpica todo, esta esparcido por cada rincón de esa tabla llena de sentimientos. 

Con mis ropas llenas de colores y mi corazón bombeando hacia fuera todas esas sensaciones que se negaban a salir, agarradas fuertemente a mis entrañas, como la mano de un niño se aferra a la de la madre el primer día de cole, examino mi obra. No está a la altura de un Van Gogh o un Matisse, ni tan siquiera tiene una milésima parte de un Renoir, pero es mía y solo mía. Mi alma. Admirenla al pasar, es lo más valioso que poseo y lo único que puedo ofrecer. 





martes, 25 de abril de 2017

Día 60: La lucha del amor en un sueño.

Polifilo se acuesta, cierra los ojos e intenta dormir. Está inquieto, intranquilo. Algo que turba su mente le mantiene en vilo hasta que, presa del cansancio cae dormido. La causa de tal nerviosismo y preocupación no podía ser otra que una bella dama. Polia le ha rechazado. 

Parece que fuera ayer, sin embargo ya han pasado más de diez años. El tiempo camina rápido, sin duda. Hace algo más de una década estaba sentado en el salón de mi casa, intentaba descargarme un libro antiguo a través de una señal pirata de internet que cogia de vete tú a saber qué forma. Cuando abrí las primeras páginas de la "Hypnerotomachia" me quedé atónito ante los grabados. Formas, personajes y edificios mantuvieron mi interés durante tardes enteras intentando descifrar su misterioso significado. El sueño de Polifilo, como se conoce el libro en castellano, se convirtió en el mío propio. 

Anoche tecleé un nombre en YouTube. Estaba en la cama, intentaba coger el sueño y por alguna extraña conexión sináptica de mi mente, surgió de pronto y sin previo aviso. Hombre lobo. 
El primer canal, la primera persona o los primeros vídeos que tengo el conocimiento de haber seguido de una manera más o menos continúa en el tiempo son los de él. Un tipo que, por motivos de trabajo, viajaba mucho y por infinidad de lugares. Se dedicaba a hacer vídeos cortos, cámara en mano, de todo cuanto veía. 
Lo descubrí en mi etapa de búsqueda de información sobre ese viaje que nunca llegó, mi deseo de ir a Japón y más concretamente a Tokio. (Si me tiraseis de la lengua y tuviera que precisar más aún, lo que quería era visitar el parque de Disney de aquella ciudad)
Pues como digo, anoche me acerqué de nuevo a su canal después de varios años sin atreverme a ver vídeo alguno suyo. Me alegré al comprobar que aún seguía subiendo material y durante una hora pinché, uno tras otro, alguno de sus últimos vídeos. Un viaje a Singapur.

Polifilo sueña al quedar dormido. Dentro de esa ensoñación va en busca de su amor, Polia. En cierto momento de ese primer sueño se queda a su vez dormido. Y es así como, rizando el rizo de lo onírico, sueña que está soñando. 
Durante las decenas de páginas que dura su historia, se narran las aventuras que le suceden al perseguir su anhelo. Su aspiración, lo único que le importa, es conseguir que ella le ame como él siempre lo ha hecho. 
Y como sueño que es, ella al final cede al amor cortés. Polia le ama, o más bien tiene ilusiones eróticas con el bueno de Polifilo. A lo largo de este tramo de la historia surge lo que los psiquiatras llaman el síndrome de Clerambault, más comúnmente llamado erotomania. 
Ella desea que él la ame y esa creencia hace que ella le quiera a su vez, un maldito trabalenguas del amor. 

Al despertar esta mañana, mientras el agua caliente de la ducha despejaba mi mente, me he hecho una pregunta. ¿Cuánto costará ir a Singapur? Media hora después, entre estación y estación de un metro lleno de gente he dado con la respuesta. Pero algo me ha inquietado de la misma forma en la que la mente de Polifilo se sentía atormentada al principio de la historia. ¿Número de pasajeros?

