La vida no se mide en minutos se mide en momentos.
A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.

jueves, 25 de agosto de 2016

Día 30: Eclipse de Wolfdogland (Parte 2)

Segundas partes nunca fueron buenas, esa máxima me rondaba por la cabeza antes de escribir un email a una persona que me ha defraudado enormemente.
Instantes después me dije, El Padrino II fue espectacular y Toy Story II mejora a su primera parte. Me decidí, no por ambas películas sino porque no podía rendirme tan fácilmente. ¿Dos años soñando con algo y por unas horas difíciles abandono? No, no quería claudicar ante el miedo y menos de 24 horas después de ceder a Eclipse a sus criadores, despues de dos dias de tribulaciones con mi querido Ecli (historia que narro un par de entradas antes que esta), escribí a Alberto Cepedano y le dije que quería intentarlo de nuevo, dar lo mejor de mi mismo y criar lo mejor posible a Eclipse. Su contestación fue un mazazo para mi. Un duro golpe porque sin apenas conocerme de nada me decía en su email que no me veía capacitado para ello pero más aun fue el directo al estómago que sentí al leer que no podía darme a mi cachorro porque lo había regalado. ¡¡¿¿Qué??!! Exclamé en plena calle girando cabezas y siendo el objeto de todas las miradas que escucharon el grito y que andaban alrededor mio. ¿Cómo era posible tamaña vileza?
Desde luego que segundos después le llamé porque no podía creer lo que leía. Les cedí el perro a ellos con la única condición de que se quedara en su casa, que fueran ellos lo que lo criaran con Volker  (el papá) y Zoray (la mamá). El día que lo lleve se lo dejé bien claro a Erica García, pareja de Alberto y la otra mitad del afijo Wolfdogland. Aquí será feliz, me dijo ella cogiendo todos los papeles del perro. Y eso era lo único que yo deseaba, que mi perrito fuera feliz.
Menos de 24 horas después hablaba con la voz entrecortada con Alberto porque habían dado mi perro a otras personas.
Regalar un regalo. Eso quizá es lo más feo del mundo pero si ya hablamos de seres vivos raya la vileza absoluta.
Al hablar con Alberto se defendió con la frase..."en media hora si quieres lo tengo aqui. No está muy lejos de mi casa."
Me enfurecí, sentí rabia, impotencia. Quiero a mi perro le dije. El contestó tajante. "No, no te lo voy a dar. Además, ya he cambiado el chip y los papeles de nombre." Algo ilegal, porque según me ha dicho algún veterinario, solo el dueño (yo) puede cambiar los datos del chip. En ese momento Eclipse ya no era mio, menos de un día después. Increíble.
Las lágrimas rozaban mi mejilla y la impotencia hizo que me sentara en medio de la calle apoyándome en la pared de un edificio.
En esas apenas 24 horas que habían pasado desde que di el perro a Erica frente a su casa de León y el momento en el que me encontraba hundido en medio de una calle de Madrid no había pensando en el dinero. Me sentía avergonzado por no poder afrontar mis miedos y que estos vencieran mi sueño de tener un  perro lobo checoslovaco, una raza que me enamoró nada más descubrirla. Me sentí timado, estafado, ninguneado y mi reacción fue la de decir...quiero mi dinero Alberto. Él, a la defensiva, contestó tranquilo Rubén yo no quiero tu dinero para nada. Pasame tu número de cuenta y te lo devuelvo. Llorando le dije que se lo mandaría y que hiciéramos como que no nos hubiéramos conocido nunca. Colgué. Eclipse ya no era mio y la tristeza que inundaba mi alma era infinita. Vagabundee por las calles de Madrid sin un rumbo fijo, con la mirada pérdida en el horizonte plagado de edificios grises, pardos y rojizos hasta que un rato después llegué a mi casa que aún olía a mi querido Ecli y escribí un breve email a Alberto. Mi número de cuenta es...
Fue en ese instante cuando supe al 100% que deseaba tener un perro, y no uno cualquiera, quería seguir persiguiendo mi sueño de ser compañero de un perro lobo checoslovaco.
Alberto no me contestó a ese email, ni al día siguiente ni los que siguieron. Esperé una semana, quizá estén de vacaciones. Sostuve con inocencia. Después de dos días más le envié otro breve mensaje al WhatsApp. Mi número de cuenta es...
Silencio de nuevo. Pero ahí la tecnología estaba de mi lado porque supe que lo había leído en el momento que dos rayitas azules aparecieron detrás del mensaje. Esperé dos días más. Sin noticias de wolfdogland. Ni un Rubén estamos ocupados, ni un Rubén la semana que viene hablamos, ni un Rubén estamos de viaje. Solo el insondable y maquiavélico silencio. ¿Qué tramaba esta gente? ¿Me tomaban por estúpido? Dos días después de ese breve mensaje de WhatsApp escribí otro con unas cuantas líneas más.  "Odio que me tomen el pelo Alberto, por favor hazme la transferencia y olvidemos este asunto. No hagas que la cosa llegue a más." Media hora más tarde tenía una llamada en el móvil de Alberto. No quise cogerla por un único motivo que explicaré en un instante.
Cuando Alberto me dijo que iban a tener una camada allá por Mayo le dije que quería un macho y el me respondió que necesitaba un adelanto del dinero a modo de reserva. 500€ era esa cantidad. 10 minutos después le hice una transferencia a su nombre sin yo recibir ni un contrato de reserva ni papel ninguno firmado por parte de él. Era el cuarto en reservar un macho en esa camada y le pregunté...¿si no hay cuatro machos me devolvéis el dinero verdad? Si. Me dijo él. Pero desde luego tendría que fiarme de su palabra porque no obtuve nada que acreditara todo ese intercambio. Mi sorpresa fue aún más grande cuando Erica, una semana antes de entregarnos los cachorros me dijo que el dinero lo llevara en efectivo. Para mi era más cómodo una nueva transferencia. Otros 1000€ para completar un total de 1500. Ella me dijo que no, así no pagáis por adelantado sostuvo. Pero al entregar el dinero y recoger el cachorro no me dieron ningún contrato a firmar. Con la alegría de tener por fin a Eclipse no le di mayor importancia pero luego, con el devenir de los acontecimientos vi mi gran error de no exigir un contrato antes de llevarme al perro. ¿Cómo demostraba que ese perro lo había comprado yo si, como todas las señales me daban a entender, Wolfdogland se hacía "el longui" en todo este asunto?
