La vida no se mide en minutos se mide en momentos.
A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.

martes, 18 de junio de 2013

Confesiones

Una tarde me encontraba trabajando y entró una chica en el bar. Una chica que ya había visto por allí pero ese día, extrañamente, se puso a hablar conmigo. Le serví su aquarius y ella empezó a preguntarme como me llamaba, cuantos años tenía, por donde vivía. Yo estaba un poco alucinado por ese repentino interés. Ella me contó que iba a ver una película de dibujos animados. Estuvimos hablando diez minutos más o menos, hasta que entró la taquillera del cine de al lado y le dijo que ya podía pasar. Esta chica tiene cierto retraso mental. No demasiado, creo que incluso vive sola. Claro, las camareras me miraban riéndose y es que ellas sabían algo que yo no. Ivelisse, una de ellas, le había dicho un par de horas antes que yo había preguntado por ella. Una pequeña broma.
A partir de ese día, cada fin de semana que ella iba al cine se pasaba a hablar conmigo. Un día me preguntó que porque no tenía hijos, ¿es que no quieres a tu novia? Me dijo. Claro, ¿qué podía responder a eso? Soy muy joven aún le decía. Hubo una temporada que me insistía mucho en que si me gustaban las películas de dibujos, era su forma de decir que la llevara al cine. Tuve que decirla que me había casado. Algo falso, pero no supe decirla de otra forma que ella no me interesaba y que las compañeras del trabajo nos habían gastado una broma. Hace tres semanas que no la veo, la última vez me dijo que va menos al cine porque esta muy caro y no tiene mucho dinero. Y esta última vez volvió a preguntarme si ya tenía hijos. Y la respuesta fue la misma. ¡Aún soy un chaval!
Pero la verdad es que no soy un chaval. Las canas ya asoman, las arrugas en los ojos empiezan a ser más profundas. La mirada es menos inocente, quizá más pensativa.
Esta mañana he visto, mientras esperaba el autobús, a un padre que llevaba a sus tres hijas al colegio. Las subía en el coche, las hablaba cariñosamente, las contaba una historia para que no trastearan demasiado. Y me ha dado envidia. Si. Esa es mi confesión. He sentido envidia de ese padre con tres niñas agarradas a él.
Siempre quise tener hijos. Y más que nada una hija. Una pequeña princesita.
En agosto me encontraba en Disneyland, esperando una tremenda cola de dos horas para subir en la atracción de Toy Story. Delante nuestro había una niña de unos 6 o 7 años vestida de princesa. Un niña encantadora, muy educada le pedía a su madre permiso para todo. Daba vueltas a nuestro alrededor, jugaba y bailaba sola, miraba con expectación la cola deseando entrar con impaciencia. A mi se me caía la baba, y mi ex se daba cuenta. Supongo que ella se preguntaría ¿si desea tener hijos por qué no los tenemos? Yo me he hecho la misma pregunta siempre. ¿Por qué?
La única respuesta que puedo dar es cobardía. Siempre le comenté a ella que no siento que fuera a ser un buen padre y su contestación era que creía que sería un padre genial. Pero yo nunca lo sentí así. No tengo madera de padre, no podría decir que no a las cosas que me pidiera, no podría castigarla sin tele si se porta mal, no podría regañarla porque no se ha comido toda la verdura que le ha hecho mamá. Si se pusiera a llorar me derrumbaría y acabaría siendo una niña consentida y malcriada. Y tampoco podría dejar que la madre fuera la mala de la película porque no sería justo para nadie. Sería un mal papá, lo se.
No quería variar tampoco mi vida. Estaba a gusto como estaba. Cómodo. Y pese a que cada vez que veía un bebe yo quería uno nunca me atreví de manera convincente a decir si, quiero tener hijos. Me dejé llevar más que nada por su insistencia, y supongo que mi falta de decisión me lo notaba ella.
Y por el motivo que fuera durante los dos años que estuvimos buscándolo no lo encontramos, también es verdad que no lo intentamos con ahínco.
Esta mañana observando a la niñas con sus mochilas, y al papá esforzándose por contar su cuento me ha venido esa cosa al estómago, un sentimiento de que pudo haber sido y no fue.
He conocido a varias mamás en estos meses. Y todas y cada una de ellas coinciden en una opinión. Mis hijos son lo mejor que me ha pasado. Eso dicen. Y me parece en cierta forma triste. ¿Qué hay del papá? Quizá nunca me atreví tampoco a tener hijos por miedo a que el amor que la otra persona sentía por mi se fuera o simplemente me sustituyeran por el amor a un hijo. Egoísmo. Si.
Si la chica que va por el bar me volviera a preguntar porque no tengo hijos debería decir, que la cobardía, la comodidad y el egoísmo me lo impidieron.
O puedo engañarme y seguir diciendo, aún soy un chaval.