Tras una serie de vicisitudes Polifilo y Polia están en el altar. Cupido y Venus han movido sus hilos y el culebrón parece que llega a buen término. Finalmente, ambos tortolitos se casarán. Es probable que si fuera un peli de Disney y las notas de Alan Menken amenizaran los títulos de crédito finales, la historia se quedase aquí con el mítico y sorprendente ...and they lived happily ever after. No obstante, estamos en la Edad Media y no hay rastro del susodicho romanticismo "made in Disney" por ningún lado. 
En el altar, cuando él va a abrazar por fin a su amada, ella desaparece como azucarillo en el café y Polifilo despierta de su sueño. 

Hace más de una década, cuando me topé con esta historia, no le di importancia. El argumento pasó a un segundo plano ante los preciosos grabados. Años después, esta mañana, Polifilo ha venido extrañamente a mi al intentar responder eso que la web de Airfrance me preguntaba. ¿Número de pasajeros? 
Ya sabéis cómo soy yo, jamás pondría un uno en esa casilla. Pero, ¿qué conlleva ese dos? ¿Soñar eternamente? ¿Despertar abrazando humo? 
Afortunadamente, escribo estas líneas cuando le Edad Media dejó paso a varias otras edades más, etapas de diferente calado romántico en su seno. Y aunque, hoy en día el romanticismo está en claro retroceso ante el pragmatismo prefiero ser de aquellos que dicen que, si crees en los sueños estos acaban por cumplirse.
De todas formas, no podría subir a un avión solo...¿a quién daría el coñazo durante el vuelo? 
Así que, muy probablemente, esta noche me meta en la cama y piense en esa frase que he leído alguna que otra vez. No duermas para descansar, duerme para soñar. 
Puede que, como Polifilo, en ese momento de caer rendido sobre la mullida almohada, ya esté soñando que sueño. 

jueves, 20 de abril de 2017

Día 59: Breve historia de unas manos.

Oye tú. Si tú, no mires a otro lado. ¿Me darás la mano? ¿Serás capaz de no soltarla jamás? ¿Por muy alto que subamos o aunque descendamos a los infiernos?¿Tendré tu mano cerca cuando el sendero que recorramos se empine?¿Y en la cama, será tu mano la que acaricie mi piel?¿Recorrerá los miles de lunares que, diseminados por todo mi cuerpo, serpetean hasta mi corazón?

¿Qué pasará cuando te enfades por alguna estupidez que haya hecho?¿Seguiremos cogidos de la mano? Esa unión de ambas palmas, ¿será incondicional? 

Sabes que mi mano es sincera, acaricia llevada por el alma cuyas órdenes son ejecutadas por el corazón. ¿Qué hará la tuya si te ofrezco la mía?¿Irá rápida y veloz a su encuentro o se lo pensará y tímidamente estudiará una manera de entrelazar dedos sin parecer que es lo que deseas? 

Tengo el presentimiento de que tu mano y la mía se gustan. Es un simple pálpito, una corazonada si lo prefieres. De hecho, ahora la miro. Observo mis dedos. El más gordo es cabezota y no quiere soltar prenda. El índice solo apunta a una dirección, ¿será donde tengo que buscarte? El medio mira para otro lado como queriendo despistarme. El anular es mudito, interroga con la mirada a los demás y le conminan a seguir el pacto de silencio. ¡Ay, si no fuera por el pequeñito! El más valiente de todos me susurra al oído que echa de menos tu mano. No solo eso, me confiesa. Los cinco estamos coladitos por los de ella. ¡Averigua dónde está! Encuéntrala y tráela aquí para que podamos abrazarnos, me sugiere el pequeñín. 

En el fondo, yo entiendo ese capricho. El abrazo de dos manos enamoradas es una de las cosas más bellas del planeta. En sus muchas vertientes. De lado. Dedos entrelazados. Meñique con meñique. Uniendo las puntas de los dedos. O simplemente, palma de él sobre palma de ella. Ya lo dibujó Miguel Ángel en los techos de la Capilla Sixtina, en esa bóveda dos manos se buscan. Esa unión transfiere toda la energía de un cuerpo al otro. Un vínculo íntimo, en el que los latidos de un corazón se sienten en el del otro. 

