La vida no se mide en minutos se mide en momentos.
A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.

jueves, 15 de mayo de 2014

El beso

Necesito escribir, realmente lo necesito. La impotencia me está matando. Puede que sea la única manera de lograr recordar como era su cara.
El deseo por perderme de nuevo en sus ojos es lo que ha hecho que lleve media hora intentando que mi mente vuelva a revivir algo ocurrido tan sólo un par de horas atrás. ¿Tan complicado es? No me he movido de la cama en todo este tiempo quizá para que todo estuviera de la misma forma y así poder repetir ese momento tan increíblemente sensual y mágico. ¡Maldita sea! ¿Por qué me habré despertado justo en ese instante?
Tengo miedo a que esa deliciosa escena se borre de mi mente y pase a formar parte de ese archivo akásico que fluye en el aire. Es un temor real y tangible, ya que cada segundo que pasa su recuerdo se va haciendo más vago y etéreo.
De nuevo ha sido una pelirroja de larga melena la que ha hecho que mi corazón vibre, se desboque y vuelva a latir. Sin embargo era muy distinta a la de ese primer sueño que tuve hace tiempo.
¿Cómo apareció? No lo se, es un auténtico misterio. La primera vez que recuerdo que la vi estábamos en una enorme tienda. Ella caminaba entre estanterías llenas de prendas, observando con deleite todos esos vestidos, pantalones y blusas. Mientras, yo pensaba en otro detalle que me tenía un poco loco. ¿Fuera de la tienda estaba Mario Vaquerizo?¿Y qué hacía en un desfile de Reyes vestido de payaso y con pantalones de colores? 
Aún le daba vueltas al tema de Mario cuando, de sopetón, en ese diáfano local que era la tienda apareció una estructura colgante. Una plataforma sustentada en el aire tan sólo por unos fuertes hilos de acero que venían de un techo altísimo, el cual creo que jamás logré vislumbrar. En ese instante escuché la voz de la pelirroja diciéndome que quería subir, y sin prestarle demasiada atención le contesté que yo esperaría dando una vuelta por abajo. 
Y fue entonces cuando alguien agitó su varita mágica, o quizá cupido lanzara una de sus conocidas flechas, incluso pudiera ser que un rayo de feromonas salidas de su precioso cuerpo acertara de lleno en la diana, justo en mi insensible corazón. Escoged lo que más os guste, pero lo cierto es que empezó a sonar "Lady in red" de fondo en la gigantesca tienda, aunque puede que esa canción sólo estuviera en mi mente. Y ahora que lo pienso, hacía años que no la escuchaba. ¿Por qué aparecería en el sueño en ese momento? En fin, que mientras la música empezaba a salir de algún sitio indeterminado miré hacia arriba buscando esos inexistentes altavoces. Un gesto mecánico supongo, pero que provocó que por fin la viera de verdad. Llevaba un vestido negro, ajustado, en el que no me había fijado hasta entonces. Brillaba, por la acción de unos focos que tampoco conseguía ubicar, lanzando destellos hacia mi. De pronto ella cogió un pañuelo de una estantería y se lo colocó alrededor del cuello y empiezó a bailar siguiendo el ritmo de la música. "....I'll never forget the way you look tonight....".
Incluso ahora, después de unas horas, mi corazón se acelera con ese sensual recuerdo. Ese baile me deshizo por dentro, derritió todas mis defensas y desde ese mismo instante me enamoré perdidamente de esa chica de pelo rojo.
Pasados un par de minutos y queriendo recordar ese mágico momento saqué mi móvil y la grité. ¡No bajes, que voy a hacerte una foto! Se que la llamé por su nombre pero por más que estrujo mi cerebro no consigo acordarme cual era. Sin embargo algo extraño sucedió repentinamente, un giro inexplicable de los acontecimientos. Mientras intentaba enfocar bien con la cámara del teléfono, alguien apareció de la nada y me cogió del brazo. Una rubia me decía algo sonriendo. ¡Ven a ver esto, Rubén! 