Ellos cobraban todo en negro, cosa que me da en la nariz que es por no declarar todo ese dinero a hacienda. (Cálculo fácil, llevan 5 camadas a 8 perros de media por camada y 1500 por perro...60000 euros que no han pasado por la contabilidad del fisco.) Cosa que me importa bien poco, a decir verdad, pero ¿cómo demostraba en un posible juicio que Eclipse fue mio? Por eso no cogí esa llamada de Alberto, lo que fuera que quisiera decirme lo quería por escrito, demostrable ante la justicia.
La cosa iba de mal en peor. No obtuve más que silencio. Ni una sola palabra de Alberto o Erica desde que al día siguiente de ceder el perro me dijeron que se lo habían dado a otra persona.
En una ocasión, al mes y poco de nacer la camada, sacaron un periscope con todos los cachorritos y la gente les preguntaba en directo a Alberto y a Erica, una de esas cuestiones fue si todos estaban ya cogidos y el dijo que si, que todos ya tenían un dueño y que ellos se preocupaban mucho de que ese hogar fuera el mejor posible. A mi no me preguntaron nada, tan solo cuando les dije que quería un macho me comentaron que serían 1500€ y que en la camada que iba a nacer en esos momentos ya estaban todos reservados, meses después, él me ofreció una hembra de esa misma camada y le dije que no, que yo deseaba un macho. En cualquier caso, esperé a la siguiente y en todo ese tiempo no me hicieron ni una sola pregunta más allá de en que ciudad vivía. Estas personas se vanagloriaban de elegir el mejor hogar para sus cachorros y Erica, el día que fueron a inscribir la camada en el registro, me preguntó mi dirección. ¡Ni tan siquiera sabían donde iría el cachorro exactamente una semana antes de dármelo! Increíble que ellos luego, una vez puesta la mano y recibido el dinero me dijeran que no era apto para criar a Eclipse.
Pero fuera del hecho de que yo este o no preparado para afrontar tener un perro de esas características, cosa que ni Alberto ni la propia Erica pueden saber porque no me conocen para nada, más allá de prejuzgar a una persona por tener miedo ante la idea de no saber si cuidará bien de un animal y le dará todo lo necesario, más allá de todo eso, la ética de estas dos personas deja mucho que desear.
Quien tenga o haya tenido un animal alguna vez y no haya sentido que las cosas se les escapaban de las manos en algun momento que tire la primera piedra.
Esto ya era personal, ni de broma iba a dejar que se quedarán con mi dinero o con Eclipse. Así que espere otros dos días de rigor y escribí un nuevo WhatsApp a Alberto en el que venía a decir que eligieran ellos, o Eclipse o el dinero, que cualquier otra cosa que se saliera de eso era robar y que eso estaba penado por la ley tanto en Madrid como en León.
Por fin Alberto dio la cara y me escribió algo tan absurdo que me reí. Me dijo que ni me iban a dar el perro ni me iban a transferir el dinero. Que todo estaba en manos de su abogado y que la policía estaba al tanto de mi acoso. Recapitulemos, en 16 días escribí un email con el sencillo mensaje de mi número de cuenta, un whatsapp con el mismo mensaje, otro diciendo que por favor me hicieran la transferencia y uno finalmente, que les acusaba de que si no me daban el perro o el dinero estarían incurriendo en un delito. Mientras en esos 16 días por su parte solo un silencio abrumador y algo que retumbaba en mi mente, las últimas palabras que escuché de él. Tranquilo Rubén, yo no quiero tu dinero para nada.
Por supuesto mentía, ni había abogado ni policía ni tan siquiera había informado de ello a nadie. Pero de todas formas me daba igual, quería que todo eso me lo dijera a la cara y le dije voy para León. Queria ir a la comisaria mas cercana a la casa de esta pareja y presentarme ante su puerta para denunciarles. Me bloqueó el WhatsApp y fui directamente al de Erica antes de que ella hiciera lo mismo y le dije textualmente..."Sois unos ladrones de mierda. Voy para León."
El que va con la verdad por delante no tiene miedo a las consecuencias. La rabia se había apoderado de mi, odio que me tomen el pelo, odio que por no querer líos piensen que se me puede ningunear de esa manera. Solo quería lo que por derecho era mio. Eclipse o el dinero. Y ellos se iban a quedar con las dos cosas. Ni hablar. Estas personas no habían actuado correctamente, yo lo sabía y ellos también. Por eso a los cinco minutos de escribir a Erica me llegó un SMS de su movil..."Ahí tienes tu dinero. Olvídate de nosotros para siempre." Ese mensaje iba acompañado de una foto en la que se veía una transferencia de 1000€ hecha a mi cuenta.
¿Por qué escribo todo esto? Pues realmente no lo se, quizá para liberar mi alma y soltar la rabia contenida durante 3 semanas.
Amo a los animales, eso me hizo preguntarme al escuchar aullar a Ecli durante horas si yo podría cuidar de él. En un momento de agobio me desesperé por no saber qué le pasaba e hice lo más sencillo. Esconderme. Huir. Y ese amor, por un ser cuyo corazón sentí latir cuando lo abracé, me hizo declinar la balanza y decidí devolverlo donde sabía que sería un perrito feliz.
Dudo, en cambio, que tanto Alberto como Erica sientan eso mismo. Si de verdad lo regalaron al día siguiente de llevarlo fue un acto de mercaderia, puro y duro, con un ser vivo, y si no fue así y se lo quedaron ellos, me engañaron como si fuera bobo.
En un momento dado, cuando fui a recoger el cachorro y nos quedamos solos Alberto, Erica y yo, ella me confesó algo. "Te llevas al mejor cachorro de la camada." En ese momento miré a Eclipse y lo acaricié. Acto seguido observé al resto de los cachorros. Para mi todos eran iguales, simples animalitos que no dejaban de jugar.
Ahora, objetivamente, pienso que quizá ellos se quisieron quedar con Eclipse y vieron la oportunidad, puede que en unos meses lo lleven a exposiciones y gane premios y eso les de prestigio en el mundo de los criadores. Incluso puede que se convierta en un papá apreciado por su belleza. Para mi, Eclipse de Wolfdogland siempre será mi perrito, un simple ser vivo necesitado de afecto y cariño que no supe o no me atreví a darle.
En otro momento, en el jardín de la casa de León de Alberto y Erica les pregunté con sincero desconocimiento, ¿por qué esa disparidad de precios entre unas camadas y otras? Él, con una amplia sonrisa en su rostro me contestó que ellos criaban Porsches. Una respuesta tan prepotente como cierta, ver a Volker (el papá de mi cachorro) en persona, me impresionó de veras. Sin embargo, yo añadiría algo más a su sentencia. El servicio postventa es deplorable.