Por eso yo me pregunto en esta tarde primaveral, ¿será tu mano capaz de aguantar la mía?¿será la mía capaz de sostener la tuya? 

Con los ojos abiertos y la mirada perdida en el horizonte, veo nuestras manos unidas recorriendo miles de lugares. Fotos aún no realizadas de ellas sobre el Empire State, navegando por el Sena, de paseo por el Vaticano para contemplar esas primeras manos que desencadenaron todo, bajo las cataratas del Niagara mojándose divertidas, en una terraza refrescándose el gaznate, juntas en una montaña rusa gritando por el vértigo... Instantaneas soñadas, imágenes idealizadas de momentos robados a un tiempo que aún ni existe. Todas ellas reunidas en un álbum en cuya portada se lee algo escrito por la mano de él, acompañado de un corazón dibujado por la de ella. 

lunes, 17 de abril de 2017

Día 58: Sueños compartidos.

"Dos desconocidos...tumbados uno junto al otro escuchando música.  Boca abajo y mirándose. Sin decir nada. Solo miradas nerviosas. Muy juntos. Sintiendo el latido rápido del corazón transmitiendose a través de la arena mojada.
Ella, con un suave movimiento, se acerca un poco más y él...él pone sus labios sobre los de ella sintiendo su sabor, mordisqueando los labios, jugando con su lengua...deliciosamente perfecto. Unos instantes después se separan únicamente para poder mirar sus ojos respectivamente. Ambos traviesos, entornados por el sol de un agosto que se acaba. De nuevo juntan sus labios fundiéndose en un beso salado y eterno.
¿Se podría añadir algo más a la sublime sensación de un beso en una playa a una preciosa desconocida?
Después de besarse un rato...él, cogiendo la mano de ella, la levanta suavemente y sin decir palabra alguna la lleva hacia el mar. Caminando se miran, observan cada movimiento del otro...ella sonríe nerviosa, el mira sus ojos embelesado. Cuando la costa ya se ve lejos se sientan sobre el fondo de un mar poco profundo. Uno frente al otro sonrien y acarician su piel húmeda, se vuelven a besar, abrazándose esta vez, acariciando ella la espalda de él. A lo que el responde, en un ataque de locura, quitandose el bañador y tumbadose completamente. Ella, poniéndose sobre él de manera que nadie pueda ver su ereccion, se aparta un poco la braguita del bikini e introduce el pene dentro de ella sintiendo todo su calor. Las pequeñas olas mueven sus cuerpos y así, en una mar en calma, pasan los minutos lentamente...siendo una sola alma y un solo cuerpo."
Sueños al atardecer.

Esto lo escribí hace un año y medio en un post de mi perfil de Facebook. Fue una tarde en la que, sólo, admiraba el mar y su movimiento ondulatorio. No podía concentrarme en el libro que paseaba cada tarde a la playa y cogí el móvil.

Recuerdo que imaginé a esa chica, la vi claramente en mi ensoñación. A mi lado, me sonreía tímidamente. Vi sus facciones, el color de sus ojos, su larga melena.

Cualquiera que mirase desde otro lugar no hubiera visto más que a un chico, yo, sentado en la toalla mirando a un horizonte lleno de pequeñas barquitas amarradas al fondo poco profundo del Mar Menor. Sin embargo, yo la observaba a ella. Claramente. Sin ningún género de dudas, ella estaba allí. En mi mente. En mi corazón.

Hace año y medio vi su rostro en una especie de epifanía, una clarividencia totalmente fantasmal.
Su mano tocaba mi cuerpo. Sus dedos paseaban por mi brazo, desde el hombro hasta la mano, haciendo pequeños dibujos en mi piel.
Veía mover sus labios, decían mi nombre. Ru, dame la mano.