sábado, 15 de junio de 2013

Pelirroja

Me acabo de despertar. He tenido un sueño impresionantemente real.
Me encontraba en una fiesta, no recuerdo de que tipo. Con gente conocida,  caras a las que reconocía, personas que me sonaban de haberlas visto alguna vez. Salvo una.
Una pelirroja de tez blanca como la nieve y ojos azules, tan claros como el cielo brumoso. Una chica tan bella que me quedé mirándola mientras se me acercaba y me decía algo al oído. ¿Y tu quien eres? me dijo. He venido por aquí muchas veces le contesté. Ella comentó que como no nos habíamos visto antes, a lo que yo me encogí de hombros y lo único que pude decir es ni idea.
Esta parte del sueño esta algo más difusa, más borrosa. Lo he tenido hace 10 minutos y no quería que se me olvidara. Sobretodo la cara de ella. Una desconocida en la vida real, pero un ángel en la ensoñación. Un ser extraordinariamente perfecto.
La fiesta decae con el transcurrir del tiempo y no se muy bien como sólo quedamos ella y yo y dos amigas suyas a las que si conozco de la vida real. Me ofrezco a llevarlas a su casa ya que es muy tarde pero dicen que no importa que no tienen prisa. Y de pronto sucede algo maravilloso. La pelirroja se acerca a mi y me besa. Un beso tierno, dulce. Noto sus labios carnosos, siento su lengua con sabor a fresa probablemente del chicle que masticaba.
Me aparto y con ternura le acaricio la cara, y le digo, pelirroja será mejor que nos vayamos. ¡Coño, que gilipollas soy!¡Qué es un sueño, lanzaté! Pero no, Rubén es tonto hasta en sueños.
Pese a ello mientras recojo las llaves del coche me fijo en ella. Lleva un vestido azul intenso. Contraste con su melena larga, rizada y rojiza. El vestido le queda ceñido por encima de las rodillas. La pelirroja es una chica voluptuosa. Una mujer con curvas en las que me gustaría perderme durante un viaje eterno.
Todo esto lo recuerdo perfectamente, parece haber ocurrido, pero me miro y el pijama de la rana Gustavo que llevo puesto niega mis recuerdos y me hacen volver a la realidad. Fue un sueño. No hay duda.
Mientras observo a la pelirroja ella se gira y me vuelve a besar, esta vez me lleva contra la pared de un pasillo y me aprieta contra ella mientras con sus manos busca algo por debajo de la cintura. Me toca y ve que me he excitado. Ella lanza un Rubén lleno de sensualidad al que no puedo resistirme y la giro. Ahora es ella la que esta entre mi cuerpo y la pared. Acaricio sus brazos de piel suave y sus manos y las mías quedan entrelazadas. Mientras seguimos besándonos, como en una especie de baile dando vueltas el uno sobre el otro por el pasillo llegamos al salón y de un empujón me lanza al sofá. Al caer pierdo el equilibrio y voy al suelo, me río y ella se ríe. Se tumba sobre mi. Por alguna extraña razón me hago la pregunta de, ¿y tus amigas? Ellas han desaparecido. Los sueños son mágicos y hacen aparecer y desaparecer cosas a su antojo.
Tirados en el suelo sin dejar de besarnos ella me quita el cinturón del pantalón. Y me lo baja. Me quedo desnudo bajo ella. Y sucede algo a cámara lenta. En mi mente esta así. Fotograma a fotograma veo como ella se quita el vestido subiendoselo y sacándolo por la cabeza. Es preciosa y me quedo mirándola. Observando incrédulo su belleza. Miro su cara, resplandeciente. Miro su brazos, juguetones. Miro sus pechos, deliciosos. En ese instante pienso que es un sueño. Un sueño dentro de otro. Una locura. Segundos después, en el suelo al lado del sofá la penetro. Ella sigue en la misma posición. Sobre mí. El placer es indescriptible para alguien como yo. Parco en palabras. Nulo en saber expresar algo tan sensual. Ella sube y baja gimiendo. Una lágrima cae por mi rostro. Felicidad extrema. Nos ponemos de lado en el suelo, su espalda contra mi pecho. Y le beso el cuello. Huele a sexo, huele a sudor, huele a rosas. Busco y la vuelvo a penetrar en esa posición. Agarrándola por la cintura de medio lado en el suelo. Me acoplo a su cuerpo, y bailamos rítmicamente. Me fijo y me parece que ella es una muñeca de porcelana por la blancura de su piel. Quiere volver a besarme y se gira, el acoplamiento se rompe pero por un beso como aquel merece la pena. Un beso que dura mucho tiempo, un beso infinito. Con su mano vuelve a meter mi pene en su vagina y llega el éxtasis. Llegan los gemidos entrecortados, llegan los nombres susurrados. Rubén me dice ella una y otra vez. Pelirroja suelto yo en su oído. Y en esa unión perfecta terminamos. Jadeantes. Sudorosos. Con una sonrisa en el rostro. Ella me mira cariñosamente sentada a mi lado. Seguimos en el suelo. Me coge la mano, acaricia mis dedos.
Y de repente me he despertado. Una sensación placentera ha recorrido mi cuerpo durante unos instantes pero al darme cuenta de que lo había soñado me he puesto un poquito triste. Y he querido escribirlo para volver a recordarla, y que nunca se me olvide su rostro.
¿Quién diablos era esa mujer?¿Donde estas pelirroja?

