La vida no se mide en minutos se mide en momentos.
A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.

lunes, 21 de agosto de 2017

Capítulo 15: Bailar en la habitación.

Hace unos tres años alguien me hizo un extraño ofrecimiento.

Me acababa de topar con ella cinco minutos antes, en una de esas muchas aplicaciones que existen para conocer  gente.
Era una de esas noches solitarias y tristes que abundan en mi vida. Tengo una fantasia, me dijo. Enrollarme en el metro con un desconocido. Al instante pensé que era una broma, un tio haciendose el gracioso. Aún asi le seguí el rollo, total no habia nada mejor que hacer.

Durante la media hora siguiente concretamos como seria el encuentro.
Habia una regla unicamente. Ninguno de los dos podia decir una sola palabra. La impuse yo y ella aceptó.

A la mañana siguiente, al llegar a la parada en la que habiamos quedado, no pensé que estaría asi que me sorprendió ver a una chica en el punto en el que habiamos dicho de vernos.

Muy bien, le dije la noche anterior. Alli estaré a las 8:30. Me pararé a unos metros de ti, si quieres que me acerque y continuar con todo, hazme un gesto afirmativo con la cabeza. Si quieres anular el asunto tan solo da media vuelta y desaparece.

Alli parado, durante el breve instante en el que ella decidió que todo continuara, la observé. Iba con vaqueros y camisa oscura. Pelo oscuro también, rizado. Sonreia mientras movió la cabeza afirmativamente.

Yo ni tan siquiera estaba nervioso porque no esperaba encontrar a nadie. Pero en el mismo momento de decirne que si, una pregunta hizo que algo dentro del estomago me hiciera cosquillas. ¿qué hago?

No lo pensé más. Fui hacia ella con paso decidido y la besé en los labios. Primero fue algo tierno, timido, sugerente. Diez segundos después nuestras lenguas jugaban en el interior de las bocas. Una de mis manos sujetaba su cabeza, la otra cogia su mano a la altura de la cadera.
No se cuanto tiempo duró aquello pero al finalizar ella continuaba sonriendo, motivo por el cual la hice un gesto con la mano para dirigirnos a los tornos de entrada al metro.

Esperando en el andén me apoyé en la pared y ella en mi. Nuestros cuerpos estaban muy juntos, tanto que ella debió notar la excitación creciente bajo mis pantalones. Deslizó la mano hacia abajo por mi cuerpo y rozó mi polla a traves de los vaqueros. Yo le metí las manos en los bolsillos traseros del pantalon apretandole el culo contra mi.

Un primer tren pasó. Apenas nos dimos cuenta hasta que sonó el pitido avisando que las puertas se cerraban. Ambos sonreimos y seguimos basándonos hasta que el siguiente tren hizo acto de presencia. Entonces la cogí de la mano y entramos.

El vagón estaba hasta arriba pero encontramos un hueco en el que ella y yo nos fundimos con las paredes para mimetizarnos con el propio vagón.

La empotraba contra la pared con mi cadera. Empujones leves. Ella gemia sutilmente. Lo notaba tras los auriculares que me mantenian ausente del mundo. Escuchando música con el volumen muy bajo para poder oir esos suspiros que de vez en cuando, y sólo en los breves momentos en los que nuestros labios se separaban, lanzaba al aire.

De pronto me hizo una señal. Esa era su parada. Me cogió de la mano y me sacó con ella. En las escaleras mecánicas se puso delante. Me agaché un poco y le pegué un pequeño mordisco en el culo. Ella se giró y metió la mano bajo los pantalones. Me tocó la polla erecta.

Traspasados los tornos de salida y en la misma boca del metro me paré. Ese era el final del trato. Acompañarla hasta su trabajo y luego desaparecer para siempre.
Sin embargo ella rompió la unica norma que había en todo aquel asunto.
¿Cuando follamos? Me preguntó.
Yo no follo sin estar enamorado, la contesté dandome la vuelta y volviendo a coger el metro hacia mi destino.

Jodido estúpido. Me dije en el vagón nuevamente, pero ahora solo y sin manos que me sobaran.
¿Por qué tienes que ser asi?