¡Dios! ¡No estaba sólo con la pelirroja! Había alguien más en la tienda acompañándonos. De hecho, tengo la sensación de que la protagonista de mi sueño, esa niña del vestido negro, era una amiga de la rubia.  
Un rato después del momento baile estabamos los tres en una zona de la tienda repleta de carritos con ropa colgada. Multitud de perchas sostenían prendas de todo tipo que la pelirroja miraba distraídamente. Paseaba tranquila, rozando la ropa con sus manos y sonriendo cada vez que algo le gustaba. 
De golpe, soltó la bomba. De espaldas, mientras continuaba desechando camisas y faldas que no le llamaban la atención me preguntó.....
- ¿Vas a besarme en algún momento o seguirás mirándome así eternamente?
- Eh.....¿qué? Conseguí decir sorprendido. 
- Esa mirada tuya me pone nerviosa.
- ¿Qué mirada?
Entonces se dió la vuelta y me miró a los ojos. Lentamente se acercó a mi. ¡Esa mujer era tan bonita! Mis palabras jamás podrían hacer justicia ante tal belleza. No soy capaz de poner adjetivos y describir a ese ángel que se movía con decisión y delicadeza hacia mi. 
Tan sólo puedo añadir que yo no estaba nervioso en absoluto, su mirada había evaporado cualquier sensación de intranquilidad. Sentía una paz terrible. La calma antes de la tormenta, sin ninguna duda. 
- Esta mirada. Dijo, acariciandome con sus suaves dedos uno de mis ojos. 
Dejé que llegara con su índice hasta la barbilla. Con los ojos cerrados sentía su perfume, su respiración, incluso llegué a intuir sus latidos a través de los finos capilares de las yemas de sus dedos. 
Abrí los ojos y vi su mirada, esa que ahora no puedo recordar. Era la de una mujer que acaba de rendirse ante lo evidente. Había una atracción entre ambos, química si queréis, 
Acerqué mi mano hacia su cara y ella giró su cabeza para apoyarse en ella. Y entonces lo hice. La besé. Un tímido beso en el que tan sólo nuestros labios se rozaban. Recuerdo que con la otra mano cogí la suya, y sentí su suavidad, su calidez. Me separé un instante de ella mordisqueando levemente su labio y no se como explicar esto, pero apareció una cama delante de mi. ¿Mobiliario de la tienda? La llevé de la mano hasta allí y nos sentamos en el borde. Observé su increíbles y grandes ojos, su nariz llena de pequitas, su largo pelo rojo y de nuevo la besé. Esta vez fue más pasional. Tumbados sobre el mullido colchón dábamos vueltas de un lado a otro sin despegar nuestros labios. Mis manos acariciaban su pelo y cintura, las suyas cogían con fuerza el edredón de tonos azules que cubría la cama. 
Unos minutos después ese beso paró y ella, que estaba sobre mi en ese instante, me dijo...besas bien. Al tiempo que apoyaba y acariciaba con su dedo mis labios, que dibujaban una amplia sonrisa. 
Iba a contestar algo cuando, en un acto de crueldad infinita, me he despertado abrazado a la almohada y con una gran erección.
Ha sido inútil volver a cerrar los ojos y pensar en esa mujer para dormirme de nuevo y continuar ese maravilloso sueño. Al darme cuenta de que sería imposible volver a soñar, he intentado concentrarme en su pelo, su nariz, sus ojos. Pero todas las tentativas han caído en saco roto y me ha sido imposible volver a esa cara. Como último, y desesperado, acto para evocar esos recuerdos he buscado "lady in red" en internet pero lo único que he conseguido ha sido derramar un par de lágrimas al pensar que jamás la volvería a tener en mis brazos. Esa pelirroja se había desvanecido en el mundo de los sueños y nunca más sus labios se unirían a los míos. 