jueves, 11 de agosto de 2016

Día 29: Et in Arcadia ego.

La solitaria ave sobrevolaba nuestras cabezas, quizá avistando desde las alturas algún conejo o roedor que calmase su apetito. Admiraba su portentosa envergadura, su vuelo grácil y majestuoso, su increíble precisión en los giros y quiebros.
Mis ojos bajaron de nuevo para posarlos sobre una bella mujer envuelta en una manta, debajo de ella mis manos rozaban sus pechos, mi vientre sentía el suyo, mi pene se mantenía en su interior.
Escuchaba el riachuelo que serpenteaba junto a nosotros enmascarado con sus entrecortados suspiros. El agua, fría y especialmente transparente, fluía en una pequeña corriente que bajaba de la montaña.
Los árboles movían sus ramas, que repletas de pequeños brotes hacían que el viento pareciera susurrarnos al oido bonitas palabras de amor.
Esta bucólica descripción podría perfectamente pasar por ser la de la mítica Arcadia, sin embargo tan sólo me había desplazado unos kilómetros del centro de Madrid. Esa primaveral mañana de principios de Mayo había decidido ir a la Pedriza y habiendo comido en un pequeño recoveco que hacía el río, mi acompañante y yo nos escondimos bajo una manta para juguetear un poco en plena naturaleza.
Sonidos, aromas y sabores se juntaron para hacer de aquella tarde una de las más especiales que recuerdo, siendo uno de esos momentos que pervivirán en mi mente toda mi vida.
¡Que exagerado eres Rubén! Podríais exclamar. Desde luego bien pudiera haber idealizado ese momento hasta convertirlo en un bonito y excepcional recuerdo. No obstante amigos míos siento llevaros la contraria en esta ocasion, esa tarde mientras hacia el amor a una bella mujer miré a los ojos a una bestia.
Permitidme continuar donde lo había dejado, y esto era en ese instante en el que los árboles nos cantaban canciones de amor mientras el sol poco a poco iba bajando de su cenit.
Ahí estábamos ambos, desnudos bajo aquella manta de cuadros que poco antes había servido de mantel en nuestra improvisada comida junto al riachuelo cuando entre jadeo y jadeo algo apareció entre los arbustos que nos ocultaban del transitado camino.
Paré de golpe de mover mis caderas. Ella, al ver que mis ojos se fijaban en un punto que no eran ni sus pechos ni sus ojos, empezó a decir algo que no le dejé acabar ya que le tapé la boca con la mano e hice el típico gesto de "ssshhhhh" con la que quedaba libre. En ese instante se giró y ambos pudimos ver la mirada ámbar de aquella bestia que sigilosamente se acercaba a nosotros.
Como si de un encantamiento se tratara, rio, agua, viento y susurros dejaron de existir para dejar hueco a un silencio devastador.
Petrificados, sin mover un solo músculo, nos deleitamos con la increíble destreza de aquel animal. Caminaba casi de puntillas, con los ojos fijos en nosotros. Todo se desarrollaba a cámara lenta, 240 fotogramas por segundo de pura belleza animal.
La bestia se acercó tanto que pudimos comprobar su increíbles tonos cromáticos de piel y pelo, cada matiz de su pelaje nos fue desvelado, cada rasguño de su piel nos contaba una historia. ¿En cuantas batallas habrá estado metida la terrible bestia? Sin duda en tantas como días tiene un año, quizá muchas más.
Afortunadamente su objetivo no eramos nosotros. Hubiera sido un buen titular para alguna revista sensacionalista..."hallados dos cuerpos desnudos mutilados por una terrible bestia". No, por suerte ese día aquel animal se había fijado en la bolsa que junto a nosotros guardaba los restos de comida. Quizá, se sentía con pereza para cazar pensé horas después de aquel encuentro.
El caso es que cogió entre sus grandes fauces la bolsa y tal y como llegó se fue, a una terrible y exasperante cámara lenta y sin dejar de mirarnos a los ojos, caminando hacia atrás en un portentoso ejercicio de equilibrio y magia, esquivando sin llegar a verlo cada arbusto o piedra que entorpecia su camino.
Acto seguido, tras desaparecer la gran bestia, el agua volvió a sonar en nuestros oídos, el aroma de los árboles inundó nuestros sentidos y los besos tomaron de nuevo el protagonismo que instantes antes habían perdido. La Arcadia, el utópico y romántico paraíso, nos rodeaba completamente y por extraño que pueda parecer, en ese momento sentí como si parte de esa bestia hubiera traspasado mi propio ser, uniéndose su alma con la mía. Quizá por eso, al correrme hice algo que a los diez segundos me dio una vergüenza atroz. Aullé al cielo de aquel precioso lugar.

lunes, 8 de agosto de 2016

Día 28: Eclipse de wolfdogland.