jueves, 13 de junio de 2013

Rubén el alquimista

Estaba en Milán.
Había madrugado ese día de agosto de hace cinco o seis años y a las 8:30 de la mañana me encontraba delante de la fachada de la iglesia de Santa María delle Grazie. Un par de meses atrás había hecho la reserva para entrar en ese convento. ¿Por qué tanta antelación para entrar en una iglesia? Bueno, es que no es un sitio cualquiera. Allí dentro se encuentra una de las pinturas más bellas de la historia del arte. Un mural que me dejó impresionado y que me transformó.
Plantado delante del convento, dejando pasar los minutos hasta que me tocara entrar no pensaba en otra cosa que meterme otra vez en la mullida cama del hotel. Así que somñoliento aún, con los ojos entornados y mirada vidriosa entré por el arco de seguridad. Éramos unas 20 personas. Y entre murmullos recorrimos los metros que nos separaban de la sala donde se encontraba el mural. Y en cuanto lo vi mis sentidos se activaron, mis ojos se abrieron completamente y mi piel se erizó. Es realmente grande y domina toda la estancia. Antiguo refectorio de los dominicos, tendría que haber sido maravilloso comer ante esa obra cuando rezumaba colorido y amplitud. Los ojos de los discípulos y del mismo Jesús contemplandote desde la altura. A algún monje seguro que se le atragantó la sopa al saberse observado de esa manera.
Yo me quedé pasmado, escuchando la audioguia de fondo en mis auriculares y contemplando cada detalle, paseando arriba y abajo para empaparme bien de cada objeto, de cada minúsculo pliegue de las ropas, de cada misterio.
Es un viaje transformador. Tu alma cambia y no vuelves a ser el mismo que al entrar. El tiempo parece estirarse y lo que en realidad es un cuarto de hora o veinte minutos se convierte en días o incluso meses. Al salir has envejecido.
Eso es lo que sentí yo esa mañana.
Mi viaje se había iniciado unos años atrás. En la biblioteca, al pasear entre estanterías de libros en uno de los múltiples descansos del estudio de mis apuntes. Un libro me llamó la atención, Picatrix era su título. Le eché un vistazo.
La transfiguración del alma empezó en ese instante. No lo leí entero, ni comprendí las pocas páginas que ojeé, sin embargo me empecé a interesar por el arte, la historia y la belleza en general. Empecé a buscar mi piedra filosofal.
Una tarea que lleva toda la vida y que te hace recorrer muchos lugares y caminos. La mayoría difíciles de transitar a solas pero hay que hacerlo si quieres lograr encontrar la piedra que transforma los metales en oro.
Hubo un tiempo en el que olvidé ese sendero, me desvié del camino del conocimiento, de la sofia. Instantes de flaqueza moral, de tribulaciones interiores que hicieron que llenara mi corazón con cosas superfluas y poco importantes. Mis oscuros deseos, mis debilidades tomaron las riendas de mi vida. Eso me llevó a ver la oscuridad de mi alma. Todo ser humano posee esa faceta y hay que saber dominarla.
Al salir de Santa Maria delle Grazie un sentimiento de querer conocer todo lo sublime de la vida embargó mi ser. Yo aun seguía el camino, serpeteante, del conocimiento. Dubitativo, pero paso a paso, iba entendiendo lo que me rodeaba.
Hace 8 meses volví a retomar el camino. Pasé por el infierno. Caí muy bajo y desde ahi tenia que empezar, no habia otra forma. La lucha interior que mantuve fue una dura batalla. Mentalmente y físicamente.
¿Cómo había llegado hasta ese punto? ¿Qué me había pasado?
Preguntas que me hacia cada día y que intentaba responder. ¿Por qué soy así?
Y un día me encontré con que alguien dijo, no importa donde empiezas ni donde acabas, lo que verdaderamente importa es el camino que recorres. Y es una afirmación totalmente cierta. Hace 8 meses estaba llorando en la que fue mi cama, un lugar en el que conocí el placer, la felicidad y la alegría de tener a alguien con quien compartir mi vida. El 15 de Octubre no paré de llorar pensando que quería morirme, que la vida no tenía ningún sentido para mi. Ese día caí al pozo más profundo, llegué al centro de la Tierra y vi al Diablo. Yo había cogido un cuchillo, melodramátismo puro y duro, sin mucha convicción de saber que hacer con él. Y el Diablo me tentó. Ese día luché como nunca antes lo había hecho. Y me aferré a un hilo de esperanza. Una esperanza irreal que ella me dió quizá por pena o por miedo a lo que me pudiera hacer, puede que ambas cosas a la vez.
Ahí inicié mi camino, en el infierno. Durante días anduve por allí. Después alcancé a subir al purgatorio. Triste. Alicaído. Muerto viviente. Sin pasión por nada. Escribía sobre mis viajes y mi vida pasada para recordar que aún seguía con algo de vida. Fue aquí donde empecé a pensar y ejercitar mi cuerpo. En un momento dado logré interesarme por escribir y mejorar mi estado físico. El camino empezado muchos años atrás volvía a estar ante mis ojos. Mentalmente me agotaba haciéndome preguntas de todo tipo y físicamente me machacaba para alejar esas mismas preguntas de mi mente.
Y como el hombre de hojalata en busca de un corazón, o el león buscando valentía, o el espantapájaros un cerebro o incluso la misma Dorothy su ansiada Kansas. Yo me uní a ellos en el camino de baldosas amarillas en busca de lo que perdí.
Meses de mejoría, tanto física como anímica, me han llevado hasta hoy mismo. Momento en el que se me plantea una duda. Un desvío. ¿Me atreveré a vislumbrar lo que hay detrás, investigar y explorar? O quizá no esté aún dispuesto a correr el riesgo y me quede agazapado en el anonimato de las palabras. ¿Seré capaz de seguir mejorando? El camino es duro, hay espinas, hay dolor. Pero también hay risas y alegría, hay sentimientos, hay placer y belleza.
¿Lograré llegar al paraíso algún día?