Sin embargo si que hay algo que he conseguido llevarme de ese mundo onírico e irreal. "...I'll never forget the way you look tonight..." Si, jamás olvidaré ese brillante vestido negro.
 




jueves, 8 de mayo de 2014

Au revoir. (Parte 2)

"....en mis viajes por las indias he recopilado objetos y tesoros por valor de cien mil libras y es mi deseo que el gobierno pueda beneficiarse de ellas........si fracaso en mi empeño no pediré más merced que ser ejecutado, en cumplimiento de mi sentencia. Su desafortunado y humilde servidor, William Kidd."
Sentado en la lúgubre celda de la prisión de Newgate en Londres, kidd redactaba esta carta. Esa noche la impávida mirada de la parca se cernía sobre él. Una tenebrosa sombra que deseaba llevarle consigo y ese pliego de papel, garabateado con letras imprecisas, contenía su única oportunidad para librarse de ella. Su salvoconducto para esquivar la horca y por lo tanto a la maquiavélica muerte.
Pocos meses antes en Nueva York, como parte de la negociación para ser liberado de los cargos que se le imputaban, había desvelado el escondite de parte de su tesoro. En una pequeña porción de tierra al este de los Hamptons llamada Isla Gardiners había enterrado un botín de cerca de quince mil libras en oro y joyas. El gobernador de Nueva York, raudo y veloz, fue a por el tesoro descubriendo que era cierto que allí se encontraba, tal y como había dicho el bueno de Kidd. No obstante, no fue suficiente como para hacer la vista gorda y William fue llevado a la vieja Inglaterra para su juicio ante el parlamento. 
Allí, los delegados de la India querían la cabeza de Kidd por haber capturado el Quedagh Merchant, un navío mercante lleno de seda y oro con bandera francesa pero de pertenencia India. El Almirantazgo Inglés temiendo el cese de la fructífera relación con oriente condenó a Kidd haciendo caso omiso de la misiva que escribió en Newgate y del fabuloso tesoro que decía poseer.
Días más tarde, en las orillas del Támesis, el corsario William Kidd iba a ser ahorcado por piratería. Un ajusticiamiento que tendría que ser modélico para todo aquel marino que se viera tentado de traspasar la línea y convertirse en pirata. Por eso, embadurnaron el cuerpo inerte de Kidd con brea y lo colgaron, atado con cadenas, sobre el río. Cualquiera que transitara el Támesis en los dos años siguientes pudo ver el cuerpo descompuesto del capitán del Adventure Galley, el del señor William Kidd. Y así fue como la leyenda de ese magnífico tesoro llegó hasta el nuevo continente. Y por supuesto, tanto Rubén como Jack conocían esta leyenda que se contaba en todas las tabernas desde New Providence hasta Nueva Inglaterra. 
Alrededor de veinte años más tarde de la muerte de Kidd, Rubén el conquistador estaba sentado ante la feroz mirada de Anne Bonny.
- Creo que no has entendido bien tu situación, Conquistador. Empieza a hablar ahora mismo y te prometo que no seré demasiado cruel contigo, ya que de morir no te libras.
Rubén, sabiendo que aún tenía una carta en la manga, sonrió. 
- Anne, eso es lo que me gustaba de ti. La sensación al poseer a un animal salvaje cuando te follaba en esa sucia cama de aquella posada de Port Royal. 
En ese instante Mary se acercó y le abofeteó con ganas. 
- Habla, ¡maldito bastardo! Le ordenó Read.
- Jack, tranquiliza a tus gatitas o te quedarás sin saber el final del cuento. 
- Vamos chicas, dejadle terminar la jodida historia. Y tu, ¡déjate de rodeos y ve al grano!
- Bien, queridos amigos, ¿conocéis la isla del roble?