Ella, aquella noche y varias más, me siguió escribiendo. Hablamos durante un tiempo. Incluso me pidió que la llevara de viaje en ese verano que ya empezaba a vislumbrarse. Quiero ir contigo a un sitio que siempre me ha apetecido, me decía.
Lo siento, solo viajo con alguien si estoy enamorado.
Pero, ¡qué cojones te pasa Rubén!

Unas nuevas vacaciones llegan a su fin. Sol, playa, helados...Pero nadie en el asiento del acompañante, nadie cantando junto a mi para amenizar el camino.
Debes dejar que las cosas fluyan, me han recomendado no hace mucho tiempo. Tan sólo dejar que lo que tenga que ocurrir pase sin más. Pero no puedo, son dos normas que simplemente no puedo olvidar. No quiero follar sin sentir algo por ella y no puedo viajar con nadie de la que no esté enamorado.

¿Por qué? Obvio. Quiero bailar en la habitación del hotel, para después hacer el amor hasta el amanecer.

Capítulo 14: La increible futilidad de ser romántico.

Creo que la culpa de todo la tuvo Elvis.

"I wonder if you're lonesome tonight.
You know someone said that the world's a stage. And each must play a part.
Fate had me playing in love you as my sweet heart.
Act one was when we met, I loved you at first glance.
You read your line so cleverly and never missed a cue.
Then came act two."

"And when you smile the world is brighter,
You touch my hand and I'm a king.
Your kiss to me is worth a fortune,
Your love for me is everything.
I'll guess I'll never know the reason why
You love me like you do.
That's the wonder, the wonder of you."

"Wise men say, only fools rush in.
But I can't help falling in love with you.
Shall I stay? Would it be a sin?
If I can't help falling in love with you?"

"Love me tender, love me dear, 
tell me you are mine. 
I´ll be yours through all the years, 
till the end of time."

Con 10 años cayó en mis manos una cinta de casette de Elvis. Durante los diez años siguientes la escuché hasta la saciedad aprendiendo de las letras del "rey" lo que era el amor. Sin duda, Elvis fue el culpable de todo.

Esta tarde me ha dado por poner en el móvil una recopilación de sus éxitos que me compré hace tres o cuatro años. Mientras veía una preciosa puesta de sol e inevitablemente a una pareja disfrutando de ella, he pensado en lo inútil que me ha sido ser romántico. 

En realidad tuve momentos preciosos. Situaciones en las que deseé dominar el tiempo y detenerlo para siempre. 

Desde luego despertar y observar a alguien a tu lado es uno de esos instantes. Las pocas veces que ha sucedido me he preguntado que estaría soñando ella, que pasaría por su mente, cuáles serian sus sueños.

Ver su cuerpo desnudo sobre la cama, acariciarlo suavemente para que no se despierte, sentir su cálida piel con las yemas de los dedos. Quizá, con mucho cuidado, besar sus labios pasando antes los mios por su mejilla. 

Es muy probable que en una escena muy parecida a estas, Elvis escribiera eso de "...no puedo evitar estar enamorado de ti..."

Deslizando lentamente la mano hasta llegar a la cadera y dejarla ahi el tiempo suficiente para sentir el calor de su cuerpo. La otra mano descansando sobre la almohada, bajo la cabeza que mantiene su mirada fija en ella. Observando su respiración, la cadencia de su pecho, su silueta en la oscuridad de la habitación. Si, ciertamente Elvis diría entonces algo como "...seré tuyo para el resto de mis dias..."

Viendo esa puesta de sol y a esa anónima pareja he tenido envidia. Lo confieso. 

"Don't, don't, that's what you say. Each time that I hold you this way. When I feel like this and I want to hold you, baby, don't say don't." 

Al hacer la foto escuchaba justamente esta canción. Pensaba en lo bonito que sería decir alguna vez que si. Responder con un si rotundo al amor y porqué no, ser yo el protagonista de una estampa parecida. 