sábado, 8 de junio de 2013

Aclaración

Bastante gente me ha preguntado si lo que escribo es real. Y creo necesario aclararlo.
Cada sentimiento, cada lugar, cada pensamiento, cada situación, todo ha sucedido.
He visitado todas las ciudades que he descrito, he llorado siempre que he comentado que lo he hecho. Incluso vi al fantasma que menciono en una de las primeras entradas del blog.
Todas las personas que salen son reales. Existen, viven y respiran el mismo aire que tu y yo.
Sólo me permití una entrada falsa. La que título lluvia, un viaje por mis vidas pasadas. No soy ningún chamán que se ponga hasta arriba de peyote para alucinar y ver que fui en mis otras vidas. Lo escribí porque siempre he tenido ese sentimiento. Siempre creí que fui todas esas cosas antes de ser el estúpido y tonto Rubén.
Por lo tanto salvo ese día todos los demás he plasmado mi alma en estas pocas letras. Y seguiré haciéndolo mientras haya ganas y cosas que contar. Porque también he de aclarar que lo que pongo es por mi exclusivamente. No escribo para los demás, y eso puede dañar alguna vez. Si en un momento dado alguien me ha impactado, he conocido a una persona excepcional o me he puesto triste al hablar con cualquiera lo expondré si necesito hacerlo. En eso seré tajante. Seré egoísta y antepondré mis sentimientos a los de cualquier otra persona. No puedo estar pendiente si lo que pongo lo leerá tal o cual persona. Debo ser sincero conmigo mismo. Es mi blog y creo estar en el derecho de hacerlo. Tampoco creo que en todo este tiempo haya ofendido a nadie, no es mi estilo meterme en vidas ajenas y criticar a la gente. De todas formas pido disculpas si a alguien le molestó algo o si en un futuro digo algo que puede ser interpretado de una forma equivocada. Mi intención no es dañar a nadie.
Este blog nació para sacar todo lo que tengo dentro y darme cuenta que no era una persona tan horrible. No tenía a nadie a quien contar todas esas sensaciones y por eso escribí. Deje fluir todo lo que mi corazón sentía en cada momento. En el primer mes de existencia del blog tuve pocas visitas. Mis hermanos y algún loco que se topó con él por internet. Nunca entendí que a nadie pudiera interesarle mi vida o mis sentimientos. Pero más tarde la gente me dijo que me expresaba muy bien. Cosa que tampoco entiendo porque jamás he sabido expresar lo que he sentido. Sino no estaría en la situación en la que me encuentro ahora.
A día de hoy tengo 2300 visitas. Gente de Alemania o Rusia, de Ucrania, algunos de Estados Unidos, y puede que algún despistado de México o Argentina. Gente de muchos países que se han acercado a mi vida, personas que se sienten identificadas. Sintieron en algún momento de sus vidas lo que yo he sentido. Lloraron por los mismos problemas. Porque los sentimientos son universales. Da igual si eres un campesino de los Urales o un empresario alemán. El amor es universal, y el dolor causado por él también lo es.
Me gusta que la gente me lea, no tanto por vanidad, que también. Sino porque al igual que yo, puede que esas personas se sientan solas y saben que en algún lugar de Madrid hay alguien que siente lo mismo, hay alguien que llora por lo mismo que llora el o ella. Y quizá juntos, en la distancia, el dolor se lleve mejor.

viernes, 7 de junio de 2013

Cuatro historias y una decisión

Voy a contar hoy cuatro instantes de mi vida que me han llevado a tomar una decisión. Quizá importante, quizá no. El tiempo lo dirá.