Oak Island es una pequeñísima isla en Nueva Escocia, Canadá. Allí, en esas rocosas playas, yace el mayor misterio de cuantos se narran en los viejos tratados. Un enigma que comenzó en 1795 y que a día de hoy no ha sido resuelto. En ese año, un grupo de tres adolescentes descubrieron algo que les llamó la atención. Andando por la isla se fijaron en una pequeña hondonada en el terreno, les pareció tan extraño que alguien hubiera hecho un agujero en ese inhóspito lugar que se pusieron a cavar. Así que, tan sólo armados con sus propias manos comenzaron a trabajar quitando arena y piedras. Y lo que descubrieron les dejó boquiabiertos. A unos 30 centímetros había una especie de enrejado hecho con pequeñas ramas y piedras. A la semana siguiente se citaron allí mismo, pero esta vez llevaban unas palas. Al mismo tiempo que ellos cavaban se dieron cuenta de que aquello tenía pinta de haber sido hecho por la mano del hombre, no era algo casual o un capricho de la naturaleza. Y eso se confirmó cuando a los tres metros de profundidad encontraron una plataforma hecha con troncos. 
Esos tres chavales, sin más medios que unas tristes palas y una enorme curiosidad, llegaron hasta los 10 metros. Y comprobaron que cada tres una nueva plataforma de troncos aparecía ante sus ojos. 
Algunos años más tarde una compañía formada con el único objetivo de desentrañar ese misterio, la Onslow Company, llegó a la isla y perforó hasta una profundidad de 27 metros. Encontrándose, por supuesto, con las susodichas plataformas cada vez que bajaban 3 metros más. Pero aquí viene lo más intrigante de todo este enigmático tema, al llegar a los 27 metros encontraron una tablilla de piedra grabada con unos extraños símbolos. Cuando lograron descifrar su significado surgió una increíble frase, "...14 pies más abajo, 2,000,000 de libras están enterradas....". 
¿Qué ocurrió entonces? El nuevo descubrimiento hizo que los trabajadores de la compañía corrieran demasiado a la hora de perforar, sin darse cuenta de que el que hizo aquel tremendo pozo puso alguna trampa para que no fuera tan sencillo apropiarse de lo que escondía. Muchos años más tarde se descubrió, en una playa cercana al lugar de perforación, que había un canal que comunicaba el pozo con el agua salada del mar. Los trabajadores de Onslow desconocían este hecho y al bajar unos 10 metros más, de los 27 donde encontraron la piedra con los símbolos grabados, todo se inundó. 
Desde entonces ha sido imposible dragar el pozo, ya que no sólo se comunica por un sólo canal con el mar sino que el arquitecto que diseñó el misterioso agujero horadó 5 de estos inoportunos conductos en el subsuelo de la isla. 
Estudios recientes sobre el pozo del dinero, nombre por el que es conocido ese enigmático agujero, dicen que fue construido alrededor del año 1700. William Kidd fue ahorcado a finales de Mayo de 1701. ¿Sería verdad lo que decía esa carta que escribió encerrado en una oscura celda en Londres?¿Es posible que el pozo del dinero esconda el legendario tesoro de Kidd?
Desde luego estos hechos eran totalmente desconocidos por El Conquistador, pero había llegado a sus oídos cierto rumor de una isla en el norte, más allá de Boston. Un marinero que había escuchado una historia de boca de una fulana cuya hermana regentaba una tasca, donde un desconocido sentado en una de sus mesas había mencionado que fue compañero de un viejo marino que había estado bajo el mando de uno de los que estuvieron con Kidd en el Adventure Galley. Esas historias hablaban de un pozo que construyeron ingenieros franceses que obedecían órdenes de cierto pirata Escocés.

- ¿La isla del roble? Preguntó Jack Rackham.
- Eso es, llévame a Boston y te diré exactamente donde está escondido el tesoro de William Kidd. Habrá oro y joyas suficientes para que puedas retirarte de la piratería y vivir feliz con tus gatitas ronroneando junto a ti. 
Calicó Jack cogió entonces una carta de navegación que había sobre su mesa.