¿Por qué quieres tener un animalito? Esa era una pregunta que mucha gente ha hecho recientemente. A todos ellos les daba la respuesta más obvia, deseo un compañero de juegos, alguien leal que me acompañe por este nuevo trayecto en mi vida. Sin embargo, como en la mayor parte de las cosas que hago tienen más fondo del que suelo mostrar. 
Hace 5 años una mujer a la que amaba me hizo una pregunta que cambió el resto de mi vida. ¿Por qué no somos padres? Mi respuesta fue sorprendente para ella. Ya veremos, le dije tras una breve conversación que ya narré en otra de las entradas de este blog. Siempre he tenido el convencimiento de que no sería un buen padre, aunque amara como a nadie a mi hijo, jamás podría darle lo que necesitaría. Hace 5 años, esa respuesta a su pregunta hizo que su amor por mí fuera desapareciendo poco a poco para un año más tarde quedar enterrado entre peleas y discusiones de lo más tonto. 
Tras un largo camino de recuperación de mi alma creí haber crecido como persona y me propuse, hace dos años, tener un animalito. ¿Cómo sería criar a un ser vivo que depende de ti?¿sería capaz de hacerlo? Estaba convencido de que me había hecho mayor y había olvidado mis miedos y taras. Por eso, cuando hace unos meses un criador con el que había estado en contacto me dijo que tendría cachorritos, sin dudarlo dije...yo deseo un machito.
Durante esos meses de espera mientras se desarrollaba en el vientre de la madre estuve buscando un sitio en el que se le aceptara, me mudé y compré todo lo necesario para ser un buen "papá". Leí cada palabra y texto que pude encontrar sobre la raza y sobre los perros en general, me dormía viendo vídeos de YouTube de experiencias de personas que tenían a sus cachorros e incluso soñaba con pasear y correr junto a él por el campo. La ilusión inundaba mi alma, mis ojos brillaban al hablar sobre eclipse y por primera vez en mucho tiempo sentí que podría volver a comenzar y ser feliz. 
Hace dos días fui a recogerlo, durante el viaje fui nervioso, pero como dirían algunas personas eran nervios buenos. Cuando le vi en persona, el cachorrito se me acercó, me olisqueó y se puso un rato en mi regazo. Temia esa primera impresión y al verle juguetear con los cordones de mi zapatilla supe que le querría con toda mi alma. 
Una hora después de ese momento en el jardín de los criadores mi corazón estaba encogido. Me había parado en un área de descanso porque eclipse no paraba de llorar y gimotear. Pasé a la parte de atrás del coche y estuve acariciandole un rato hasta que se calmó. Le abracé y le dije, Ecli todo irá bien. 
Me partía el alma ese llanto que tenía en ese momento, y aceleré para llegar antes a mi casa. Tuve que parar tres veces más porque se mareó, vomitó y se cagó. En cada ocasión le limpié lo mejor que pude y continúe lo más aprisa posible. 
Al llegar a casa me seguía a todas partes y me pareció muy gracioso. Le di de cenar y le saqué a la calle en brazos para que le diera un poco el aire y se acostumbrará a su zona. Ese día estuvo tan tierno que no paraba de hacerle fotos y vídeos. Eclipse ya era parte de mí y era feliz. 
Un hecho cambió todo de pronto. Le llevé a pasear por la tarde después de comer y mientras le daba un premio por seguir andando sujeté la correa con las rodillas y dió la casualidad de que en ese instante un perro se asomó a una ventana y ladró asustando a Eclipse y este salió disparado escapándose de mi. Me entró el pánico y salí corriendo en su busca, afortunadamente lo alcancé a los pocos metros y lo cogi en brazos. Temblaba, ambos lo hacíamos y fui corriendo hacia casa. Al llegar me tumbé en el suelo y comencé a llorar. Solo lo tenía desde hacía unas horas y ya la había pifiado, ¿cómo era posible? ¿Y si hubiera cambiado de dirección y cruzado la calle mientras un coche pasaba? Me entró ansiedad, y la solté llorando. Lo siento Ecli, le dije mientras él me lamía la cara. Minutos después hablé con Alberto, el criador, y le dije que tenía mis dudas sobre si sabría cuidar del cachorro.  Paciencia me dijo. Rubén, se está acoplando a un lugar nuevo y ambos necesitáis tiempo. 
Ese instante cambió todo. Veía con miedo cada cosa que él hacía, cada paso que daba, cada objeto que cogia. En un momento me despisté mandando un whatsapp y le vi metiendo la lengua en un enchufe y mordiéndolo. ¡Dios! Me dije. Salté del sofá y le dije un gran no y le di en el hocico con la mano. Ambos nos asustamos y se metió bajo una mesa. Unos minutos después se puso a comer el papel del periódico con el pis. Me levanté y se lo intenté quitar de la boca y me gruñó y mostró los dientes. Fue ahí donde me dije, esto te supera Rubén. Y volví a hablar con los criadores. Os lo devuelvo, les dije. No se cuidarlo, no se mandarle, no se hacerme entender. Estaba realmente agobiado pero todo pasó cuando le saqué a la calle, me sentí cómodo y él ya le iba cogiendo el tranquillo a los coches y motos e incluso hizo pis y caca en la calle y le felicité por ello, pero todo fue un espejismo. Al llegar a casa sobre la 1:15 de la madrugada empezó a aullar y llorar. No paró hasta las 8 de la mañana. Y lo peor es que no sabía hacerle parar, jugué con él varias veces pero estaba en plan bruto y se daba con los muebles y mordía fuerte. Se puso a morder los cables y me entró la paranoia de que se podría electrocutar si los pelaba con los dientes. Tengo unas pesas en el salón y tienen una pequeña espita para su sujeción y el se dedicaba a morderla y pensé, ¿y si se saca un ojo con ella? Me levanté de la cama y la cambie de sitio. Sentía una impotencia terrible por no saber qué le pasaba o cómo hacer para que estuviera feliz, era el culpable de no saber protegerle, de los aullidos, y ni tan siquiera sabía entender por qué estaba tan sobrexcitado. A las 7 de la mañana, sin pegar ojo, fui hacia la cocina para darle de comer y ver si eso le calmaba un poco. Por el camino pisé un charco de pis, y me di cuenta de que había varios por el pasillo. Cogi la fregona para limpiarlo y en un despiste se metió en la cocina e hizo caca, al volver para aclarar la fregona y seguir limpiando vi que se estaba comiendo su caquita, le di otro cachete en el hocico y le grité un no bastante sonoro. Se volvió a asustar y yo cerré la puerta de la cocina y me derrumbé en el pasillo cayendo en otro charco de pis. Agotado, agobiado e impotente le cogi en brazos y le dije, lo siento Ecli, no te sé cuidar. No se hacerlo mejor y tú no estás a gusto. Le di un beso en el lomo y escribí a la criadora. Voy para allí. 
Hoy es el día más triste desde hace mucho tiempo. Primero porque he abandonado a Ecli, un ser vivo que estaba a mi cuidado, un perrito que me seguía a cada paso que daba porque hubo unas horas en las que yo fui su papá y su mama. Estaba bajo mi protección y no he sabido actuar de forma adecuada, le he defraudado. Más aún, me he defraudado a mí mismo al comprobar que estoy en el mismo punto que hace 5 años cuando no pude luchar contra mis miedos y estos pudieron conmigo. Sigo siendo el mismo gilipollas de entonces y eso me entristece sobremanera. 
Ahora, en casa, el silencio pesa. Aun huelo sus pises y cacas. Veo sus peluches sobre la mesa y me hago una pregunta. ¿He hecho bien? No lo sé, sinceramente. Pero al ver entrar a Ecli feliz en su hogar, al recibirle sus hermanos y padres, me hace pensar que devolver el cachorro a sus criadores es la respuesta del Rubén más analítico. Allí será feliz y tendrá a gente a su alrededor que sabrá cuidarle. Sin embargo, mi corazón, el Rubén que habla desde el alma, me susurra que he perdido la oportunidad de avanzar en la vida, de ser mejor persona y poder amar de nuevo. Aunque sea a un pequeñajo llamado Eclipse de wolfdogland. 