Mis dedos, entrelazados a los suyos. Mi mano llevando la suya tímidamente hacia el mar. Sus uñas acariciaban el dorso de mi mano, mientras yo la susurraba...sígueme. Ella, por supuesto, así lo hizo y lentamente andamos hacia las profundidades de un mar de un leve calado, sutil.

Aquella tarde me ha venido hoy a la memoria al tiempo que miraba el sol bajar poco a poco sobre el horizonte. Una tarde especial, esa en la que el amor de mi vida se me apareció ante mi. Mi alma la pudo contemplar pese a la ceguera visual causada por un sol de finales de agosto, enrojecido  y llameante.

Tecleaba la escena en el móvil, deseando publicarla en mi perfil de Facebook por si ella, fuera quien fuese, reconocía por algún casual, haberse topado en sueños con la misma ilusión óptica. Nosotros caminando hacia el sol, unidos por nuestras manos y bañados por las sombras de los rayos del astro rey.
¿Quien lo vería? Amigos de amigos de amigos de amigos...soñaba que ella estuviera entre ese montón de gente.

Nadie, en cualquier caso, me hizo saber que había soñado lo mismo que yo. Ninguna chica dijo, Ru era yo esa chica que te besó sentados uno frente al otro en medio de aquel cálido mar. Nadie en año y medio me ha confesado que compartió ese sueño conmigo. Y esta tarde, haciendo una foto de mi pie sobre el sol, intentando caminar sobre las estrellas, he pensado...¿Y si ella no puede acceder a mi perfil? ¿Y si no está entre esos amigos de amigos de amigos de amigos? ¿Y si lo estaba y no pudo leerlo porque se encontraba de vacaciones? ¿Y si por algún hecho fortuito perdió ese día el móvil y no pudo entrar a la red social para dar a los "me gusta" de turno?

Se me han ocurrido un sinfín de posibilidades para que ella, la chica que se tumbó sobre mi cuerpo desnudo fundiéndonos en una sola alma, no hubiera podido reconocerse en ese embriagador y lujurioso sueño de verano. Así que poco después de contemplar la foto de mi pie al lado del sol me he dicho...Joder Rubén, se más ambicioso y no te quedes solo en el Facebook. ¡Lanza tu sueño al mundo entero!

Así que aquí me hallo, en mitad de la noche recordando un sueño de hace año y medio. Una visión de un ángel venido del mismísimo cielo, una chica de rostro tan claro para mi corazón como oscuro para el resto del mundo que no mirase con los ojos de mi alma.

Ojalá tenga más suerte en esta ocasión. Espero que la indiscutible globalización de este planeta, haga que estas palabras lleguen a los ojos de esa chica y pueda reconocer mi sueño, nuestro sueño compartido. Ese en el que ambos andamos, cogidos de la mano, hacia el sol para fundir nuestros cuerpos en uno solo, y buscandome me diga...Ru, soy yo. Por fin nos volvemos a encontrar, y está vez no es un sueño.

domingo, 16 de abril de 2017

Día 57: La ubicuidad del amor.

Deseo respirar, sentir y ver, escuchar y por supuesto paladear el sabor del amor.
En mi mundo, en ese en el que deseo vivir, el amor tiene el don de la ubicuidad.

No pienso claudicar ante esa idea. Por eso, hace un par de minutos, siguiendo los pasos que dio Dorothy antes que yo, he juntado tres veces mis talones y he deseado que algo mágico suceda.

Amor, ven en mi búsqueda. He repetido la primera vez. Encuéntrame esté donde esté, es lo que he dicho la segunda. Y, finalmete, abraza mi alma.

Mis zapatillas no son mágicas como lo fueron los zapatos de Dorothy, en realidad son las sandalias de la playa. Pero mi fe en el amor puede con esa minucia. No en vano, el amor es omnipresente. Ubicuo. Esta en el aire que respiramos.

martes, 11 de abril de 2017

Dia 56: Romeo, Julieta y el corazón de cristal.