- Indícame donde está, ¡vamos!
Rubén se iba a negar a hacerlo esgrimiendo cualquier estúpida razón cuando, de pronto, bajó alguien corriendo. Arriba, en cubierta, se empezó a escuchar cierto alboroto.
- Capitán, hemos avistado un mercante francés. Rumbo sur-suroeste, a unas 15 millas. 
- ¡Subamos! Y señalando a Rubén añadió, ¡átalo al mástil! 
Así que allí estaba el conquistador, amarrado al palo de la pequeña balandra de Jack Rackham. Una embarcación con apenas 8 cañones. Enfrente, a babor de la balandra, un navío de unos 40 cañones y quizá el doble de eslora. O Jack era muy bueno en lo suyo o Rubén acabaría siendo pasto de los tiburones.  

martes, 6 de mayo de 2014

I want to believe

Ross y Rachel. Rachel y Ross. Deseaba que esos dos acabaran juntos de una vez por todas. 
Cada día a las tres de la tarde ponía el plus para ver un nuevo episodio de friends y comprobar si por fin ambos se dejaban de tonterías y se declaraban amor eterno. Ya estaba cansado de que les buscaran parejas imposibles, con las que no pegaban para nada. Esos dos habían nacido para estar juntos y así debía ser, así que cuando vi en el último episodio, justo hace ahora 10 años, que el amor saldría victorioso respiré profundamente y sonreí.  
En una habitación de hotel dos bandos enfrentados se desafían a gritos, los de narcóticos por un lado y los hombres de Drexler por otro. Y en medio estaban ellos, Clarence y Alabama, intentando cerrar el negocio de sus vidas. Pero la cosa de pronto se desmadra y, en esa habitación de hotel de Los Angeles, empieza la locura en forma de lluvia de balas. Cuando en ese instante vi que a Clarence le impactaba uno de esos proyectiles perdido en ese tremendo caos, mi corazón se encogió y grité un no entre indignado y triste. Quizá no fuera tan espectacular como el lamento de la señorita Worley al ver a su querido Clarence allí tirado con la cara desfigurada, pero sinceramente quise atravesar la pantalla y liarme a tiros por pura venganza. Pero esa sed de sangre pasó a los pocos segundos al ver que no había muerto y que esa bala tan sólo le había rozado. Si, el amor triunfaba de nuevo. Clarence y Alabama tendrían un hijo al que llamarían Elvis y vivirían felices el resto de sus tranquilas vidas. 
Estaba en el cine, tendría 19 años y la sala estaba prácticamente desierta. En un instante, sentado en esa butaca, todo mi mundo se precipitó hacia un oscuro vacío y rompí a llorar como un crio al ver que le habían disparado, Guido había muerto fusilado por un jodido nazi. Jamás vi a un personaje como el que interpretaba Roberto Benigni, lleno de vitalidad y alegría. Ese tipo era genial y ahora estaba muerto, no lo podía creer. Me negué a pensar que jamás volvería a ver a su princesa y al salir del cine aún llorando me imaginé que Dora y él se reunían mientras los soldados americanos liberaban a la gente del campo de concentración. Cerré los ojos y vi a ese italiano, menudo y extremadamente delgado, saliendo del oscuro callejón donde había sufrido ese traicionero disparo y arreglándose un poco el pelo ir al encuentro de su maravillosa Dora. ¡Buenos días, princesa! Le diría con una amplia sonrisa mientras la abrazaba y la besaba y el pequeño Giosué, se agarraba a su cintura y gritaba....¡papa, papa, hemos ganado el tanque! ¿Verdad que si? Quizá sea por eso que a partir de ese día me prometí que cuando amara a alguna mujer, todas y cada una de las mañanas que estuviera a su lado le daría los buenos días de una forma especial. Guido no habría muerto en vano, su espíritu seguiría en mi. El romanticismo no moriría mientras yo creyera en el amor verdadero y eterno.