lunes, 15 de febrero de 2016

Día 27: Leaves on the Seine.

Sentado en la orilla observé, a la luz amarillenta de una farola, una hoja cayendo de un frondoso árbol. No estoy realmente seguro pero quizá fuera un álamo o un gran sauce que sacudía tibiamente sus ramas con la suave brisa de aquel veraniego día, no entiendo gran cosa de árboles. El caso es que seguí con la mirada su vuelo, en ese instante me pareció que bailaba al son de las campanadas que repiqueteaban en la distancia. Acompañé su caída con la mirada y la vi posarse en el Sena. La débil corriente la arrastró frente a mí como si fuera un pequeño barquito que navegara sin un rumbo fijo hasta que se topó con el pequeño muro que delimitaba los márgenes del río. 
Lo recuerdo como si fuera hoy mismo, en aquel momento subí la mirada y me encontré con la musculosa silueta de una Notre Dame iluminada. No entiendo tampoco demasiado de arquitectura pero sus muros me transmitieron fortaleza y robustez y así debía ser, ya que esas paredes llevaban más de 800 años ahí en medio de aquella isla que dividía al Sena en dos. Al mismo tiempo me dio la impresión de que aquella estructura era ligera, con sus inconfundibles arbotantes rodeándola como un amante rodea a su amada en un bonito abrazo. Sabiendo que siempre estarán ahí, tanto amante como los arcos, dotando de seguridad a catedral y amada respectivamente. 
Volví de nuevo la vista hacia abajo observando la lucha de la frágil hoja por zafarse del castigo que el malvado muro le había impuesto. Sin duda un indeseable cautiverio sabiendo que su deseo, la aspiración de aquella furtiva hojita que en la oscuridad de la noche se desembarazó de la rama que la sujetaba era la de dejarse llevar hasta el mar. Fluyendo, mientras nadie la mirase, bajo los muchos puentes que comunican ambas riberas de París. Sin embargo ahí estaba yo, viendo aquella sigilosa escapada hacia la libertad mientras esperaba que mi "bateux parisien" me llevara también bajo esos mismos puentes hasta la bella y armoniosa Torre Eifflel. 
No hay nada más bonito en este mundo como contemplar la realización de un precioso sueño, afortunadamente los dioses en aquella ocasión me concedieron ese regalo y pude ver con mis propios ojos como aquella luchadora hoja aprovechó el impulso de una onda causada por un barco que lleno de turistas, navegaba surcando el río. 
Recuerdo que sonreí, que incluso la animé con un pequeño gesto de mi mano. Venga hojita, ahora o nunca. ¡Ve y consigue tu sueño! Intenta llegar lo más lejos posible.
Tan solo pude seguirla con la mirada unas decenas de metros hasta que me fue imposible distinguirla en la negrura de las aguas del Sena, no obstante me gusta pensar que consiguió llegar tan lejos como ella quiso y que vió así recompensada su valentía.

Mucho antes de que aquella osada hoja brotara de su tallo me encontraba en el fnac escuchando música con un libro en mis manos. Malgastaba las tardes de los sábados sentado en el enmoquetado suelo de aquel lugar, soñando mientras pasaba las páginas de un inmenso mapa de carreteras y recorría con el dedo la sinuosa línea de una autopista...Madrid, Burgos, Vitoria, Bordeaux, Tours, París. Sin embargo llegó un momento en el que no me bastó con solo soñar los sábados así que, una de esas solitarias tardes me decidí a comprar el mapa para así cada noche, antes de irme a dormir, recorrer aquella línea roja que ya me sabía de memoria. 
Quizá en esos días en los que, tumbado en la cama con la luz de una pequeña lámpara en la mesilla de noche, leía una y otra vez los distintos pueblos que tendría que pasar de camino a París no me daba cuenta de lo afortunado que era pese a no tener nada en la vida. Sí, la verdad es que entonces ni sabia que era uno de los chicos más ricos de este mundo ya que poseia un sueño y eso me convertía en alguien realmente poderoso.

No está mal recordar esto hoy, cuando poco a poco se van desvaneciendo esos sueños por estar atrapado, cautivo como aquella pequeña hoja, en un muro que me impide avanzar. 
Hoy no hago más que repetirme una y otra vez lo mismo. Rubén, los sueños se cumplen. Se obstinado y no abandones. Pronto llegará esa onda que te ayude a salvar el muro. En nada seguirás fluyendo hasta tu destino. No dejes de soñar, Rubén. Se valiente como aquella hoja que cayó sobre el Sena en una lejana noche de agosto. 