Creo que hoy es un día perfecto para hablar de esta historia. El sol y el sonido de las olas lo envuelve todo, y hace que las palabras fluyan sobre el teclado suavemente.

Este relato comienza de una manera un tanto peculiar, diríase que hasta surrealista. Hace unas semanas un paquete llegó a mi casa, su envoltorio marrón apagado no tenía escrito remitente alguno. Tan solo unas palabras...Para Rubén, el cuentacuentos. ¿Quién lo enviaría? Me pregunté intrigado, nadie sabe donde me escondo.

Al abrirlo comprobé que era una pequeña cajita con una serie de viejas cartas en su interior. Todas escritas por la misma mano y firmadas con una pomposa erre al final de cada misiva.

"El día que vi a Julieta por primera vez había luna llena. Para alguien atento a los pequeños detalles como yo, eso significaba que los de ahí arriba estaban de nuestro lado. Selene, la bella diosa lunar se alegraba de nuestro encuentro dándonos toda su luz. Así pude comprobar que su rostro, el de Julieta, era el más espectacular de cuantos hubiera visto hasta ese momento y que sus ojos, de mirada dulce y curiosa, transmitían una calidez que produjo que mi corazón se acelerara tan rápidamente que todo control de la situación me fue imposible."

Las cartas, escritas por alguien que se llamaba a si mismo Romeo, estaban llenas de un sentimiento tan fuerte que ni yo mismo, que hablo del amor a cada instante, pude comprender.

"¿Es real? ¿Julieta me ama? Esa cuestión me vino a la cabeza la mañana que desperté en su cama y ella cogió mi mano apretándola fuertemente contra su pecho. Sentí los latidos. Su corazón y el mio se habían unido en una resonancia perfecta aquel día en el que tras esos breves segundos me soltó de sopetón, te tienes que ir ya."

"Julieta me ha hecho prometerla mirando sus oscuros ojos que jamás la abandone, ocurra lo que ocurra nunca me dejes. Eso me ha dicho hace unas horas. Y sin embargo, hace unos minutos, me ha escrito en un escueto mensaje que no me quiere a su lado. El miedo atenaza su cuerpo, su alma, su corazón."

"¿Me estará mintiendo? ¿Será todo un engaño? Hoy era un día perfecto para pasarlo juntos. Ella, en cambio, ha preferido quedarse en su casa poniendo otra de esas excusas que me suenan a improvisadas. Tengo que limpiar."

"A veces me sorprende. Hoy me ha hecho el mejor regalo que nunca me hicieron. Sentados delante de una cerveza ha abierto su bolso y rebuscando en él de pronto ha sacado su corazón. Lo he hecho para ti. La miré a los ojos, alegres, con una ilusión que nunca vi en ella. En su mano reposaba un corazón de cristal rosáceo. ¿En serio lo has hecho tu misma? Si, me ha costado bastante. Su corazón venía acompañado por una pequeña llave. Cuidalo, mi corazón te pertenece Romeo. Me dijo ella mientras mis ojos humedecidos por la emoción no lograban retener un par de lágrimas que cayeron lentamente por mi mejilla."

"Tengo que admitir que estoy enamorado de Julieta y no se por qué. Ella me ha mentido, no me quiere. Es todo una burdo embuste para obtener lo que desea. Me siento tan engañado. El amor duele, encoje el alma y lo estruja de tal manera que ni todas las lágrimas del mundo pueden liberar tal congoja."

"Es tan difícil encontrar el amor que, pese a cada obstáculo que surja, lucharé por ella. Amo a Julieta. Eso es lo único que importa. Quiero pasar el resto de mi vida junto a ella y nada me lo impedirá. Ni sus miedos ni los míos. El amor verdadero merece eso y mucho más, no me cansaré de repetirselo. Julieta, por mucho daño que me hagas, la felicidad que siento a tu lado compensa cada segundo que he pasado llorando por ti."