Sueño
El primer instante ocurrió anoche. A las 12:30 me acosté, apagué la luz y cerré los ojos. Unos segundos después los abrí de golpe. Encencí el iPad y busqué Moon River y la descargué.
En la historia del cine ha habido muchísimas canciones que me han hecho sentir algo especial. Y esta es una de ellas. Desde siempre esta canción me ha invitado a soñar. Ha cogido mi alma y la ha hecho volar por mundos irreales.
Audrey Hepburn es una delicia en Desayuno con diamantes. Y su voz cantando Moon River es realmente maravillosa. Simplemente evocadora. Mientras la escuchaba anoche una y otra vez hasta quedar dormido sentía que mi corazón latía al principio acelerado para luego, cuando sentí a Audrey susurrandome al oído, latir pausadamente.
Esa mujer es encantadoramente bella. Y viéndola en imágenes de la película me enamoré de esa sonrisa y esa mirada. ¿Por qué no soñar con una mujer así? Delicada y a la vez fuerte. Jovial y al mismo tiempo de mirada melancólica. Con una voz de una sonoridad tan sensual que cada vez que la escucho se me pone algo en el estómago. Os recomiendo que ahora mismo busquéis la canción, y con los ojos cerrados la escuchéis. Tomaros dos o tres minutos en lo que estéis haciendo y soñad.

Desconocida
Hace un par de meses, más o menos, una amiga me dijo que era muy exhibicionista. Me decía que yo adoraba que me miraran, ser el centro de atención. Cuando me comentó esto la miré incrédulo y sonriendo la contesté que era imposible. Siempre me he mantenido oculto, en segundo plano. Sin querer destacar demasiado, manteniendo el anonimato entre la multitud.
Sin embargo, me quedé pensativo con esa afirmación y creo que le daré un poco la razón. Y contaré mi segunda historia.
Hace años, muchos, los sábados iba al cine. Me gustaba ir por la Gran Vía y coger una entrada para la película que me llamara la atención. Amo el cine y que mejor sitio que esa cinematográfica calle para deleitarme con una historia que removiera y agitara mis sentidos. En fin, compraba la entrada y me iba al Fnac a escuchar música mientras esperaba a que comenzara la película. No se sí habéis estado alguna vez allí pero para el que no lo sepa había una serie de torres con cd's expuestos para que la gente pudiera escucharlos. Un día ocurrió algo extraño. Yo estaba escuchando uno de esos discos de muestra mirando la carátula del cd y desvié la mirada un segundo. En frente mío había una chica, no recuerdo que fuera especialmente guapa, ni que tuviera un cuerpo de escándalo. Lo que me atrajo es que estaba bailando mientras oía al otro lado de la torre otro de los discos. La miré y sonreí y ella me devolvió la sonrisa. Tímido como soy bajé la mirada enseguida. Unos minutos después fui a otra parte del Fnac a escuchar otro disco más y al rato esta chica se puso a mi lado y cogió los cascos y bailó de nuevo. Me dejó alucinado. Hice un gesto con la cabeza y estúpido de mi al poco rato me fui al cine.
A la semana siguiente volví a comprar una entrada y de nuevo fui al Fnac a hacer tiempo. Y como si el destino quisiera jugar conmigo allí estaba esta chica. Bailando ante una torre llena de música de muestra. Y me puse a su lado. Extrañamente me reconoció porque me saludó con la mano y siguió con sus movimientos. El primer día no me di cuenta pero aquella segunda vez me percaté de que toda la situación tenía un aire de sensualidad increíble. Ese día di un paso importante. Empecé a mover las piernas y la cadera con el ritmo de mis cascos. Allí estábamos los dos. Bailando en medio del local. Y curiosamente no me importó. Raro en mi que soy muy vergonzoso.
Durante dos meses, cada sábado, veía a esta chica. Nunca supe su nombre, ni hablé con ella. Nunca pasé más allá de intercambiar saludos levantando la mano al vernos o despedirme cuando me iba al cine.
Un instante extraño en mi vida que demuestra que si, que me gusta que se fijen en mi.