"Life's battles don't always go to the stronger or faster man. Sooner or later the man who wins is the man who thinks he can." Vince Lombardi. 

lunes, 18 de enero de 2016

Día 26: La canción de los cisnes.

Solo el amor verdadero logrará salvar mi alma. 

Sigfrid escucha estas palabras de la bella Odette. Sobrecogido por la historia que la princesa le está narrando, no da crédito a la maldad del hombre que ha hechizado de tal manera a ese precioso ángel venido del cielo. La chica le cuenta que el horrible brujo la ha condenado a despertar como cisne el resto de su vida a menos que alguien logre jurar amor eterno por ella. Es un encantamiento terrible y cruel, ya que noche tras noche se acuesta en su cama siendo humana pero al asomarse el sol por el horizonte cada mañana, se transforma en un majestuoso y elegante ave de blancas plumas. 
A Sigfrid se le comen los demonios por dentro y jura vengarse del malnacido brujo, sin embargo ella le advierte algo que en los oídos del joven príncipe suena demoledor. Si mata a ese abominable ser que mantiene hechizada a Odette antes de ser amada, ella permanecerá como cisne para siempre. La única solución es el amor, sentencia ella mirándole a los ojos. 

Frase pomposa, demasiado azucarada quizá. Algunos incluso la tacharán de empalagosa hasta el extremo. Sin embargo, bobo de mi, es en lo que he creido cada día de mi estrambótica vida. Solo el amor verdadero logrará salvar mi alma. Ocho palabras que lo han significado todo para mí, ocho vocablos que han constituido toda mi fe y mis valores. Una frase que me mantiene solitario, deambulando por un mundo que me tienta y deseo tocar, acariciar y sentir pero que como si de un encantamiento de un cuento se tratara me impide hacerlo. No puedo aunque quiera, no quiero aunque pueda. ¡Jodido hechizo de los cojones! 

Eso mismo debió pensar el príncipe Sigfrid cuando al día siguiente de conocer a Odette, a su madre, la grandiosa reina de aquellos lejanos lugares del norte, le entraron las prisas por casarle y apañó rápidamente un baile invitando a las mujeres más bonitas de todos sus dominios. Elige a una de ellas esta noche, será tu futura mujer. Exhortó la reina a su hijo. Este, enamorado y conmovido por la triste historia de la princesa cisne se negó a elegir a cualquiera que su madre hubiera invitado a esa pantomima pero, cosas de los cuentos, Odette fue al baile. Sigfrid, enormemente feliz, juró amor eterno a aquella bonita chica esa misma noche...

¿Colorín colorado este cuento se ha terminado? ¿Cómo se reconoce al amor verdadero? Estaba sentado en un anónimo banco, de vieja y oscura madera, del parque del Retiro. Junto a mí se encontraba una chica que lloraba, una preciosa niña cuyas lágrimas resbalaban por sus mejillas. Yo dudaba...mi indecisión era la culpable de aquel sufrimiento. Su cabeza reposaba en mi hombro, mis manos limpiaban las pequeñas gotitas de su rostro y en mi mente repiqueteaba esa pregunta. No sé si inspirado por las palomas que revoloteaban a nuestro alrededor, o quizá fuera el susurro de una suave y agradable brisa veraniega el que quitara el velo que mantenía todo entre tinieblas, el caso es que cogi su triste rostro entre mis manos y dije...si, quiero estar contigo eternamente. La besé y ella me abrazó tan fuertemente que nuestros corazones se tocaron y latieron al unísono. Pero, cosas de la vida real, ese latir tuvo poco de eterno. ¿Tendrán razón aquellos que dicen que el amor es perecedero? 

La alegría de Sigfrid tornó en angustia cuando en el baile, de pronto, Odette se transfiguró en Odile, el cisne negro y a la postre hija del malvado brujo. 
¿¡Jopé, pero es que ya no puede triunfar el amor ni en los cuentos!?

Mientras, en la vida real, sentado en algún lugar lejos de miradas curiosas observo las ruedas girar y girar. Personas que pasan por mi vida, que se juntan, lo dejan y se vuelven a juntar con otras distintas. Idas y venidas, vuelta tras vuelta. Aquella chica que me gustaba, ahora va de la mano de alguien. Otra cuyos ojos me llamaron la atención, hoy miran a otro con dulzura. Esa otra, cuya mano soñé sujetar en un paseo por un Madrid otoñal, en estos momentos acaricia la pierna de otro menos bobo que yo. ¿Ellos habrán jurado amor eterno también o simplemente se dejan llevar por la inercia y giran una y otra vez?  Me pregunto perezosamente sin esperar una respuesta clara, en esta fría mañana de invierno.

El príncipe al ver que ha sido engañado sale corriendo hacia el lago donde vive Odette en su forma de cisne, allí llora junto al ave. Al haber jurado amor eterno a otra mujer el hechizo jamás se romperá y nunca más volverá a ser humana. Desolado, Sigfrid no puede soportar la idea de no poder volver a hablar nunca más con su bella princesa y ambos se suicidan ahogándose en las aguas del lago. De esa forma, la única, sus almas estarán unidas vagando a través del tiempo. Juntos para siempre. 

¿Final de cuento o final real? Terco, obstinado, cabezota. En una palabra, hechizado. Solo el amor verdadero logrará salvar mi alma. ¡Malditas ocho palabras!
Ya sé que algunos me tildan de pensar demasiado y de mantenerme alejado de la acción. Soy consciente de que tan solo miro las ruedas girar y girar, pero...matemáticamente el ocho es el símbolo del infinito, de lo imperecedero, de lo que jamás se extingue. Lo único en lo que creo, lo único que deseo, lo único que anhelo. Amor loco, amor pasional, amor desbocado, amor romántico, amor visceral, amor que duele, amor que llena...En definitiva, amor puro. Ocho letras. Sin duda, el infinito.  
Además, ¡qué demonios! ¿Por qué no juntar ambos mundos? Tiene que existir en algún lugar una especie de Jessica Rabbit que deambule entre los cuentos y la realidad, que se maneje igual de bien en ambos mundos. A mí me gusta creer que es realmente posible, ya que como sentencia una frase de esas que llenan muros de redes sociales, aquellos que creen en la magia están destinados a encontrarla. 





viernes, 8 de enero de 2016

Día 25: The emerald way.