Siempre he creído que alguien en algún lado me amaría, que al despertar pensaría en mi. Quizá al tomarse el primer café en el trabajo su mente la llevaría hasta la noche anterior cuando, tumbados en el sofá, le acariciaba la mano al ver juntos la tele. Y que al comer me echaría tanto en falta que me llamaría por teléfono y le diría cuanto la amo y que mi existencia no tendría ningún sentido sin ella a mi lado. Desde que fui un adolescente soñé que abrazaría a una preciosa mujer por las noches, jugando en la cama entrelazando las piernas. 
Pero lo más sorprendente es que tuve todo eso, y mucho más. Mi sueño se cumplió. Entonces, ¿por qué cuando me pidieron dar un paso más no lo hice? Esa pregunta me rondó por la cabeza durante varios meses. Hasta que decidí que era una tontería seguir dándole vueltas y empecé a conocer a otras mujeres. Si ella no era mi princesa, quizá mi destino aún estuviera esperándome en algún lugar.  Sin embargo cometí un error, un fallo que me hizo sentirme mal. Comencé a dar los buenos días a varias mujeres a la vez. Durante un par de meses, puede que alguno más, cada mañana escribía a 10 o 15 chicas. Se suponía que debía ser un mensaje especial de buenos días, intentaba que fuera distinto cada mañana y para cada chica. Era realmente agotador, toda mi capacidad inventiva estaba a punto de desbordar. Mí objetivo no era camelarlas y llevarlas a la cama, eso creo que todas lo tenían claro. Mi único propósito era enamorarlas como Guido hizo con su principessa y ahí es donde estaba mi error. 
Yo no se jugar a lo que juegan los demás. Una mañana me sentí horriblemente mal. Entre mensaje y mensaje levanté la cabeza y miré por la ventana del autobus. Cuando aparezca esa mujer especial, ¿qué mensaje de buenos días distinguirá a una de otra? Desde ese momento no pude escribir más mensajes de ese estilo. 
Algunas de esas chicas desaparecieron por creer que ya no deseaba saber de ellas, otras siguieron escribiendo preguntándome el motivo de mi silencio. 
No es que no pensara en esas mujeres al escribirme con ellas, tan sólo es que quiero que esa mujer que me enamore se sienta especial. 
No me imagino a Roberto Benigni dando los buenos días a otra que no fuera su principessa, ni a Alabama llorando por otro hombre de la forma como lo hizo al creer que Clarence estaba muerto, ni tan siquiera se me puede pasar por la cabeza otro final de friends en el que Ross no acabe con Rachel. 
Sé que en algún lugar se encuentra esa mujer que se merece mis besos, mis caricias y mis buenos días. Tiene que existir esa chica, lo sé. Esta historia tiene que acabar bien, no puede ser de otro modo.
Necesito y quiero pensar de esta forma, porque yo soy así. Simplemente por eso, creo en el amor verdadero y el destino. La inquebrantable fe en esos conceptos ha hecho que cada día de mi vida tenga ganas de levantarme. Cuando tuve el amor y ahora que no lo tengo. 
Quiero creer, necesito creer. 





jueves, 1 de mayo de 2014

Au revoir. (Parte 1)

Rubén el conquistador se encontraba en medio del océano, llevaba casi una semana en ese pequeño bote y empezaba a creer que su momento llegaba al final. Apenas le quedaban fuerzas y ni tan siquiera podia ponerse en pie sin marearse. 
No era un tipo religioso pero en esos instantes de desesperación rezó. Pidió al cielo un pequeño milagro. Miró hacia arriba y observó una nube que se deslizaba lentamente cambiando de forma. ¡¡¡Ayúdadme!!! Gritó con las pocas energías que le quedaban. 
Como respuesta a las súplicas del conquistador tan sólo se escuchó un abrumador silencio que lo envolvía todo. Esa ausencia total de cualquier sonido le estaba volviendo loco. Se quitó entonces la camisa que llevaba puesta y la remojó en el agua salada. La puso sobre su cabeza y se tumbó, cerrando los ojos esperando la inevitable muerte.