Gran hermano
Desde qué empezó este programa he querido ir. El primer año me enganchó. Me parecía una idea muy original el juntar a una serie de personas en una casa sin poder salir y ver que ocurría. Las grandezas y miserias del ser humano en todo su esplendor. Gente de cualquier extracto social. Gente distinta. Desconocidos completamente ante situaciones límites en muchas ocasiones y todo ello unido a las decenas de cámaras por todos lados que vigilaban cada movimiento, cada palabra, cada acto.
El segundo año quise ir al casting. Llamé al número de teléfono y me cogieron los datos. Y ahí se quedó el tema. Lo seguí intentado al año siguiente pero nada, no había manera. Uno de los años, no recuerdo bien cual, buscaron una forma distinta de atraer al público. Convocaron a todo aquel que quisiera entrar en la famosa casa a un sorteo que se haría en directo. Sólo faltaba un participante y saldría elegido al azar. Bueno, eso dijeron al menos.
Y allí que fui, a los estudios de tele5 a probar suerte. Mi novia no quería que fuera, mi familia me decía que estaba loco. Mi única preocupación era que pasaría con mi coche si resultaba escogido. ¿Quien lo llevaría de vuelta a mi casa? Iluso de mi.
Al llegar me di cuenta que la cosa no sería tan sencilla. Una fila tremenda rodeaba el edificio del canal de televisión. Me acerqué a la puerta y vi que gente de seguridad intentaba que nadie se colara por las puertas. Pregunté a uno que parecía ser del programa, su única contestación fue "ponte a la cola, intentaremos que todos entréis al sorteo". Le hice caso y me puse en la fila. Mientras andaba me di cuenta de lo que movía ese programa. Gente de todas clases esperaban su turno para que les dieran un número. Hombres trajeados, gente joven, gente mayor, familias enteras, abuelos cogidos de la mano. Impresionante. Delante mío tenía a una madre y una hija. Ambas querían entrar. Escandalosas a más no poder. Detrás un chico joven, gay. Vestido como si saliera de noche a cualquier garito de moda, con un sombrero a lo Michael Jackson. En un momento dado dejé de escribir por el móvil a mi novia y el chico se puso a hablar conmigo. ¿Qué papel tienes pensado representar? Me preguntó. Yo me encogí de hombros. Ser yo mismo le dije. Así no ganarás nada, tienes que llamar la atención para que no te echen a las primeras de cambio. Me comentó. Y yo pensé, ya soy especial. No tengo que representar nada. Y en mi interior sabía que si entraba a la casa, ganaría. Tenía absoluta certeza de ello.
A las dos horas y un cursillo de como ganar el concurso impartido por Michael, un tío de tele5 recorría la fila dando malas noticias. No había ni un sólo hueco más. Era imposible meter a más gente al deseado sorteo. Entre abucheos de la gente me despedí de un sueño. Ya nunca más volví a ver el programa en la tele.

Desafío total
Con 17 o 18 años los domingos eran tarde de pizza y película. Mi hermano y yo nos sentábamos en el suelo y poniamos casi siempre la misma cinta de VHS. Indiana Jones y la última cruzada o desafío total.
¿Cuántas veces habré visto a Schwarzenegger siendo un agente doble en tierras marcianas?¿Cuantas veces habré repetido Memory call junto con Dani? Infinidad.
Un momento compartido que espero jamás se borre de mi mente.

La decisión
Bueno, todo esto ¿para qué?¿dónde quiero ir a parar hoy?
Juntaré todas las historias. Lo mezclaré bien y sale Mars-One.
Un hombre de ciencia y curioso como soy yo. Un tipo extraño, tímido y exhibicionista a la vez. Un chico sin nada que le ate a este planeta. ¿Qué salto podría dar?
Si, me he inscrito para ir a Marte. Para ser uno de los primeros seres humanos en pisar el planeta rojo.
Mars-one es una asociación que con capital privado quiere llevar al hombre a Marte. Pero no de cualquier forma. Uno de los impulsores de este proyecto es el creador original de gran hermano y lo que ha propuesto para financiar en parte todo esto es que se presente gente para ir allí, para hacer una colonia marciana.
No es una decisión baladí la de ir a Marte. Es un viaje de sólo ida. No hay vuelta posible. Las 20 personas que elijan morirán en ese planeta. Pasarán el resto de su vida sin poder volver a la Tierra.
Llevo leyendo cosas a favor y en contra toda la semana. Gente que dice que es imposible con la tecnología actual, personas que se ríen de la gente que paga los 26 dólares que cuesta la inscripción. Un timo piensan. Y puede que sea así, puede que todo sea un tinglado que tienen montado para llevarse unos billetes al bolsillo. Pero yo prefiero ser más romántico y soñar. ¿Por qué en el 2023 no podré llegar a Marte?
Volar ha sido otro sueño mío de siempre. Adoro los aviones. Mirar por la ventanilla como se aleja todo y sentirme más cerca de las estrellas. ¿Soy un iluso? Si, seguramente si. Pero esta mañana he pagado mi cuota. Un pequeño paso para mi, un gran paso para la humanidad. Los avances están llenos de sueños. Gente soñadora que propuso insensacetes.
Yo voy a soñar.