Ese hombre desfigurado escuchaba con deleite a la joven que con tan bella voz interpretaba sus composiciones. Era algo sublime. Sin embargo, al mismo tiempo que sentía un amor desmedido hacia ella, la ira amargaba todo su ser. Una rabia que emponzoñaba su alma, causada por el rechazo que sin duda le provocaría si algún día se dejara ver ante ella. ¡Qué mundo más atroz! La gente admiraba sus obras pero se estremecían al observar su deformado rostro, de ahí que al diseñar los planos del edificio de la Ópera Garnier se reservara un lugar bajo los cimientos. Oculto de la gente, podría disfrutar de lo que más amaba en este injusto mundo. La música. 
Erik, el fantasma, era un hombre increíblemente listo. No solo la arquitectura y la música se le daban realmente bien sino que era un avezado ingeniero que inventó una gran variedad de artilugios con los que construyó bajo la Ópera una serie de túneles y un gran lago. Esa sería su morada, su reconfortante hogar fuera de miradas inquisitoriales; lejos, sin ninguna duda, de la terrible crueldad del ser humano. 
 
El príncipe rema sonriente, mientras el pequeño bote de madera surca lentamente las aguas color esmeralda. Enfrente tiene el rostro de la bella Ariel. Los ojos de ella reflejan la sonrisa de su alma, está  enamorada de él, sin embargo un insignificante detalle hace que la velada no se desarrolle de la manera más adecuada en una cita de esas características ya que de su boca no sale sonido alguno. Muda por un inverosímil pacto con una extraña y feroz mujer-pulpo se siente impotente al ver que el príncipe no se da cuenta de que es lo que ocurre. Entonces algo mágico sucede, los pajaritos, peces e insectos acompañados por un simpático crustáceo susurran al oído de él...kiss the girl!
Eric, el príncipe, intuye que algo raro acontece en la penumbra de ese romántico anochecer pero no sabe realmente que debe hacer. ¿Por qué la bonita Ariel no suelta prenda? ¿Le gusto? ¿Querrá que siga remando hasta que las primeras estrellas de la noche iluminen nuestro camino? Se pregunta mientras la barquita se desliza sobre un agua llena de animalitos cantarines. 
En ese momento, todos y cada uno de los que contemplamos tan idílica escena soltamos un, ¡vamos bésala ya, bobo! 

Erik Thorvaldsson navegaba por las frías aguas del norte. Pensaba en su Noruega natal mientras observaba las bellas formas que aquellas luces de bonitos colores dibujaban en el cielo, él aún no sabía que ese fenómeno era causado por la energía liberada del sol y achacaba las auroras boreales a los dioses. Estaban contentos de verle surcando la mar y le daban la bienvenida a aquellas latitudes tan lejanas de la tierra. Nacido a mediados del siglo X había dedicado su vida entera a comerciar entre los distintos pueblos diseminados por aquellos confines del planeta donde las nieves eran perpetuas. Sin embargo lo que más amaba por encima de todas las cosas era explorar lo desconocido, llegar donde nadie nunca había osado aventurarse. Erik el rojo, se deleitaba con esas enigmáticas luces del cielo. En el lejano horizonte se vislumbraba la costa de lo que él denominó Greenland. Un lugar, como descubrió más tarde, que poco tenía de verde ya que el hielo y la nieve ocultaban la mayor parte del territorio. 

Hace tres o cuatro meses estaba tirado en el sofá de uno de esos garitos de moda. Un lugar atestado de gente que iba y venía de un lado a otro y a la que, sinceramente, no prestaba demasiada atención ya que mis sentidos estaban absortos en los ojos de una chica que me contaba sus peripecias en Londres. En mi mano sostenía un ron con limón al que daba pequeños sorbos mientras en mi alma se debatía una pequeña cuestión...¿la beso o no la beso? Juro que entre el barullo de la música y la gente escuché al maldito Sebastian, el cangrejito de la sirenita, susurrar en mi oído eso de bésala. Admito que existe alguna posibilidad, por pequeña que esta sea, que el alcohol que recorría mis venas a esas horas de la noche me jugara una mala pasada pero prometo que me pareció ver la pinza de la pata de Sebastian de refilón sobre mi hombro. ¡Bésala Rubén!
Es curioso identificarme con Eric, el príncipe, pero más curioso aún es hacerlo con Erik, el fantasma. Y eso ha sido esta misma mañana al mírame en el espejo. Anoche una chica me decía que mi blog le despertaba curiosidad, admiraba en cierta forma la manera en la que expreso mis sentimientos y como juntaba y relacionaba ciertos datos históricos reales con parte de mi vida. En un momento de la conversación ella me transmitió sus ganas de conocerme y en ese instante le dije que jamás nos veríamos. Si, esta mañana me he dado cuenta al mirarme en el espejo, justo después de ducharme, que me oculto como el fantasma. Temo a la gente y la opinión que tengan de mi, me asusta el rechazo cuando esas personas comprueben que mi alma está tan desfigurada como la cara del protagonista de la obra de Gastón Leroux. Es oscura y sombría. La curiosidad por descubrir quién soy quizá haya permitido que esté repleta de recovecos. Puertas que muchos han cerrado tirando la llave bien lejos, y que yo, al intentar averiguar qué hay tras ellas he dejado abiertas de par en par. Eso es algo que me da un miedo terrible mostrar, vértigo absoluto. 
Descubrí a Erik el rojo hace pocos días. Quería huir hacia mi Ciudad Esmeralda, como Dorothy en el mago de Oz, buscando respuestas. Hace un par de semanas estaba en la puerta de una autoescuela esperando a que abrieran, me iba a matricular para sacarme el carnet de moto. Una pregunta martilleaba mi mente mientras el frío no dejaba que parara quieto frente al cierre echado de la autoescuela. ¿Hasta dónde podré llegar en moto? Ese día tenía prisa y no esperé la media hora que faltaba aún para que abrieran y las navidades han hecho que aún no me haya matriculado pero esa pregunta sigue en mi mente. ¿Dónde está mi Ciudad Esmeralda? Dorothy, en su caso, siguió el camino de baldosas amarillas. Yo, en esa mañana de finales de Diciembre, me propuse emprender la senda Esmeralda. Coger una moto y subir. Lo más arriba que me fuera posible. Pasar los Pirineos, recorrer toda Francia hasta llegar al Eurotunel para pisar suelo Inglés, Londres, Manchester, Edimburgo, los Highlands. ¿Y luego qué? Ferry por las islas hasta tocar Islandia. Siempre sobre las dos ruedas, con el ártico y septentrión en mi mente y el frío viento deslizándose por mi cara. Llegar hasta la punta más al norte de Islandia y allí coger de nuevo un barco y surcar la mar como hizo mil años atrás Erik el rojo para llegar a Groenlandia y allí observar las auroras boreales. Mi Ciudad Esmeralda, al fin. Solo allí, bajo el precioso manto del cielo estrellado y los miles de colores de ese fenómeno tan extraño como son las luces polares poder preguntar a quien corresponda, ya sean dioses o magos, las miles de cuestiones que inundan mi oscura alma entre ellas esa a la que jamás he podido responder satisfactoriamente...¿cuándo es el mejor momento para besar a una chica?