Tumbados en el agua, acoplados de tal manera que sintieramos la piel húmeda de nuestros cuerpos. El sol pegando en los sonrientes rostros llenándolos de una calidez y una luminosidad angelical. Las manos bajo el agua jugando, acariciando traviesamente partes ocultas y prohibidas de la anatomía. Besos salados. Abrazos llenos de sutileza. Timidas sonrisas, miradas pícaras. Palabras de amor susurradas al oído. Quizá un te amo. Puede que un siempre estaré a tu lado. Ojos que levemente se desvian hacia el sol para contemplar, y a la vez comprobar, que el tiempo no se detiene por y para nadie, por muchas ganas que tengas de que eso ocurra y que ese atardecer sea eterno.

"..let our love survive. Or dry the tears from your eyes. Let's don't let a good thing die..."

Definitivamente él tuvo la culpa de que yo sea un estúpido romántico. Esa idea, el concepto mismo de romanticismo, solo funciona en películas de Hollywood cuyos guiones estan escritos por gentes que quizá escucharon a Elvis tanto como yo. Los protas de El diario de Noah, Love actually, Serendipity, o Ghost, por poner unos simples ejemplos, se quedarian a dos velas en la vida real observando a mi lado la puesta de sol. Bueno, quizá Ryan Gosling tuviera algo de fortuna, por lo que sé todas suspiran por él. ¡Tipo con suerte! 

Nota: Las letras utilizadas son de las siguientes canciones, por si alguien tiene curiosidad y ganas de escucharlas. "Are you lonesome tonight?" "The wonder of you" "Can't help falling in love" "Love me tender" "Don't" "Suspicious minds"

sábado, 19 de agosto de 2017

Capítulo 13: Pequeñas pinceladas.

Capítulo 12: El polvo de Cantor.

Parece algo del estilo de Michael Curtiz en Casablanca. Ese final, que nunca acabó de gustarme del todo, en el que Rick (Bogart) se despide de Ilsa. (Ingrid Bergman)
"Siempre nos quedará París. No lo teníamos, lo habíamos perdido hasta que viniste a Casablanca, pero lo recuperamos anoche."
Parece romántico, pero en absoluto lo es. Joder, Rick. ¡Qué bobo eres! Besa a Ilsa en vez de largarla en el avión. Fúgate con ella a una paradisíaca isla y tened muchos churumbeles que correteen por la playa.

¿Por qué el cielo nocturno es oscuro? ¿Nunca os habéis hecho esa pregunta?

La escena se situa en un coche en el que hay un chico y una chica. Ambos se abrazan, se miran levemente a los ojos para, una vez más, fundirse en un nuevo abrazo. Mejilla contra mejilla ella le susurra algo. Te quiero, le dice al oído. Al escuchar esas palabras, él busca los labios de ella. Los besa suavemente, saboreando el momento. Dedicando cada latido de su corazón a ese instante, mordisquea el labio inferior de ella. Separarandose unos milimetros, aprovecha para decir. Yo también te quiero.
Baja del coche y camina unos metros, se da la vuelta mientras él la observa. Ella sonrie. 
Luego él arranca el coche y acelera rápidamente, perdiendose en la oscuridad de la noche.
La escena termina con un fundido a negro. La música que ameniza los títulos de crédito deja a varios espectadores anónimos con las lágrimas correteando por sus mejillas, esperando (deseando) que sea un taquillazo y haya una segunda parte.

¿Por qué el cielo por la noche es oscuro? ¿Por qué todas las estrellas del universo no alumbraron, con todo su esplendor y potencia, ese momento para que él pudiera tener un mejor recuerdo de aquel instante? Me pregunto, metiéndome en el papel de aquel chico.

La paradoja de Olbers es algo que inquietó a los científicos de medio mundo desde el siglo XVI.
Suponiendo un universo infinito y una cantidad de estrellas igualmente infinitas y homogeneamente distribuidas, matemáticamente se demostraba que hacia cualquier punto que mirasemos del cielo nos toparíamos con una estrella cuya luz apuntaría directamente a la tierra. Es decir, el cielo por la noche tendría que ser una fiesta de luz cual concierto iluminado por potentes focos.

¡Coño! Debió exclamar el matemático que por primera vez se encontró con el problema. ¡Pero si la noche es tan oscura como el mismísimo infierno!

Los astrofísicos, entonces, empezaron a darle vueltas al asunto. ¿Qué es lo que ocurre aquí? Se preguntaban extrañados. A partir del siglo XIX a este dilema se le conoció como la paradoja de Olbers.