jueves, 6 de junio de 2013

Llorar

Forrest Gump esta delante de la tumba de Jenny, con unas flores en la mano. El amor de su vida se ha marchado para siempre. Hasta para alguien tan positivo como el personaje de Forrest se le hace un nudo en el estomago. Es un momento muy emotivo. ¿A que viene contar esta escena de esta fantástica película? Muy sencillo, desde que se estrenó y tuve la banda sonora en mis manos siempre me he puesto una canción de esa película para llorar, una que ya sólo con oír las primeras notas al piano las lágrimas asomaban por mis ojos y caían por mis mejillas.
Ha habido momentos en mi vida en los que, más a menudo de lo que cualquiera que me conociera pudiera creer, me he acurrucado en la cama y con los auriculares en los oídos me he puesto la canción una y otra vez. Y el sentimiento fluía. Las lágrimas vertidas por esos sentimientos mojaban la almohada.
Desde hace unos meses no era necesaria la canción para en cualquier momento ponerme a llorar pero anoche busqué la música y me puse los cascos.
La sensación de estar en un mundo que no es para mi, la soledad en muchas ocasiones, la incomprensión de los actos de algunas personas, la posibilidad de quedarme sólo para siempre, la hipocresía humana, la insoportable sensación de haber tirado mi vida a la basura, el no poder evitar ser melancólico, la tristeza que en muchas ocasiones inunda mi corazón. Todas estas cosas unidas hacían que llorara durante horas escuchando la música de Forrest. Siempre me identifique con este personaje tan tonto a veces que puede que sea el más listo del mundo y también el más solitario.
Esta sólo porque nadie le comprende, el mundo ha evolucionado hacia la mezquindad y el egoísmo. Y él se comporta de distinta manera. Realiza en cada instante lo que cree que es mejor, sin pensar en maldades o que la gente pudiera interpretarlo de mala manera. Dice lo que siente pese a que pueda doler porque en su alma no piensa que la mentira piadosa pueda tener cabida en este mundo.
Forrest en un momento de la película se pone a correr por todo el país. Sin un motivo, sólo porque sentía que debía hacerlo. Yo me puse a hacer ejercicio como un loco, me hacia sentir mejor. Mientras lo hacia no pensaba, supongo que lo mismo que le ocurría a Gump.
Y la gente sigue sin comprenderme, sin saber como soy. Muchas personas, incluidas las que han leído las entradas de mi blog, me han dicho que el tiempo curará mis heridas, que el paso de los días hará que vea las cosas desde otra perspectiva. Sin embargo estos sentimientos no son sólo por haber sido apartado de la mujer que pensé era el amor de mi vida. Las sensaciones de mi corazón han estado ahí mucho más tiempo. Muchísimo más. Soy así. Simplemente eso. No puedo evitar llorar de vez en cuando y sentirme como me siento. No puedo dejar de ser un Forrest tan tonto que siente y padece. No puedo ser frío y calculador. Soy pasional y muy visceral. No puedo dejar de emocionarme cada vez que escucho esta canción. Si. Ahora la tengo puesta y las lágrimas caen. Mis ojos humedecidos miran la pantalla borrosa del iPad. Tengo que secarme las lágrimas con el dorso de la mano para seguir escribiendo. Y la gente me mira. ¡Pero que importa! Soy yo, Rubén. Alma triste y melancólica. Soñador sin sueños. Pintor sin paleta. Poeta sin musa. Príncipe sin princesa. Tonto, en definitiva, sin caja de bombones.
¿Por qué soy así? Incluso cuando he estado lo más cerca que nunca me encontré de lo que yo considero la felicidad también lloré. También me hacia un ovillo en la cama y lloraba. ¿Por qué? ¿Por qué simplemente no puedo ser feliz? Me he hecho esa pregunta una y otra vez y no he encontrado ninguna respuesta. Quizá tenga que aceptar que soy de esta forma. Un espécimen raro. Puede que dentro de muchos años esté expuesto mi cadáver en un museo de cosas extrañas, con un cartel en los pies que rece "aquí están los huesos del último ser que creyó que ser diferente le haría especial. El último de la especie de los tontibilis extremus".
El tiempo no tiene nada que ver con todo esto. Forrest es el mismo a lo largo de toda la película. Y yo he sido así toda mi vida. Acepto que ahora los sentimientos están más a flor de piel por los hechos acaecidos en estos últimos meses. Pero todo este cataclismo que pasé sólo acentuó más lo que yo soy. Respeto las opiniones de la gente, y si dicen que con el paso de los meses me sentiré mejor lo escucharé educadamente pero siento disentir. Dentro de diez años seguiré emocionandome al escuchar esta música, dentro de veinte años seguiré llorando abrazado a la almohada, dentro de treinta años las lágrimas correrán por mi cara como si fuera un niño.
Sólo espero que algún día alguien se acerque a mi y me diga, Rubén te comprendo. Entiendo como eres. En 35 años nadie aún me lo dicho. Nadie ha comprendido quien soy.