"Hace media hora que he despertado nuevamente a su lado. Anoche se quedó dormida usando mi brazo de improvisada almohada. Estoy feliz. Soy el hombre más dichoso del planeta. Yo apenas he dormido escuchando su respiración, rodeandola con el otro brazo que tenía libre y notando su corazón. Oliendo su pelo. Miles de sentimientos se agolpan en mi alma. No deseo pasar ni un solo minuto lejos de ella, la echo ya de menos y hace unos instantes que nos dimos el beso de buenos días."

"Se aleja. Cada noche que paso a su lado me pide que le jure que jamás la deje. Julieta, le digo sinceramente en cada una de esas ocasiones, nunca me iré de tu lado.
Luego ella pasa días sin dar signos de vida. ¿Me estará engañando? Mis dudas martillean mi mente, ¿realmente me quiere? ¿o es tan cobarde que no quiere luchar por ser feliz?"

"La cuerda se tensa. Quiero verte. Necesito hablar contigo mirando tus ojos, le pido a Julieta. Romeo, no me apetece ahora. No quiere enfrentarse a sus miedos, nuevamente, pero la obligo a hacerlo. Voy a tu casa, le digo.
Dando un paseo le ruego que me diga lo que siente. Te quiero, Romeo. Pero me asusta que las cosas puedan no salir bien. La miro impotente, con rabia. Mi voz tiembla. Esta hipotecando una posible historia de amor, quizá igualando la de los Capuleto y Montesco con un final mucho más feliz, por no querer averiguar donde conduce todo este asunto. ¿Y si eres realmente el amor de mi vida?
Lo siento Romeo, no puedo. Tengo miedo. Mucho miedo.
Entonces le di el abrazo más largo que pude soportar sin derrumbarme. ¿Por qué? ¿Por qué el amor no triunfa como en los cuentos que solían narrarme de pequeño?
Segundos después dejé a Julieta delante de su casa. La observaba a unos metros, ella se giró unos instantes y me dijo adiós con la mano, devolví su gesto viéndola desaparecer tras una puerta.
Esa fue la última vez que contemple la bonita mirada de esa chica que robó mi corazón y no supo que hacer con él."

Al fondo de aquella caja llena de cartas había algo más.  Envuelto en una servilleta del 100 montaditos, si a mi también me pareció curioso, estaba el corazón de cristal. Dentro de él unas iniciales. A su lado reposaba también la llave que intentó abrir el alma de Julieta.

Mucha gente me pregunta al leer mis historias si son reales. El misterio es parte del encanto de todos mis relatos, aunque en esta ocasión puedo asegurar que ese corazón de cristal existe y lo he tenido en mis manos. Más allá de todo eso, puede que Romeo y Julieta tan sólo sean personajes ficticios creados por alguna mente soñadora tal y como Shakespeare hizo en su dia, situandolos en la bella Verona.
De ser un cuento, sin duda yo lo habría terminado de otra forma. Puede que de una manera más poética e inocente, mucho menos dura. Mi final sería ver a Romeo y Julieta venciendo sus miedos y teniendo un hijo llamado Oliver. Pero bueno, ya sabéis como soy yo. Estúpidamente romántico. 

lunes, 10 de abril de 2017

Día 55: Off to sea once more.

Spiderman se hace pasar por Peter Parker, Superman por Clark Kent, Batman se disfraza de Bruce Wayne. ¿Y yo? ¿Quién soy? ¿El corsario vestido de Rubén o Rubén con traje de pirata? 