miércoles, 16 de diciembre de 2015

Día 24: La reina de Mayo.

Solo queda sentarme, cerrar los ojos y soñar. 
La mano se apoya suavemente en mi pierna mientras sus ojos se deslizan sin prestar demasiada atención por la gente que a través de la ventanilla observa como sombras de un mundo ajeno al nuestro. De pronto gira su cabeza hacia mi, me mira a los ojos y sin decir una sola palabra besa mis labios. Tierno. Dulce. Casto. Un beso de esos que no esperas, uno que te eriza la piel y hace que el planeta entero se detenga de golpe. Instintivamente cierro los ojos al juntar sus labios con los míos, sintiendo muy dentro de mí como los sentimientos fluyen de un cuerpo a otro. Un intenso intercambio de sensaciones que termina por hacer que abra los ojos para mirarla detenidamente al tiempo que las primeras luces se asoman por el gran ventanal del autobús. Sonrío y digo...¡Ya están!¡Las luces de Navidad!
Nervios. Mucha impaciencia. Una excitación creciente que culmina al bajar del autobús y mirar hacia el gran árbol iluminado que adorna la plaza. Cojo su mano enguantada y la llevo rápidamente a su base, saco el móvil del bolsillo y besándola en la mejilla hago una foto de ambos con el enorme árbol de fondo.
Quiero esa foto, deseo esa foto, anhelo esa foto.

Solo queda sentarme, cerrar los ojos y soñar.
Me despierto por la noche. Me meo. Si, tengo unas ganas tremendas de hacer pis. Voy al baño tanteando la pared, sin apenas abrir los ojos. Al girar el picaporte de la puerta me detengo un instante, huelo a ella. El perfume que ha quedado impregnado en su ropa y que unas horas antes había dejado tirada en el baño en un momento de pasión repentina ha llenado toda la habitación. Respiro profundamente y sonrío. Adoro ese olor, suave y afrutado. Sutil. 
De nuevo en la cama acaricio su pelo y ella se despierta. Gira su cabeza y con los ojos entornados me susurra un hola. Yo no puedo más que abrazarla y tras pegarle un pequeño mordisquito en su oreja decir...Duerme cielo, aún es pronto.
Mientras miro las sombras cambiantes en el impoluto techo, pienso. Escuchando su respiración cada vez más profunda, siento. Apagando lentamente esos sentidos, sueño. 

Solo queda sentarme, cerrar los ojos y soñar. 
Sumidos en un buen atasco me acomodo en el asiento del conductor y subo un poco el volumen de la radio. A los pocos minutos una canción empieza a sonar y ella tararea. Miro su perfil, observo como ladea la cabeza y mira al coche de al lado distraídamente. Su mano de pronto se dirige a la rueda del volumen, lo sube y empieza a cantar. Ese gesto me distrae hasta tal punto que el coche de atrás me da las largas para que continúe una decena de metros. Ella sigue cantando ajena a todo, su voz inunda el coche. Mi alma se encoge y aprieta para luego expandirse hasta el infinito y estallar a modo de big bang estelar. Una explosión de amor, deseo y ganas de estar dentro de ella, bajo su piel, en sus entrañas. Su voz hace que me pregunte...¿Existe la felicidad absoluta? De ser así, debe parecerse mucho a esto. Me digo al tiempo que cojo su mano, la acerco a mis labios y beso su palma. 

Cuentan las leyendas que Rhiannon era una mujer de una belleza increíble. La gran reina del mundo de las hadas, hija de un dios del inframundo, podía desenvolverse igual de bien en el lado de los vivos como en el de los muertos. Un día decidió salir de su confortable mundo e ir a parar al nuestro, entonces algunos la llamaron la reina de Mayo. Los antiguos druidas y magos encendían hogueras el día de Beltane en su honor, conmemorando la primavera, el reverdecer de los campos y el renacer de la vida tras el largo invierno. 
Allá, en el norte, los fríos mantenían la vida en un horrible letargo, el corazón prácticamente se paralizaba en su continuo latir y todo, incluso el amor, permanecía a la espera. Todo se detenía en el tiempo hasta que los primeros rayos del sol de la primavera calentaban esas tierras. La reina de Mayo salía de su oculto escondite y cabalgando desnuda en su precioso corcel iluminaba el mundo. 
Estos días estamos a punto de entrar en el oscuro invierno, y hoy quiero pedir un favor a Rhiannon si por casualidad estas palabras le llegan hasta su misteriosa morada. 
Bella dama de largos cabellos, señora de la vida y reina de la luz, no dejes que mi alma hiberne y se oscurezca pese a la llegada del frío. No permitas que deje de soñar, tan solo me queda eso.