La vida no se mide en minutos se mide en momentos.
A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.

jueves, 1 de mayo de 2014

Au revoir. (Parte 1)

Rubén el conquistador se encontraba en medio del océano, llevaba casi una semana en ese pequeño bote y empezaba a creer que su momento llegaba al final. Apenas le quedaban fuerzas y ni tan siquiera podia ponerse en pie sin marearse. 
No era un tipo religioso pero en esos instantes de desesperación rezó. Pidió al cielo un pequeño milagro. Miró hacia arriba y observó una nube que se deslizaba lentamente cambiando de forma. ¡¡¡Ayúdadme!!! Gritó con las pocas energías que le quedaban. 
Como respuesta a las súplicas del conquistador tan sólo se escuchó un abrumador silencio que lo envolvía todo. Esa ausencia total de cualquier sonido le estaba volviendo loco. Se quitó entonces la camisa que llevaba puesta y la remojó en el agua salada. La puso sobre su cabeza y se tumbó, cerrando los ojos esperando la inevitable muerte.
Un marino debe morir en el mar, eso pensaba en esos momentos. Ser engullido por ese entorno, que tanto respeto le merecía, era la muerte perfecta que todo pirata deseaba. No hay un lugar mejor para reunirse con el diablo y pedir que le abran las puertas del infierno.
En estas y otras disquisiciones se encontraba cuando de pronto notó que la pequeña embarcación se movía, un pequeño vaivén mecía su cuerpo. Algún delfín curioseando, se dijo sin levantar la cabeza. Sin embargo el balanceo se fue haciendo cada vez más intenso. ¿Eran voces eso que escuchaba?
Rápidamente se incorporó y lo que vió le hizo maldecir su suerte. Quizá hubiera sido preferible haber estado muerto que ser rescatado por esa balandra, intuyó en ese instante. 
Delante de él, a menos de media milla de distancia observaba ondear la Jolly Roger, la famosa bandera negra pirata. Muchos capitanes con cierto nombre se distinguían por variar el típico diseño de la calavera cruzada por dos tibias. La que tenía ante sus ojos en ese preciso instante tenía también una calavera pero bajo ella en vez de los dos huesos eran dos sables los que se cruzaban. ¡Maldita sea mi suerte! Debió gruñir entre dientes Rubén. 
Juntando todo el orgullo que pudo se puso en pie y esperó a que la balandra de un sólo palo llegara a él. Cuando estuvo lo suficientemente cerca para que le escucharan gritó....
- ¿Donde está vuestro miserable capitán?
Todos los marineros miraron hacia atrás y de pronto la figura de un hombre vestido con ropas de colores se asomó por la borda, se escuchó entonces una potente risa que resonó a la largo de todo el barco.
- ¡Pero mirad a quien hemos pescado!¡Si es el mismísimo Conquistador!
- Jack, súbeme. Necesito hablar contigo. 
- ¿Estamos en alguna taberna mugrienta? Aquí soy el Capitán Rackham, ¡muestrame algo de respeto!
- Muy bien capitán, acepta mis disculpas y deja que suba. 
- Creo que te las apañas muy bien tu solito, Conquistador.
Rubén tenía que captar la atención de Calicó Jack pero no podía decirle nada sobre el cofre de Barbanegra y la misteriosa isla en la que había dejado anclado su buque. Sin embargo se le estaba ocurriendo una idea, ¿funcionaría? Era improbable, además de colársela a Jack tenía otro par de huesos muy duros de roer. Por cierto, se preguntó, ¿por qué no salían de su escondite para saludar?
- Jack, tengo algo con lo que negociar. He encontrado el tesoro de kidd. 
- ¡Perro mentiroso! ¿Por qué tendría que creerte?
- ¿Qué pierdes escuchándome? Vamos, súbeme y te lo cuento. Si no te convence mi historia podrás echarme al mar de nuevo. 
Jack sostuvo la mirada de Rubén durante unos breves segundos tras lo cual se dirigió a la tripulación con un grito. 
- ¡Subidle!
Una tímida sonrisa se descubrió en el rostro del conquistador. ¡Bien! Había picado. Pero lo más difícil estaba por llegar. 
Un par de horas más tarde Rubén estaba en el camarote del capitán. Despertar la avaricia de Jack Rackham era una cosa pero lidiar con las otras dos personas que en ese instante acompañaban a los dos capitanes era otra muy distinta. 