Un marino debe morir en el mar, eso pensaba en esos momentos. Ser engullido por ese entorno, que tanto respeto le merecía, era la muerte perfecta que todo pirata deseaba. No hay un lugar mejor para reunirse con el diablo y pedir que le abran las puertas del infierno.
En estas y otras disquisiciones se encontraba cuando de pronto notó que la pequeña embarcación se movía, un pequeño vaivén mecía su cuerpo. Algún delfín curioseando, se dijo sin levantar la cabeza. Sin embargo el balanceo se fue haciendo cada vez más intenso. ¿Eran voces eso que escuchaba?
Rápidamente se incorporó y lo que vió le hizo maldecir su suerte. Quizá hubiera sido preferible haber estado muerto que ser rescatado por esa balandra, intuyó en ese instante. 
Delante de él, a menos de media milla de distancia observaba ondear la Jolly Roger, la famosa bandera negra pirata. Muchos capitanes con cierto nombre se distinguían por variar el típico diseño de la calavera cruzada por dos tibias. La que tenía ante sus ojos en ese preciso instante tenía también una calavera pero bajo ella en vez de los dos huesos eran dos sables los que se cruzaban. ¡Maldita sea mi suerte! Debió gruñir entre dientes Rubén. 
Juntando todo el orgullo que pudo se puso en pie y esperó a que la balandra de un sólo palo llegara a él. Cuando estuvo lo suficientemente cerca para que le escucharan gritó....
- ¿Donde está vuestro miserable capitán?
Todos los marineros miraron hacia atrás y de pronto la figura de un hombre vestido con ropas de colores se asomó por la borda, se escuchó entonces una potente risa que resonó a la largo de todo el barco.
- ¡Pero mirad a quien hemos pescado!¡Si es el mismísimo Conquistador!
- Jack, súbeme. Necesito hablar contigo. 
- ¿Estamos en alguna taberna mugrienta? Aquí soy el Capitán Rackham, ¡muestrame algo de respeto!
- Muy bien capitán, acepta mis disculpas y deja que suba. 
- Creo que te las apañas muy bien tu solito, Conquistador.
Rubén tenía que captar la atención de Calicó Jack pero no podía decirle nada sobre el cofre de Barbanegra y la misteriosa isla en la que había dejado anclado su buque. Sin embargo se le estaba ocurriendo una idea, ¿funcionaría? Era improbable, además de colársela a Jack tenía otro par de huesos muy duros de roer. Por cierto, se preguntó, ¿por qué no salían de su escondite para saludar?
- Jack, tengo algo con lo que negociar. He encontrado el tesoro de kidd. 
- ¡Perro mentiroso! ¿Por qué tendría que creerte?
- ¿Qué pierdes escuchándome? Vamos, súbeme y te lo cuento. Si no te convence mi historia podrás echarme al mar de nuevo. 
Jack sostuvo la mirada de Rubén durante unos breves segundos tras lo cual se dirigió a la tripulación con un grito. 
- ¡Subidle!
Una tímida sonrisa se descubrió en el rostro del conquistador. ¡Bien! Había picado. Pero lo más difícil estaba por llegar. 
Un par de horas más tarde Rubén estaba en el camarote del capitán. Despertar la avaricia de Jack Rackham era una cosa pero lidiar con las otras dos personas que en ese instante acompañaban a los dos capitanes era otra muy distinta. 
Anne Bonny y Mary Read le miraban con desprecio. Con una de ellas había tenido un pequeño romance, por llamarlo de alguna manera, mucho tiempo atrás.