lunes, 3 de junio de 2013

Estupidez

Navidades del año 1997.
Yo tenía 20 años y en los cines de toda España se estrenaba Titanic. La expectación que había causado esta película de James Cameron hizo que el primer fin de semana en las pantallas batiera récords de espectadores y por lo que a mi respecta me imposibilitó para verla esa primera semana. Entradas agotadas rezaba el cartel colgado en la ventanilla de la taquilla. Fui a verla a los cines Callao la semana siguiente. Conseguí una butaca al final de la sala. Una de las últimas que quedaban en la sesión de las ocho de la tarde de un domingo de principios de enero del 98.
Tres horas después de entrar al cine salí llorando. Estaba realmente emocionado. Muy triste. El amor entre Rose y Jack, los protagonistas, no había durado más que unas pocas horas. Jack muere en las aguas heladas del Atlántico mientras Rose intenta por todos los medios evitarlo. Y una imagen de las manos de ambos separadonse al desaparecer Jack en las profundidades oscuras y congeladas del océano se me quedó grabada en la mente. Una tristeza infinita vino a mi e iba en el metro de vuelta a casa llorando. ¿Por qué algo tan bonito no podía durar para siempre?¿Por qué no podía triunfar el amor y vencer al destino? Sin duda Cameron mató al protagonista por un efecto comercial, las historias tristes venden.
¡Qué daño me hizo la princesa prometida! Creo que en ese momento creí en el amor verdadero, el amor eterno. Esta película me hizo soñar que algún día yo tendría a mi alma gemela, alguien destinada a estar a mi lado para siempre pese a las adversidades de la vida. No recuerdo la primera vez que la vi, quizá tuviera 17, no lo se. Pero desde que me enamore de esa princesa rubia he sido el tío más estúpido de todo el planeta.
Robín Wright era todo lo que yo deseaba, no ella en sí misma sino lo que representaba. La felicidad plena al saberte amado y corresponder ese amor con total devoción. Y como el protagonista de la peli decir, como desees, a cada necesidad de la bella princesa.
Así de estúpido era yo. Rezumaba estupidez por los cuatro costados. Esperé a la mujer que pensé que sería mi Robin. Durante años no encontré nada que se le pareciera ni remotamente hasta que un día me descubrí llorando en mi habitación preguntándome porque era así. ¿Tenía yo algo malo?¿Era mala persona?¿No era guapo y por eso las chicas no se fijaban en mi?¿O sólo era que aún no habia llegado mi momento? Decidí seguir esperando. No claudicar.
Siempre decidido a buscar a esa princesa intenté conocer a muchas chicas. Pero no había manera, una aguja en un pajar como se suele decir. Y determiné que si el destino quería que conociera a alguien especial debía dejar que ocurriera, no ir en busca de ello sino dejar que pasara lo que tuviera que pasar.
Y pasó. Pero no de la manera que yo había imaginado. Me enamoré locamente de una mujer que simplemente pasó de mi. El corazón me dolió como nunca antes me había dolido. No un dolor físico sino más bien emocional, tanto que con una simple canción me ponía a llorar. Logré reponerme de la única manera que sabía. Pensando que mi Robin seguía ahí fuera, en algún maldito lugar. Mantuve la esperanza y mi estupidez.
Y volvió a pasar. Esta vez más fuerte aún. El amor me golpeo en la boca del estómago, me dejó k.o.
Y me entró un miedo terrible por sí me volvían a hacer daño. Aún así ambos fuimos fuertes en los comienzos y pese a las inseguridades del inicio la relación duró 10 años increibles para mi, quizá no tanto para ella.
Y me ocurrió algo horrible. Olvidé a Robin. Toda mi mentalidad, toda mi ilusión por tener el amor verdadero pasó al olvido al tenerlo junto a mi, durmiendo a mi lado cada noche. Curioso que cuando más hace falta recordar lo que te ha hecho llegar hasta allí, todo lo que costó llegar hasta ese momento, todo se borre de la mente. Perdí mi romanticismo. Mi esencia. La idea de lo que quería ser y que me convertía en único. Me convertí en un fantasma, una sombra de lo que una vez fuí.
Hace unos meses se me planteó un nuevo reto. Salir adelante de este revés. Intentar no sucumbir ante la tristeza y la apatía. ¿Y cómo pensé que podría recuperarme? Pues si, siendo un jodido estúpido. Creyendo en el amor eterno. Morir con las botas puestas.
Necesitaba recuperar todo lo que Rubén era hace unos años. Todo lo que se esfumó por comodidad o por vagueria. Soñar con una vida maravillosa y con mi Robin. Volver a desear mirar a los ojos de una mujer y observar el amor visceral en ellos. El amor incondicional y eterno.
Quiero ser estúpido. Necesito ser un jodido estúpido porque es la única manera de que mi alma vuelva a recuperarse. Sólo seré feliz en el mismo momento en el que encuentre a mi maldita princesa. Y por eso mismo no me rendiré.
Hoy la canción que escucho mientras escribo esto es Wise up de Aimee Mann. Y va dirigida al viento, para que le haga llegar la letra a quien corresponda. Y lo que viene a decir es que princesa, estes donde estes, espabila porque este sentimiento no va a parar. Nunca dejaré de ser estúpido. Yo no abandonaré.