Anne Bonny y Mary Read le miraban con desprecio. Con una de ellas había tenido un pequeño romance, por llamarlo de alguna manera, mucho tiempo atrás.
Hubo unos días en la vida de Rubén en los que el ron era una parte importante, algunos que le conocieron por aquellas fechas llegaron a decir que si rajaban al conquistador en alguna pelea en vez de sangre lo que surgiría de sus venas sería alcohol. En fin, fue en esos extraños días en los que iba de puerto en puerto y de taberna en taberna donde conoció a una mujer como no había visto nunca. Anne era una más de ellos, decía las mismas bravatas, manejaba la espada como el mejor, y tenía el inoportuno don de enamorar a quien ella se propusiera. Y creedme, era una mujer tan bella como caprichosa. 
Anne estaba casada con un pirata de tres al cuarto pero eso no era ningún impedimento para ella, ya que el muy bobo del marido se pasaba meses enteros lejos de Port Royal, que era donde en ese momento residían. 
Y dió la casualidad de que a ella se le puso entre ceja y ceja camelarse a aquel desconocido al que todo el mundo llamaba Conquistador. Sinceramente, conozco la historia de fuentes bastantes cercanas y no me equivocaría al decir que ella acabó enamorándose de Rubén, cosa nada descabellada. Al contrario de lo que se pueda pensar el conquistador era un verdadero caballero para los estándares de los piratas del momento. Sin ninguna duda, Rubén hacia honor a su apodo. Pero, como decía un poco más arriba, la etapa por la que discurría la vida del conquistador no era la idónea para dejarse embaucar por dama alguna. Así que todas las intentonas de Anne se toparon con un alto muro. Pared que jamás pudo saltar ni traspasar, y su orgullo quedó herido. Rubén había sido el primer hombre que se había resistido a sus encantos. 
Pocos meses después Anne conoció a Jack y se enamoró de la personalidad de este excéntrico pirata de ropajes llamativos. Rackham que por aquel entonces ya era un corsario con gran reputación habló con el marido pero éste se negó a divorciarse de ella. Entonces, el gobernador de Jamaica tomó cartas en el asunto y convenció al marido para que a cambio de algo de dinero la dejase marchar. Sin embargo esta vez fue Jack, el muy agarrado, el que no quiso pagar lo que pedía el cornudo marido. Así que un buen día, Anne Bonny se disfrazó de hombre y se unió a la tripulación del capitán Rackham. La bella Anne fue la primera mujer pirata, o quizá no. Porque varios meses más tarde la rápida y ligera balandra de Calicó Jack abordó otro buque en el que había un bravo marinero. Este se unió a la tripulación de Rackham y con el tiempo se percató de que Anne pasaba muchas horas junto a ese joven. Celoso, lo mandó llamar a su camarote para asustarle sin duda, pero por arte de magia ese marinero se convirtió en Mary Read. Otra alma con ganas de aventuras que sólo pudo hacerse pasar por hombre para vivir su sueño, ser un pirata. 
Así que el jodido Jack no sólo tenía una mujer a bordo de su buque sino a dos, extremadamente bonitas y ambas enamoradas de él. Tipo con suerte dirían muchos. 
¿Tríos?¿Cuernos?¿Mujeres vestidas de hombre?¿Esto es una historia de piratas o el sálvame deluxe?
Sea como fuere, una cosa es bien cierta. Cuando varios años después de este episodio con Rubén el conquistador, detuvieron a Jack por piratería, él fue juzgado y condenado. Sin embargo, tanto el juicio de Anne Bonny como el de Mary Read fueron pospuestos porque ambas estaban embarazadas del bueno de Jack. Lo dicho, un tipo con suerte. 
- ¡¿Cómo te atreves a exigirme nada?! Exclamó el llamativo pirata. 
- Necesito que me lleves a Boston, entonces te diré donde está exactamente la isla. Tan sólo se encuentra a un par de días de navegación de allí. 
Al escuchar la prepotencia de Rubén, Jack sonrió e iba a contestar algo cuando Anne rompió su silencio. Tenía la mirada de una pantera a punto de saltar sobre su víctima para devorarla. 
- Creo que no has entendido bien tu situación, Conquistador. Empieza a hablar ahora mismo y prometo no ser demasiado cruel contigo, porque de morir no te libras.


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