Bien, ¿cuál es la solución?
¿La intensidad de la luz de las estrellas decrece? ¿Cuerpos opacos que obstaculizan que esa luz nos ilumine? ¿Las estrellas no son infinitas? ¿O es el universo el que es finito?
La respuesta más bonita es la del polvo de Cantor.

Un matemático llamado Mandelbrot sugirió que quizá las estrellas y galaxias no estuvieran distribuidas homogeneamente. Es decir, que no tenia porqué haber regiones del cielo en las que hubiera astro alguno. Demostró que las galaxias y estrellas del firmamento seguían un patrón fractal. El polvo de Cantor.

Una linea recta, divididla en tres trozos. Quitad el de en medio. Volved a dividir los segmentos en tres partes y eliminad el central. Y asi sucesivamente. Hacedlo un buen número de veces y tendréis el fractal llamado polvo de Cantor. La solución por la que la noche es oscura y ese chico no pudo contemplar con más precisión cada detalle de la sonrisa de aquella chica.

¡Malditos fractales! Puedo imaginar que dijo ese chico en mitad de una oscura noche estrellada, tras ese fundido a negro.

Capítulo 11: El cuento de Oliver.

Pearl Jam sonaba de fondo. Bee girl, la canción. Los acordes de la guitarra retumbaban en el interior del coche ya que él había subido el volumen a tope. Queria dejar que el sonido envolviera aquel lugar, no deseaba hablar.
Ella le miró, sonrió. Unos segundos después, cuando él desvió la mirada hacia el tráfico, ella aprovechó para decir..."lo voy a tener. Aqui dentro está nuestro hijo."

Doce horas antes. En algun lugar, ella debía estar bailando o quizá bebiendo o puede que tan sólo estuviera sentada en alguna mesa de cualquier oscuro garito, observando su teléfono mientras alguien le hablaba.
Él, en cambio, no tenía ni idea de que aquella noche la vería. Habia desechado la idea tan pronto como se le asomó por la mente. No, ella no se acordará. Se dijo mientras conducia hacia casa aquella noche.

Bajó el volumen un poco mientras Eddie Vedder cantaba. "...you know time is long, life is short. Begin to live while still you can..."
Ella, entonces, lo repitió. Voy a tenerlo, seremos padres.
La reacción inmediata de él fue coger la mano de ella, acariciar sus dedos y mirarla mientras detenidos en un semáforo, no podía creer que aquello estuviera sucediendo. Ella sonreía. ¿Era una broma?
Él empezó a llorar de alegría. A ella también le resbalaron algunas lágrimas por sus mejillas.

Diez horas antes ambos estaban tumbados en un sofá. Ella posaba su cabeza en el estomago de él. Mientras él acariciaba su largo y oscuro pelo, ella lloraba, pero en esta ocasión de tristeza. Las pequeñas gotitas saladas caian sobre el pantalón de su pijama. Me voy dos años, y ni tu ni nadie puede hacer nada para evitarlo, decía compungida. Él solo escuchaba, no deseaba decir nada. No habia más que añadir a lo que ya le habia dicho. En esos momentos solo podía consolarla y sentir esos instantes como si fueran los últimos aprovechando cada segundo para memorizar cada poro de su piel.

La guitarra susurraba ahora. "...Bee girl, be a girl..."
Oliver esta dentro, ya lo siento. Dijo ella, dejándose llevar por el momento y posando la mano que tenía libre sobre su tripita.
Él no paraba de pensar. Dios, ¡cuánto quiero a esta chica!

Siete horas antes estaban sobre la cama. Observaban el reloj de la mesilla de noche. ¿Sabes? Dijo él. Naci un día como hoy a las seis de la mañana. Ella observó el reloj, quedaban un par de minutos aún. Se arrimó a él, en estos instantes tu madre debia estar maldiciendo el momento en el que se folló a tu padre. Sostuvo con mirada sonriente mientras le acariciaba su cara. Después le besó dulcemente. Felicidades, soltó tras ese precioso regalo en forma de beso.