Tinkerbell es un nombre en mi agenda del móvil. Me topé con campanilla hace unos tres o cuatro años. Por aquel entonces yo era Peter Pan, un adulto que no quería perder la inocencia. No deseaba dejarme llevar por la corriente y cuando peor lo estaba pasando anímicamente quise creer en la bondad del ser humano y por supuesto, en cuentos de hadas. Fue entonces cuando el azaroso destino me puso delante a esa niña, sin duda la persona más sentimental que he visto en mi vida. Vivía las cosas de una manera muy afectiva, y ese era su punto débil. La sensibilidad puede ser objeto de burla en el mundo actual. 
Jamás vi a tinkerbell en persona, nunca llegamos a abrazarnos, y sin embargo hubo un instante en el que hubiera dado mi vida por poder hacerlo. Me escribió una noche. Rubén, estoy muy triste. Me dijo. ¿Qué pasa, tinker? Me han vuelto a dar plantón por segunda vez. ¿Cómo? Pregunté, extrañado. Campanilla era, además de un alma muy emocional, una chica muy bonita. ¿Qué clase de tipo haría algo así? Estoy metida en la bañera, y solo tengo ganas de llorar. En ese momento solo deseaba reconfortar su corazón herido con un fuerte abrazo. No lo hice. 
En aquella época no solía quedar con nadie, aún seguía recuperándome de mi caída a los infiernos y no sentía que fuera a ser buena compañía para nadie. Simplemente, hablaba con otras personas por no sentirme solo y para olvidarme de mis propias historias. Una forma de evasión, podríamos decir. 
Aquella noche le di ánimos a campanilla de la mejor manera que Peter Pan podia hacerlo. Con ilusión y cierto toque de ingenuidad. Habrá otras citas, tinker. Seguro que tu pececito está ahí fuera, en el mar. 

Solo hay que salir a navegar una vez más. 

Rubén, el corsario, empezó a cantar mirando la luz de la luna que reflejaba sus ondulantes destellos en el oscuro mar. Off to sea once more, era una rítmica balada que hablaba sobre un pirata que pierde todo el dinero de sus trapicheos a causa del ron y las chicas. De camino a Boston, en busca de su destino, el corsario se acordó de aquella canción. ¿Por qué no abandonar? Mirando a la negra noche y pensando en las historias que le habían contado sobre Beatriz se dijo que no, que debía navegar al menos una vez más. Tenía que encontrar a esa enigmática dama, ¿y si ella tenía la solución? ¿Y si ella era su amor verdadero? 

Tinkerbell me hizo una vez un dibujo. En él salía yo, Peter Pan. Tristemente ya no lo conservo, en una de esas rabietas o enfados estúpidos que me caracterizan me deshice de ello y desapareció para siempre del mundo de lo tangible, no así del de las ideas en el que seguirá mientras yo conserve la memoria. ¿Qué fue de campanilla? Al igual que el pequeño regalo que me hizo, ella se esfumó con el paso del tiempo al darse cuenta que jamás quedaríamos para darnos ese necesario abrazo entre dos personas que se aprecian. 

Me gustaría poder decir que soy el pirata y que de vez en cuando me pongo el traje de Rubén para pasar desapercibido. El corsario tiene una fé inquebrantable en el amor, recorre los mares y océanos buscando lo único que puede hacerle feliz. Sin embargo, tan solo soy Rubén imaginando ser el bonachón de Pan o un valeroso pirata. 

En ocasiones hay días, como el de hoy, en el que cuesta ser ese alter ego crédulo y bobo, lleno de esperanza y con la convicción de encontrar los secretos del amor en los ojos de una mujer. Instantes de flaqueza en los que se hace duro hacerse a la mar, una vez más. 

Mañana contemplaré de nuevo las olas y escucharé el sonido que producen al romper en la orilla. No podré evitar, entonces, preguntarme si merece la pena seguir soñando o quizá sea mejor aceptar que en ese mar no haya ninguna sirenita para mi. 
Ojalá el espíritu de Rubén el conquistador me visite esta noche mientras duermo y se quede al menos el suficiente tiempo para saber si en algún lugar de Boston, Beatriz tiene la respuesta a todos esos desvelos causados durante tanto tiempo.
Por si acaso eso sucede, le esperaré cantando. "...Come all you bold young sailor lads and listen to me song. When you come off them damn long trips, I'll tell you what goes wrong. Take my advice, don't drink strong drinks, don't sleep around with whores. Get married instead, spend all night in bed and go to sea no more. No more, boys, no more. Go to sea no more. Get married instead and spend all night in bed and go to sea no more..."

miércoles, 5 de abril de 2017

Día 53: Tomates verdes fritos.