Hubo unos días en la vida de Rubén en los que el ron era una parte importante, algunos que le conocieron por aquellas fechas llegaron a decir que si rajaban al conquistador en alguna pelea en vez de sangre lo que surgiría de sus venas sería alcohol. En fin, fue en esos extraños días en los que iba de puerto en puerto y de taberna en taberna donde conoció a una mujer como no había visto nunca. Anne era una más de ellos, decía las mismas bravatas, manejaba la espada como el mejor, y tenía el inoportuno don de enamorar a quien ella se propusiera. Y creedme, era una mujer tan bella como caprichosa. 
Anne estaba casada con un pirata de tres al cuarto pero eso no era ningún impedimento para ella, ya que el muy bobo del marido se pasaba meses enteros lejos de Port Royal, que era donde en ese momento residían. 
Y dió la casualidad de que a ella se le puso entre ceja y ceja camelarse a aquel desconocido al que todo el mundo llamaba Conquistador. Sinceramente, conozco la historia de fuentes bastantes cercanas y no me equivocaría al decir que ella acabó enamorándose de Rubén, cosa nada descabellada. Al contrario de lo que se pueda pensar el conquistador era un verdadero caballero para los estándares de los piratas del momento. Sin ninguna duda, Rubén hacia honor a su apodo. Pero, como decía un poco más arriba, la etapa por la que discurría la vida del conquistador no era la idónea para dejarse embaucar por dama alguna. Así que todas las intentonas de Anne se toparon con un alto muro. Pared que jamás pudo saltar ni traspasar, y su orgullo quedó herido. Rubén había sido el primer hombre que se había resistido a sus encantos. 
Pocos meses después Anne conoció a Jack y se enamoró de la personalidad de este excéntrico pirata de ropajes llamativos. Rackham que por aquel entonces ya era un corsario con gran reputación habló con el marido pero éste se negó a divorciarse de ella. Entonces, el gobernador de Jamaica tomó cartas en el asunto y convenció al marido para que a cambio de algo de dinero la dejase marchar. Sin embargo esta vez fue Jack, el muy agarrado, el que no quiso pagar lo que pedía el cornudo marido. Así que un buen día, Anne Bonny se disfrazó de hombre y se unió a la tripulación del capitán Rackham. La bella Anne fue la primera mujer pirata, o quizá no. Porque varios meses más tarde la rápida y ligera balandra de Calicó Jack abordó otro buque en el que había un bravo marinero. Este se unió a la tripulación de Rackham y con el tiempo se percató de que Anne pasaba muchas horas junto a ese joven. Celoso, lo mandó llamar a su camarote para asustarle sin duda, pero por arte de magia ese marinero se convirtió en Mary Read. Otra alma con ganas de aventuras que sólo pudo hacerse pasar por hombre para vivir su sueño, ser un pirata. 
Así que el jodido Jack no sólo tenía una mujer a bordo de su buque sino a dos, extremadamente bonitas y ambas enamoradas de él. Tipo con suerte dirían muchos. 
¿Tríos?¿Cuernos?¿Mujeres vestidas de hombre?¿Esto es una historia de piratas o el sálvame deluxe?
Sea como fuere, una cosa es bien cierta. Cuando varios años después de este episodio con Rubén el conquistador, detuvieron a Jack por piratería, él fue juzgado y condenado. Sin embargo, tanto el juicio de Anne Bonny como el de Mary Read fueron pospuestos porque ambas estaban embarazadas del bueno de Jack. Lo dicho, un tipo con suerte. 
- ¡¿Cómo te atreves a exigirme nada?! Exclamó el llamativo pirata. 
- Necesito que me lleves a Boston, entonces te diré donde está exactamente la isla. Tan sólo se encuentra a un par de días de navegación de allí. 
Al escuchar la prepotencia de Rubén, Jack sonrió e iba a contestar algo cuando Anne rompió su silencio. Tenía la mirada de una pantera a punto de saltar sobre su víctima para devorarla. 
- Creo que no has entendido bien tu situación, Conquistador. Empieza a hablar ahora mismo y prometo no ser demasiado cruel contigo, porque de morir no te libras.