¡Jo! ¡Ya me lo podias haber dicho antes de subir al coche! Reía él, mientras se secaba las lágrimas queriendo abrazarla sin poder hacerlo.
Pearl Jam habia desaparecido hacia unos segundos, pero ya no importaba. Tan solo escuchaba los latidos de su corazón a mil por hora.

Seis horas antes él y ella hacian el amor. Él solo pensaba en disfrutar cada instante, posaba su mirada en la de ella. Esos oscuros ojos llenaban toda su alma, su boca exhalaba deseo, una pasión que mostraba con besos en la comisura de los labios, jugando con la lengua y sintiendo el cálido aliento dentro de él.
Ni sus prominentes pechos, ni el precioso culo que agarraba con sus manos le atraia tanto como aquella cara desencajada de placer. Amaba ese rostro.

Por fin pudo parar el coche y bajar. Lo rodeó lo más rápido que pudo y casi al tiempo que ella abría la puerta se abalanzó a abrazarla. Tenía que sentirla, necesitaba hacerlo. Te quiero, dijo él. Te amo, respondió ella.

Cinco horas antes ella estaba en la calle. Desorientada. Perdida en mitad de la nada. ¿Como has podido hacerlo? Le preguntó al teléfono. No lo he pensado, tan sólo he vivido el momento y no me he dado cuenta. Lo siento. Vente y hablamos. Le suplicó él, en esa llamada. Estoy yendo para allá. Dijo aún enfadada, añadiendo ¿lo has hecho para que no me vaya? No quiero que te vayas porque te quiero, no porque te puedas quedar embarazada o no.

Después de dejarla, él subió de nuevo al coche. El interior olía a ella. Respiró profundamente y sonrió.

Cuatro horas antes estaban nuevamente en el sofá. Ahora ella, sentada, sostenía una cerveza en la mano. Más tranquila empezó a hablar de una posibilidad de quedarse. Aun puedo cambiar de opinión. Él creyó verla sonreir. Trás un par de horas de charla se trasladaron de nuevo a la cama y volvieron a hacer el amor.

Al salir del coche la escribió. Ya he llegado, te quiero. Ella respondió, vamos a tenerlo, de verdad. Te amo.

Eddie Vedder, el vocalista de Pearl Jam, resuena ahora en mis oidos. Los rítmicos acordes de su guitarra acompañan a la letra de Bee girl. "...everything you imagine needn't be stuck in your mind..."
El cuento de Oliver.

viernes, 18 de agosto de 2017

Capítulo 10: Yo, robot.

Tenía un libro en mis manos.
Su primera página constaba de tres sentencias. Breves y concisas normas.

Primera Ley: Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
Segunda Ley: Un robot debe hacer o realizar las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la 1ª Ley.
Tercera Ley; Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la 1ª o la 2ª Ley.

Durante mucho tiempo no pasé de esa primera página. Cogia el libro, lo abría, leia las leyes y lo cerraba.
Pasados unos meses de indecisiones y tras leer un millón de veces esas breves normas, un Rubén adolescente leyó por primera vez la novela de Asimov.

En una ocasión conocí a una persona que los construía. Hacia robots. Su confesión una mañana paseando por un poco transitado parque me dejó perplejo. ¿Pero pones tu los chips y sensores? Si, claro. Respondió. Mi extrañeza era lógica, esa persona no tenia apariencia ninguna de "profesor bacterio", típico cliché de científico loco pero que todos tenemos en mente al hablar de experimentos con bata blanca y miles de circuitos rondando por mesas con cachivaches de toda índole.

¿Por qué tardé tanto tiempo en decidirme a leer "Yo, robot"? Tenía muchas expectativas ante aquel libro. Habia escuchado tantas cosas que quizá no deseaba empezarlo para no acabarlo jamás. 

Los robots más simples son los autómatas. "Seres" que de un modo u otro saben lo que tienen que hacer y donde ir. Mediante una serie de algoritmos llegan a deducir cual es el siguiente paso.
Eso es lo que me empezó a alucinar de este mundo cuando era un simple niño que imaginaba un futuro al estilo de Blade Runner.
Los autómatas no tenian dudas.