El mismo día que cumplí 18 años acabé de leer la novela de Fannie Flagg.
Al terminarla, durante un par de horas, me quedé sentado en el sofá de mi habitación. En silencio, mi mente deambuló por los personajes del libro y sus vivencias. 
Recuerdo que después me puse a escribir. Era la primera vez en mi vida que plasmaba por escrito mis sentimientos. 
Cierro los ojos y lo veo claramente. El sofá, las hojas, mi mano deslizándose sin demasiados titubeos por la áspera superficie del papel. Breves paradas para rectificar una palabra y quizá tachar alguna otra. Fueron un par de hojas por ambas caras donde ya se intuían los ideales y principios que he intentado seguir durante toda mi existencia. 
Embriagado aún por la nostalgia de la novela me preguntaba si alguna vez conocería el amor verdadero, la amistad incondicional o la alegría de saberme querido. 
También me cuestionaba sobre mi incierto futuro. ¿Qué estudiaría? ¿Qué camino tomaría?
Mis sueños, asimismo, tuvieron cabida en ese par de hojas que hoy amarillean en un anónimo archivador guardado en las oscuras profundidades de un cajón. Quería viajar por todo el mundo y visitar cada ciudad que había vislumbrado brevemente en películas o imaginado en las decenas de libros que leía. 
Igualmente mencionaba mi deseo de contar historias de manera visual. Mi profesión soñada, la que siempre quise tener, director de cine. Esa tarde, después de leer tomates verdes fritos, escribí sobre las ganas que tenía de que los demás vieran el mundo de la misma forma que yo lo veía. Un Rubén muy ingenuo, o sencillamente demasiado romántico, expresaba su lejana esperanza de presentar sus películas en festivales como los de Sundance, Cannes, San Sebastián o Venecia. 

El día de mi décimo octavo cumpleaños lo pasé leyendo y escribiendo. Sin duda algo premonitorio, a tenor de lo que he hecho los veintiún años que han pasado desde entonces. 

La tarde caía sobre Madrid aquel verano de 1995. Mi madre nos llamó a cenar a todos, guardé esas hojas escritas con letra muy pequeña en un antiguo archivador de anillas. Al mismo tiempo que cerré sus tapas, sellando así mis preocupaciones y deseos, miré hacia la ventana. Lo recuerdo tan vívidamente que no pareciera que haya pasado la mitad de mi vida. El sol se ponía iluminando con sus refulgentes rayos a las nubes, que diseminadas aquí y allá teñían de un tono rojizo espectacular todo el cielo. Mirando aquel atardecer sentí vértigo. Puede que sea por eso por lo que ese momento lo tengo grabado a fuego, fue una sensación tan violenta que me encogió el corazón. 

¿Qué será de mí en los próximos 18 años? 
Con esa pregunta en mi cabeza me dispuse a cenar y terminar mi tarta de cumpleaños junto a mis hermanos. 

La anciana de tomates verdes fritos recuerda su azarosa vida. Un camino serpenteante lleno de aventuras y giros inesperados que la llevaron por infinidad de lugares dentro de su propia alma. 
Aquella calurosa tarde, sentado en la soledad de mi cuarto, deseé con todo mi ser que mi vida fuera al menos tan emocionante como la de la protagonista de aquel libro que me impresionó tanto que, al pasar su última página, lloré. Por eso, una vez me hice al hecho de que aquella historia había acabado, escribí mis sueños en esas páginas con las que me volví a topar hace un par de semanas. Unas hojas en las que a modo de último y más grande deseo las cerré con un...Quiero amar y ser amado.