¿En cuantas ocasiones hay que insistir hasta conseguir tus sueños?
Una pregunta sencilla para un pequeño robot, una muy complicada para un humano.
"For i:=1 to 500". Un contador (i) y un maldito bucle que llega hasta el número en cuestión. Después de eso, el robot pasa a la siguiente tarea.
No hay duda alguna posible. Cuando el contador llega a 500 (i:=500) el algoritmo termina (End) y los circuitos analógicos y digitales del cerebro "pensante" de la máquina se dedican a otros menesteres.

Los humanos (yo) somos distintos. Al bajar de una montaña rusa, por ejemplo no puedo simplemente pasar a otra cosa. ¡Quiero repetir!

Es bien cierto que los viejos autómatas y los hombres de hojalata del mago de Oz quedaron muy atrás. Apareció la inteligencia artificial, las redes neuronales y la nanotecnología. ¡Boom! Los robots con decisiones "propias" se hicieron tangibles.
Ahora bien, ¿tendrán dudas?

Para eso fueron dadas esas tres leyes del inicio. Los robots del futuro podrian vacilar ante cualquier cuestión. ¿En cuantas ocasiones hay que intentar conseguir aquello con lo que se sueña?
Un simple contador no bastaría para estas máquinas, ya que las variables a analizar se hacen infinitas.
¿Como solucionamos, pues, nuestro dificil dilema?

Algo que se les achaca a los robots en las novelas, documentales y artículos de todo calado es la inestimable capacidad de sentir. Carecen de corazón y alma, por tanto, no hay sentimientos. ¿Sería posible simularlos con unos y ceros o simples subidas y bajadas de tensión?
Filosofía aparte, la cuestión es que una máquina siempre es programada para hacer lo que sea que haga de la manera más eficiente posible. Guardando recursos y tiempo para otras tareas.
Un robot, a mi modo de ver, jamás pasaría del 500 en ese hipotético contador, por mucha inteligencia artificial que intentara simular algun atisbo de sentimientos. No es eficiente. Punto.

No obstante, el mundo de las máquinas pensantes, de Terminator o Blade Runner, aun queda un pelin lejos. Por eso, al empezar esta entrada me he dicho...¿qué ocurrirá en la 501?

Capítulo 9: El cuadro de la mujer silenciosa.

Una melodia tibetana ahuyenta todo aquello superfluo, eso que es inservible y que obstaculiza poder escribir con el alma. La mujer a la que escucho la descubrí hace tres o cuatro años y desde entonces, cuando necesito relajarne voy en su búsqueda.
Ella es de una región de Mongolia, un lugar inhóspito lleno de misticismo.

Una vez, otra mujer, me enseñó un cuadro. Me mandó una foto con la enigmatica frase...lo he pintado yo, bueno y otra persona más.
Aquella foto ya no está en mi poder pero recuerdo que habia una chica dibujada, muchos libros y símbolos matemáticos por doquier. ¿Qué significa? Pregunté. Tendrás que averiguarlo tu. Contestó misteriosamente.
Durante varias horas del siguiente día, me dediqué a descifrar el mensaje que se me ocultaba. Amplié la foto con el visor del móvil y recorrí con la mirada cada milímetro de aquella pintura.
Me encontraba en una biblioteca en ese momento, rodeado de libros como el personaje del cuadro. Embuido, con todos mis sentidos en esta preciosa canción que se cuela en mis oidos en estos instantes. Fui incapaz de dar con la solución. ¿Qué se ocultaba tras esos símbolos?

Algún tiempo después leí un artículo que se titulaba "pintando sentimientos".
En una parte de aquel compendio de leyes sobre lo que debía ser un buen maestro decía que habia que pensar en todas las posibilidades, por muy descabelladas que estas fueran. "Solo las mentes más locas son capaces de innovar", creo recordar que apostillaba la autora del artículo.
Eso me llevó de nuevo a aquella pintura de la mujer silenciosa. ¿Tendría que mirar con otros ojos para descubrir sus secretos?
Ese "pintando sentimientos" provocó dos cosas en mi. Cambié mi punto de vista ante un enigma olvidado y plagié su título para escribir mi propio "pintando sentimientos".

Seguí en blanco. Esa mujer del cuadro era un auténtico rompecabezas para mi. Entre esa simbología mística que, aqui y allá, se solapaba con las decenas de libros, logré descubrir alguna beta, alguna fórmula física (E=mc2) e incluso desentrañé entre las pinceladas algún misterio más. Pero el meollo del asunto me seguía siendo indescifrable. ¿En serio se ocultaba algo ahí, o tan solo era un pequeño juego de las autoras?

Más adelante en el tiempo observé una pequeña pista. La realidad de mi mundo y la del suyo era muy distinta. La mujer del cuadro vivía en un universo distinto. Durante todo ese tiempo en el que admiré el cuadro había cometido un grave error. Dar por supuesto que el simbolo igual (=) en ambos mundos tendria el mismo significado. Me regía por unos convencionalismos euclidianos. Por unas leyes newtonianas. Por unas reglas nemotécnicas que pudieran muy bien no ser las que reinaban dentro del universo de la chica del cuadro.

Cuando uno tiene delante un Rembrandt, un Goya o un Tiziano lo que hace para comprender sus obras en su total amplitud es estudiar las biografias de aquellos que dedicaron sus mentes a dar dimensión a las imagenes que se guardaban en el interior de sus almas. Solo asi seria posible intentar desentrañar el porqué de una pincelada, asi que lo tuve claro. Queria conocer al menos a una de las autoras, hasta donde ella dejara que metiera mis curiosas zarpas.

El arte, en cualquiera de sus formas, me conmueve. No entiendo demasiado de estilos, ni tan siquiera de modos ni actitudes ante la presencia de tal o cual obra. Pero si se de sentimientos, quizá es lo que mejor se ver y, en definitiva, pintar va de eso. La dificil tarea de plasmar sentimientos en dos dimensiones.
En mi objetivo de conocer a la autora jamás le pregunté sobre el tema o quizá si lo hice estaba demasiado embriagado para recordar respuesta alguna. Por tanto, mis devaneos con la mujer silenciosa continuaban en el mismo punto en el que aquel día en una biblioteca del centro de Madrid, me dediqué a desafiar aquella mirada llena de intenciones.

Pasado más tiempo aún y ya casi olvidados algunos trazos de aquella obra que me desveló muchas noches, vuelvo a la pregunta inicial que me hice por entonces. ¿Qué escondes tras ese silencio? ¿Qué arcano secreto esconde el cuadro de la chica que tan sólo hablaba mediante extraños simbolos y libros de ocultos misterios?
Cerrando los ojos veo a una niña con coletas, pinceladas oscuras, trazos marrones y verdes. Solicitando mas neuronas a mi olvidadizo cerebro puedo llegar a imaginar una sonrisa, quizá riendose de este pobre bobo que pasó mas tiempo del debido delante de los disparatados enigmas que suscitaba su mirada.

Sigo escuchando a Sa Dingding y sus melodías evocadoras. Me sumen en un leve trance. La brisa del mar, que poco a poco se hace notar, me lleva a un lugar. Un lejano lugar tanto en el tiempo como en su posición.

Sólo, en la popa de aquel enorme barco observaba las pequeñas cascadas que caían sobre el frio y azul mar que rodea la peninsula de Alaska. Allí, me hice una pregunta. ¿Esto es lo más bello que he visto en mi vida? Las escarpadas y verdes cornisas por las que caia el agua se veian brumosas, vaporosas. ¿Habrá algo más impresionante que esto? El atardecer oscurecia la visión pero me permitió quedarme a solas unos momentos para disfrutar de aquello que jamás pensé que pudiera ver.

Viendo los ojos de aquella mujer silenciosa me hice la misma pregunta. ¿Hay en algun lugar una mirada tan sobrecogedora como esta?
De ahí, que hace mucho tiempo, decidiera desentrañar sus secretos, empeñando mi tiempo y conocimientos en algo en lo que, a dia de hoy, sigue siendo un misterio insondable.
A pesar de ser un enamorado de los acertijos, de charadas adivinazas y miradas jeroglíficas llenas de oscuros secretos, ese cuadro pudo conmigo, con mi intelecto, y mi corazón. Mi mente y mi alma no supieron ver la respuesta a la pregunta. ¿Qué misterio escondes?